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POR Salvador Tobías

Alejandro Sojo, quien fue uno de los doctores más reconocidos y queridos de nuestra ciudad, estudió la especialidad en Ginecología y contaba con una maestría en Administración de Instituciones de la Salud.

Se desarrolló profesionalmente al terminar la carrera en el Hospital General, donde conoció a su mentor, el doctor Torres, con quien tiempo después abrió su clínica “Atención Médica Integral”, laborando ahí por varios años hasta ser invitado a formar parte del Hospital Ángeles de León, donde tuvo su propio consultorio.

Alejandro es recordado por el trato cálido y amable que siempre tuvo hacia todos sus pacientes y por el profesionalismo con el que siempre trabajó.

Tuvimos la oportunidad de tener una entrevista con sus hijos para poder conocer más de uno de los personajes leoneses que serán recordados por siempre con cariño.

Muchas gracias por la entrevista, ¿cuál consideran que fue el reto más grande al que se enfrentó su papá durante su carrera y cómo lo logró vencer?

Puesto que su profesión lo exponía a ser una persona pública, tenía que ser congruente con su vida personal y su profesión. En mi punto de vista, el desafío más grande que tuvo fue construir y llevar su nombre hasta lo más alto, algo que no es fácil de lograr. Esto lo alcanzó siendo congruente en su forma de vivir, siendo el mejor en lo que hacía, realizando absolutamente todo con entusiasmo y sobre todo, desinteresadamente. 

¿Cuál consideran que fue el logro más grande que obtuvo?

Hablando de logros, creo que no fue algo material o tangible. Su mayor logro fue que vivió como quiso y gracias a ello dejó un huella impresionante no sólo en sus hijos y en su familia, sino en cada una de las personas con las que tuvo contacto a lo largo de su vida. A mi parecer no hay algo que pueda superar eso, porque a final de cuentas a eso venimos a este mundo y son pocas las personas que logran dejar huella.

¿Qué fue lo que lo llevó a alcanzar el éxito que tuvo y ser uno de los doctores más reconocidos de la ciudad?

Él fue construyendo su carrera, desde que comenzó sus estudios lo hizo con entusiasmo y esfuerzo. Me acuerdo que siempre me platicaba que cuando realizó su servicio social se iba a donde nadie quería ir y era en esos lugares en los que aprendía más y podía ayudar a más personas.  Ahí está la clave de su éxito, hizo todo como si no hubiera un mañana y siempre pensaba en los demás.

¿Qué significaban sus pacientes para él?

Él no las veía como un número más, se sabía el nombre de cada una de sus pacientes y no nada más eso, se sabía su historia. El trato que les daba inspiraba confianza y a sentirse que estaban con un amigo, no sólo con su doctor. Esto las llevaba a platicar, llorar, reír y hasta a gritar con él, por eso muchas veces las consultas duraban dos horas.

Esto lo sé, porque antes y después de su muerte muchas personas se han acercado a mí a contarme anécdotas y más de una me ha dicho, “¡es que era como mi psicólogo!”

¿Cuál es el legado que dejó a sus hijos?

Tanto mi papá como mi mamá, tenían valores y actitudes hacia la vida similares. Ese es el legado espiritual y moral que nos dejaron, además de una huella que no se borrará nunca. Ellos nos han dejado un ejemplo de vida, una aspiración a poder algún día ser la persona que ellos lograron ser.

“Su filosofía siempre fue hacer todo, desde lo más pequeño hasta lo más importante, lo mejor que se pudiera y siempre al máximo. Esa filosofía la aplicaba en el deporte, lo profesional, el amor y con su familia y sus amigos.”




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