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POR Max Navarro

Nunca antes en la historia de la humanidad, la arquitectura, como producto cultural de una época, había estado tan perturbada como en las últimas dos décadas.

Hoy es presa de las tremendas bocanadas de dinero de algunas corporaciones y países; se ha vuelto un espectáculo mediático apoyado por factores como las megalópolis, la soberbia y la inseguridad. Pero en contrapartida, aún subsiste la arquitectura que sigue inspirando los más altos anhelos del hombre, ligados a la reflexión y al espíritu.

En este siglo XXI, destaca una corriente arquitectónica a nivel mundial que la ha convertido en un verdadero espectáculo, se llama “deconstructivismo”.

El deconstructivismo es un movimiento arquitectónico que nació a finales de la década de 1980. Se caracteriza por la fragmentación del pensamiento, es un proceso de diseño no lineal, manifiesta un interés por la manipulación de las ideas de la superficie de las estructuras y por la geometría no euclidiana.

Los diseñadores iconos de este movimiento son Daniel Libeskind, Zaha Hadid y Rem Koolhas. Ellos han estructurado una tortuosa teoría para respaldar filosóficamente sus propuestas, algunas de ellas verdaderamente aberrantes.

Habrá que reconocerles una cosa, como ejercicio intelectual, han recorrido la frontera del conocimiento teorizando sobre la dialéctica de la presencia y la ausencia de la materia, retando a las leyes de la gravedad.

Para crear espacios deconstructivistas necesita usted sólo dos cosas:

1. Un pensamiento ligado al filósofo Jacques Derrida, padre de esta postura filosófica, el cual llama a su filosofía Deconstrucción, derivado del termino alemán Destruktion.

2. Dinero, mucho dinero, la arquitectura deconstructivista es un producto sólo para los países y las corporaciones ricas.                                                                   

No es aventurado apostar que esas grandes inversiones descomunales construyendo en la frontera de lo posible, en pocas décadas serán basura. Lo que realmente trascenderá serán aquellas obras que han logrado sensibilizar el espíritu humano, pero veamos algunas obras multicelebradas de estos tres arquitectos.

En contraparte, las obras arquitectónicas que han marcado cambios significativos en la historia de la humanidad han sido producto de cambios en la forma de  estructurar el pensamiento tradicional de ese momento; la innovación tecnológica es otro factor que incide para resolver problemas constructivos y que liberan posibilidades técnicas para resolver con formas nuevas  los retos de espacio requeridos por el hombre, pero sin duda el factor de mayor incidencia en los cambios cualitativos de la arquitectura, es y ha sido el espíritu, el anhelo de expresar de manera física lo que el alma no puede materializar.

En África existe una ciudad llamada Djenne, en Mali, donde esa sociedad ha desarrollado un hábitat de una armonía admirable, la arquitectura atiende sus necesidades físicas, con un entorno económico muy limitado pero en donde el espíritu ha sido el camino a seguir. Han creado una comunidad urbanística y arquitectónica única en el planeta, con barro, madera y trabajo han construido un monumento a lo que el ser humano es capaz de crear cuando hay armonía y dedicación.

Ahora la Unesco los ha declarado patrimonio de la humanidad. Djenne nos ha recordado algo que fácilmente olvidamos… las cosas trascendentes, poco tienen que ver con el dinero.

 

 

 




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