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POR Lilia Martínez

Sin duda, uno de los factores que sigue marcando nuestro momento histórico, es el continuo y sorprendente avance tecnológico.  Día a día emergen inventos, productos y servicios diseñados para...

Sin duda, uno de los factores que sigue marcando nuestro momento histórico, es el continuo y sorprendente avance tecnológico.  Día a día emergen inventos, productos y servicios diseñados para facilitarnos el transitar por la vida y hacernos sentir muy felices gracias a la satisfacción -cada vez más sencilla- de nuestras necesidades; claro, ante ello, nuestro cerebro responde, en realidad, se ilusiona. 

Sí, el cerebro es tremendamente eficaz, pero, tiene su parte vulnerable, se puede ver envuelto en la “ilusión de omnipotencia”, algunos ejemplos:

  • Ilusión de muchos y grandes amigos por contar con amplias redes sociales.
  • Creencia de una vida perfecta por la publicación constante y producida de tu muro.
  • Sensación de buena crianza por que tu hijo está metido en el celular y te deja disfrutar –mientras no le quites el aparato- tus encuentros sociales.
  • Idea de que el adolescente está aburrido porque es propio de su edad, no por su falta de creatividad o curiosidad.
  • Considerar que un universitario o profesionista es experto sólo porque hace una presentación impresionante.
  • Presunción de que todo, incluyendo una relación íntima, se puede resolver, darse o sostenerse mediante una aplicación o un chat.
  • Ilusión de ser felices por tener una casa de revista (y los estados de cuenta saturados).
  • Fantasía de ampliar tu panorama en un viaje o evento, sólo por tomarte “la foto obligada en el sitio obligado”.
  • Idea que un coche a alta velocidad, es resistente a un accidente por su tecnología.

Podríamos continuar con la lista, que desde experimentos de las neurociencias se sabe que nuestro cerebro puede caer, pero no quiero sonar anticuada, coincido en que la tecnología es fascinante, hay que aprovecharla y desarrollarla; yo sólo quiero compartir otro ángulo de la misma.

Para concluir, solo mencionaré que toda ilusión está condenada a la desilusión, y eso generalmente se vive en lo más íntimo, en soledad.  Por eso, mi participación se reduce en esta pregunta: ¿cuál es la justa dosis de tecnología para no caer en la desilusión?

 

 

 




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