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POR Silvia Vega

Lo primero que hay que entender es que el emprendimiento no sólo se refiere a la capacidad de una persona o grupo de personas para desarrollar un negocio, empresa, proyecto.

El emprendimiento, como su definición básica lo indica, es “estar dispuesto a tomar riesgos relacionados con el tiempo, el dinero y el trabajo duro”; otra definición es “iniciar una actividad que exige esfuerzo y tiene cierta importancia para quien lo realiza”.

Entonces… ¿qué es el autoemprendimiento? y ¿por qué será importante considerarlo como una alternativa primordial cuando queremos crecer? 

¿Cuántas veces hemos escuchado la frase “el cambio inicia con uno mismo”?, ¿cuántas veces hemos visto cómo con un cambio mínimo en mi actitud cambio todo un ambiente laboral?, ¿cuántas veces le hemos dicho a nuestros colaboradores “no te fijes en tu compañero, no te compares, haz tu mejor esfuerzo y serás recompensado”? Espero que muchas y si no, he aquí varios tips para empezar el hábito del autoemprendimiento, término que para serles honesta acabo de crear para explicar cómo si cada uno de nosotros, no somos conscientes de lo que somos, hacemos y queremos no podremos (por más que lo intentemos) hacer que otros u otras cosas crezcan, florezcan o emprendan. 

Es importante mencionar, que toda esta filosofía del autoemprendimiento se basa en el Coaching Ontológico de Rafael Echeverría. Dicha filosofía nos muestra la capacidad que tiene la palabra para transformar realidades y su impacto en el mundo de todo aquel que se responsabiliza de sus actos, es protagonista de su vida y no deja en los demás la posibilidad de que alteren sus circunstancias: esto para mí es el autoemprendimiento.  

Esa cualidad de saber que yo soy dueño de lo que quiero y que puedo lograrlo. Muchos lo conocemos como actitud positiva, como proactividad… y sí en efecto… la única distinción que yo haría es que a veces esa actitud positiva es pasajera si no le encontramos el verdadero significado a las cosas que hacemos: ¿por qué hago lo que hago?, ¿quiero hacer lo que hago o simplemente es una costumbre a lo que siempre he hecho o me han dicho que debo hacer?, ¿cuántas veces nos hemos cuestionado si lo que hoy hacemos laboralmente es lo que realmente estábamos destinados a hacer? Esto es autoaprendizaje y el emprendimiento de cualquier tipo empieza siempre entendiendo que no lo sé todo y muchas veces ni siquiera sé que no lo sé.

¿Qué es aprendizaje? Todos diríamos conocer, entender, comprender algo nuevo, es decir, que pasa con nuestro conocimiento propio. Más fácil… ¿cuánto invertimos en conocer a nuestros clientes y a nuestros colaboradores? Es muy común que encontremos artículos, libros, conferencias y demás temas intelectuales que nos dicen que lo más rentable es conocer a quien le vendo y con quien trabajo ¿cierto?… bueno y, ¿cuando los conocemos y no funcionan las cosa?, cuando siguen los conflictos, cuando no vendo, cuando no crezco… también hay autores que nos dicen (y cada vez son más) “no te enfoques afuera, primero arregla lo que tienes bajo control, tu empresa”… este concepto vuelve a confirmar que el autoemprendimiento es la primera piedra para el crecimiento empresarial. Tengo que conocer mis fortalezas, tengo que saber qué quiero, con quién, para qué, por qué y enseguida ver la manera de conseguirlo. No obstante, el ser humildes es una cualidad indispensable en cualquier emprendedor: aceptar que no estoy preparado y tengo que hacerlo antes de lanzarme, aceptar que debo cambiar aquello que no me funciona, aceptar que puedo ser yo quien genera la mala “vibra”, aceptar que puedo ser yo quien atrae con mis pensamientos negativos todo lo que no funciona en mi vida o qué, ¿a poco somos de los que pensamos que la vida o el universo sólo esta viendo cómo la pasemos mal? No, ¿verdad?… (espero). 

Emprender significa arriesgar, significa querer hacer lo que muchos dicen imposible. Es no quejarse ni quedarse estancado con lo que no funciona; cuestionar los modelos mentales y paradigmas que día a día se nos imponen… pero principalmente cuestionar los míos, arriesgarme a conocerme a mí y cambiar lo que no funciona, hacer lo que YO quiero y en los términos que YO decido y lo más importante: ser el protagonista de mi vida, no dejar que otros decidan, llegar hasta donde yo quiero y ser quien yo deseo… siempre aceptando las consecuencias, decidiendo, renunciando a lo que no me conviene y siendo muy pero muy feliz.

Ah, ¿y el marketing?: bueno pues a veces hay que primero crear el producto (y un muy buen producto), para después venderlo. Si no lo entendimos: nosotros somos nuestro propio producto, nuestra vida y cómo la vivamos es el marketing que cada uno decide ser y dar a conocer. 




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