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POR PRO Magazine Chihuahua

El otro día me topé con Alejandra, quien trabaja en una de las empresas más importantes de México y me platicó que justo esa semana su role model decidió salir de la compañía después de 20 años. Su...

El otro día me topé con Alejandra, quien trabaja en una de las empresas más importantes de México y me platicó que justo esa semana su role model decidió salir de la compañía después de 20 años. Su razón: ya se había cansando de no tener vida personal. Lo único que me decía Alejandra era “que no me haga eso, por favor”… no dejaba de repetirlo. Ella, que a su vez estaba indecisa de seguir con una carrera en la empresa o buscar su independencia, ante esta situación veía más negro el panorama y no encontraba el empuje para seguir. 

Ayer,  en una cena entre amigos, se me acercó Gabriela a decirme lo que muchas amigas me han dicho porque saben que he seguido con mi carrera profesional: “quiero trabajar y no sé cómo empezar después de tantos años”. Este es el común denominador de lo que escucho entre mujeres que han abandonado sus aspiraciones profesionales y dejado de ganar dinero, ya sea por la maternidad o por seguir la carrera de su pareja. 

Por un lado, estas dos historias parecen contradictorias, Alejandra quiere dejar todo lo que ha logrado profesionalmente por una vida más “tranquila” y Gabriela quiere volver a trabajar fuera de casa. “No todo lo que brilla es oro”, suelo decirle a las mujeres con las que trabajo cuando ven el otro lado “mas verde”. 

¿Qué es lo que está pasando? Ahora, como nunca, las mujeres estamos viviendo una oportunidad única en la vida; tenemos carrera, educación superior o igual a la de los hombres, oportunidades laborales que no existían hace 20 años, libertad económica… y además una vida familiar existente. No necesariamente tenemos que elegir entre una y otra, aunque a veces se tienen que hacer cosas extraordinarias para poder conciliar ambas facetas. Todo esto nos ha llevado a que queramos todavía más. 

La mujer de hoy no solo busca trabajar fuera de casa, también quiere ser exitosa, reconocida y valorada; quiere viajar, ser mamá presente, tener una pareja que la apoye, estudiar, competir, participar, tener salud, tener una vida social y estar en la toma de decisiones importantes que afectan su vida, comunidad, empresa o familia. 

Todo esto es bueno… demasiado bueno, pues el que la mujer participe en la vida pública de manera más activa, nos llevará a tener una sociedad más justa, humana e inclusiva. La mujer aporta la visión del otro 50% de la población, lo cual representa una ventaja competitiva para las empresas, gobiernos, asociaciones civiles y al final para todos.  

El que la mujer tenga tantas opciones es porque existe todo un cambio cultural donde se le reconoce, apoya y anima para que tenga un rol activo, desde que es  niña. Ahora las escuelas tienen los mismos programas de emprendimiento, tecnología y deportes para ambos sexos, por mencionar un ejemplo. En las casas, los niños ven a ambos padres trabajar y proveer, lo que asegura a la mujer mejores oportunidades en un futuro. 

Hace un par de semanas estuve trabajando con un cliente hombre, quien lleva en su empresa un programa de inclusión femenina. Él es un apasionado de la mujer y de apoyarla para que crezca. Es tanto su esfuerzo, que hasta me decía que la gente veía “raro” el hecho de que un hombre apoyará todas estas nuevas iniciativas, pero está consciente de que esto es parte de una nueva cultura en nuestra sociedad. 

Para que  exista un cambio cultural profundo se requiere que la mujer tenga poder de decisión en los tres rubros que más le afectan; relaciones personales, trabajo y política. Si en estas tres áreas las mujeres somos más proactivas, los cambios serán más rápidos y reales. 

Relaciones personales

En las relaciones, veo a parejas más equitativas donde ambos se apoyan y animan para tener vida profesional. Por ejemplo, según la lista Expansión de las  mujeres más poderosas de México en el 2014, el 72% están casadas, hoy en el 2016 representan el 68%, desafiando una creencia de que las mujeres exitosas están solas en su mayoría. El cómo se maneja una mujer en su vida personal, la llevará a la vida pública, por eso es tan importante que aquí se den los cambios de mentalidad, igualdad y apoyo. 

Las  mujeres más poderosas de México en el 2014, el 72% están casadas, hoy en el 2016 representan el 68%, desafiando una creencia de que las mujeres exitosas están solas en su mayoría.

Trabajo

En el mundo laboral vamos a medio camino, mientras que en puestos de primer ingreso la participación es prácticamente igual entre hombres y mujeres, ya en puestos directivos o de primer nivel encontramos diferencias muy marcadas. En las universidades y posgrados hay más mujeres estudiando, pero a la hora de ver las estadísticas en la fuerza laboral llega a un promedio de 52% en Latinoamérica.

Lamentablemente esto no se mantiene en los puestos clave; en los consejos de administración, las mujeres representan en promedio el 5.2%. En cuanto a puestos directivos: solo el 4% de los CEOs son mujeres, mientras que las CFOs representan apenas un 14%. A la hora de entrar en las empresas los números son muy parejos entre hombre y mujeres, pero cuando van escalando puestos la diferencia se vuelve más grande. 

Política

En política hemos avanzado y mucho, esto se ha debido a los cambios de ley que exigen que el 50% de las candidaturas sean de un sexo. Según The Global Gender Gap Report del 2013, en México la mujer representa el 37% de los escaños en el Congreso, sin embargo en otros puestos de gobierno baja a 21%, actualmente de los 32 estados de la República y solo tenemos a una mujer gobernadora en el país.  

Entonces ahora, ¿qué hacemos?, ¿cómo logra la mujer para poder hacer todo lo que  quiere? ¿Cómo conseguir que Alejandra no se salga de trabajar, pero que a la vez pueda seguir su desarrollo personal y que Gabriela pueda comenzar a ejercer y tener una vida balanceada, para que no tener que elegir entre una y otra cosa? Necesitamos mucho trabajo de las mismas mujeres para crear el mundo laboral que necesitamos y queremos. También gran parte está en manos de quienes dirigen, ya sea en la empresa o en el gobierno, se requieren programas oficiales y cuotas, si es necesario, para que se dé el cambio.

Recuerdo algo que leí hace tiempo de una política mexicana, quien decía que en México las mujeres educadas y preparadas no pueden darse el lujo de quedarse en casa y solo velar por sus intereses y los de sus seres queridos. Estás mujeres somos las que debemos salir de nuestro hogar a aportar; no tiene que ser en una empresa o trabajo pagado, podemos participar de alguna manera creando oportunidades laborales para otras menos favorecidas, participando en voluntariados, en la escuela de los hijos, en los organismos de gobierno, etc. 

La pregunta del millón, ¿por qué hay tan pocas mujeres emprendedoras o directoras en las empresas? Según Entrepreneur, el 2% de los emprendedores son mujeres y de cada 100 empresarios, solo 16% son mujeres. ¿Es por la cultura existente o porque las mujeres no están dispuestas a lo que conlleva? Cada quien puede hablar según su historia y experiencia, pero es un hecho que se requieren esfuerzos de las dos partes.  

Según el libro No Excuses de Gloria Feldt, las mujeres con mayor preparación educativa están decidiendo no tomar el riesgo y no llegar a las “sillas altas” en las empresas porque pueden darse el lujo de no trabajar. Estas mujeres pueden decidir quedarse en casa mientras que la mayoría no tiene opción, sin embargo como resultado las empresas se están quedando sin ese talento femenino indispensable para lograr los cambios que tanto requerimos y deseamos. 

Las mujeres necesitamos participar más, levantar la mano y proponer en todos los ámbitos. Esta es la única manera de que la cultura vaya cambiando y así no tendremos que elegir entre el desarrollo personal y profesional. Los estereotipos y tabúes del papel de la mujer se rompen a partir de mostrar todo lo que somos capaces y no escondiéndonos detrás de prejuicios que otros nos inventaron. 

Las generaciones jóvenes de mujeres no se ven distintas, no se cuestionan si son mujeres a la hora de entrar a trabajar, simplemente se ven como personas capaces igual que sus compañeros. A ellas son a las que tenemos que apoyar con políticas para seguir creciendo y que con los años no se topen con prejuicios. Por otro lado, también se requiere de un apoyo importante en casa para saber que puede lograr todo lo que quiera y se proponga.

Los hombres juegan un rol vital en este cambio, pues el apoyar a la mujer y crear programas de inclusión no es solo tema de ellas, todos somos responsables; desde que educamos a nuestros hijos, a la hora de entrevistar a alguien para un puesto, cuando le damos la opción a una mamá de un horario flexible, etc. 

¿Cómo sí?, ¿cómo sí trabajar, emprender, participar, llevar una vida en balance y sobretodo abrir camino a otras mujeres que como nosotros quieren tener una vida plena? 

Tips básicos que me han ayudado mucho para seguir creciendo en mi vida profesional y personal: 

•Pensamiento estratégico

Qué quiero, a dónde voy y cómo planearlo. 

•Claridad

 Conocerme, definirme y ver objetivamente lo que soy y lo que tengo. 

•Equilibrio

Buscar apoyo en casa, dejarme ayudar, proponer en la empresa esquemas que me funcionen y repartir la carga con mi familia. 

•Conocimiento

Prepararme en el área que quiero desarrollar y lograr tener una ventaja competitiva.

•Comunicación

Expresar quién eres y transmitir tu marca personal. Decir tus necesidades y roponer cambios. 

Todos estos tips no son solo para la empresa, sino también para la vida personal. Estas acciones propositivas y proactivas, te van ayudando a reafirmar como sí se puede eso que más quieres. En cuanto más nos conozcamos, sepamos qué queremos y requiramos apoyo, vamos a poder realizar lo que buscamos; ya sea emprender un negocio, seguir en la empresa y tener esa vida personal que tanto anhelamos.

 

 

 

 




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