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POR Salvador Tobías

Edgar Barroso es sin duda uno de los personajes que están transformando a nuestro país. Egresado de la carrera de Música de la Universidad de Guanajuato y con un doctorado en Harvard, ha logrado implement...

Edgar Barroso es sin duda uno de los personajes que están transformando a nuestro país. Egresado de la carrera de Música de la Universidad de Guanajuato y con un doctorado en Harvard, ha logrado implementar proyectos sociales que han beneficiado y cambiado la vida de miles de mexicanos. Tuvimos la oportunidad de conocerlo y platicar para saber más de su historia.

Hola Edgar, sabemos que estudiaste Música en la Universidad de Guanajuato, ¿de dónde es que nace tu interés por dedicarte a esta carrera?

Desde que tengo uso de memoria tengo una relación muy profunda con el sonido. Cuando era niño jugaba a "escuchar", y tuve la suerte de tener un hermano siete años mayor que yo, por lo que en lugar de crecer con música de "Barney", crecí escuchando Pink Floyd, Deep Purple, Led Zeppelin, entre otros. Desde muy pequeño me fascinó cómo la música me podía afectar a nivel emocional tan profundamente. 

Después, como a los once años, mi entrenador de tenis, Carlos Góngora, me introdujo a la música clásica, específicamente con Beethoven y su sexta sinfonía. En la música clásica encontré algo distinto que en el rock. Me hablaba de mil formas, cada vez que escuchaba una obra descubría cosas nuevas y podía escuchar música por cuatro o cinco horas sin parar. Me conmovía, me parecía una intriga, y varias preguntas comenzaron a surgir: ¿cómo?, ¿cómo se hace está música maravillosa?, ¿cómo creas estos momentos mágicos que suspenden el tiempo y que nos hace sentir, empatizar y regular tantas emociones?

Así que empecé a tocar guitarra, a aprender un poco de teoría musical y desde ahí nunca pude dejar de pensar en cómo se construye la música, el sentido musical y el papel del sonido en nuestras vidas. Desde ahí supe que tenía que dedicar mi vida a entender -en la medida de mis posibilidades- cómo funcionaba la música. Nunca quise ser intérprete y estar en el escenario, mi conexión con la música es muy íntima, sucede en mi escritorio, cuando estoy solo con mis notas y mis sonidos que imagino en mi cabeza y que saco a pasear cuando compongo. 

¿Cómo te desarrollaste profesionalmente al terminar la carrera?

Poco antes de salir de la universidad mi confianza creativa estaba empezando a nacer. Gracias a maestros como Héctor Quintanar y Ramón Montes de Oca -que en paz descansen- y posteriormente con José Luis Castillo y José Suárez que me impulsaron siempre para que empezara a componer mis propias obras y las mandara a concursos y festivales. 

Fui seleccionado en un par de festivales en la Ciudad de México y salí de Guanajuato a mostrar mi trabajo con buena recepción tanto de los músicos como del público en foros especializados en Música Nueva. Después esas selecciones empezaron a crecer geográficamente a Europa, donde empecé a ver que mi música tenía más posibilidades de encontrar un público y sobre todo encontrar maestros que pudieran enseñarme más sobre composición. 

En 2004 me mudé a Barcelona, en donde aprendí a componer música electroacústica y a programar software propio para mis obras. Esto fue un parteaguas en mi carrera: poder combinar mi educación musical con tecnología fue algo que cambiaría para siempre mi vida. En este tiempo, pude dedicarme a componer y estudiar de manera profunda y muy intensa, poco a poco mi música tuvo más empuje. Ya no era nada más tocado regularmente en salas de concierto en Europa, sino a ganar concursos de composición internacionales en Rusia, Alemania, España, entre otros países, y eso me permitió viajar mucho y sobre todo aprender de las personas maravillosas que conocí en esos lugares. 

En uno de esos conciertos que tuve en Berlín, conocí al compositor Hans Tutschku, y quedé maravillado por su música, lo único que podía pensar era: "Tengo que estudiar con él".  Resulta que Hans era profesor de composición en Harvard. Al final del concierto platicamos un poco, me dijo que le había gustado mucho mi música y que me iba a pasar una convocatoria para un concurso en Harvard que él organizaba. Un maestro en Barcelona (Andrés Lewin-Richter) ya me había hablado de este concurso, así que mandé mi música al concurso internacional y gané el primer lugar. 

Ahí, Hans me dijo que mi trabajo tenía mucho potencial y que debería de aplicar al doctorado para estudiar con él. Me dijo que había en promedio 250 aplicaciones de todo el mundo y que ese año sólo iban a aceptar a un alumno.  Así que no me garantizaba nada, pero que valdría la pena aplicar de cualquier modo. Apliqué y salí seleccionado para iniciar el doctorado en 2007. Ahí tuve la oportunidad de expandir muchísimo mis intereses diversos dentro y fuera de la música. Me gradué del doctorado en 2014 y ahora vivo entre Suiza y México donde combino mis distintos intereses de composición musical, educación, emprendimiento (social y público), desarrollo de tecnología y la creación de oportunidades para todos a través del arte, ciencia y tecnología en las que creo profundamente para la transformación de la sociedad. 

¿Qué es lo que más disfrutas de ser compositor?

Esta pregunta es muy fácil. Lo que más amo de componer es el acto de la composición. Es decir, estar en mi escritorio sacando a pasear a mis sonidos, entendiendo qué es lo que quieren hacer y encontrando formas de interacción con el intérprete, el escucha y al final, sólo al final, que este comportamiento refleje honestamente quién soy. Sin pretensiones.

¿Cuál podrías decir que ha sido el principal logro que has obtenido como compositor?

Hay dos niveles. A nivel personal es haber tenido el privilegio de poder estudiar la música profundamente. Esa ha sido una gran bendición porque estoy consciente de que muchos colegas no pudieron hacer lo mismo por distintas razones, muchos de ellos por estigmas que existen sobre la precariedad económica de estudiar música. Lo considero un gran triunfo y ahora me toca ayudar a jóvenes a poder estudiar la música muy profundamente. 

 A nivel profesional, quizá haber ganado el concurso de composición internacional "Jurgenson" en el conservatorio de Moscú, haber sido aceptado en el doctorado en Harvard y haber podido grabar un disco con algunos de los ensambles más importantes del mundo de música nueva. Hoy en día me honra mucho ser miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte de México.  

Un logro más allá de lo tradicional es haber podido conectar mi música con el mundo, y ver que hay tantas posibilidades de colaboración con personas maravillosas de tantas disciplinas y sectores para poder mejorar -por ejemplo- la educación, el emprendimiento y el acceso a oportunidades para los demás. Por eso no te dan un premio tangible, pero poder trabajar en colaboración con tanta gente maravillosa es sin duda un gran logro, un premio que trasciende la concepción tradicional de éxito.   

¿Cuántas piezas has creado hasta la fecha?

Nunca las he contado, pero debo de tener un catálogo de entre 50 y 60 obras. 

¿Tienes alguna que consideres tu favorita?

Todas tenían que existir. Cada pieza es como un tatuaje intelectual y emocional en mi vida. Me recuerdan quien fui, y quien quiero ser, por lo que aunque algunas obras me "caen mejor que otras", todas son parte de mí.

¿Qué significa la música para ti?

Para mi la música es todo. Es mi forma de entender el mundo, mi terapia psicológica, mi gimnasio mental, mi refugio creativo y es sobre todo una representación de lo que es valioso para el ser humano. La música puede ser vista como ciencia, tecnología, física, pero también puede ser vista como emoción y con un alto grado de subjetividad. Puede ser analizada como un fenómeno social, económico, político y últimamente incluso nos ayuda a entender más sobre neurociencia, capacidades cognitivas, creatividad, educación, etc. Para mí la música es esa intersección que hace la vida más interesante y más hermosa al mismo tiempo. Sin música el mundo sería otro.

Es la forma en la que me conecto con algo muy profundo que no se puede expresar con palabras. Algo muy humano. Siempre digo que lo más difícil y hermoso que hago en el mundo es escribir música. 

Además de la composición, como nos mencionaste anteriormente, participas en otros proyectos, ¿en cuáles estás involucrado?

Tengo una vida muy rara, que no es fácil de explicar hoy en día. Por un lado, soy compositor, escribo música contemporánea y últimamente para cine. Además, soy director del Laboratorio de Emprendimiento y Transformación Pública de la Escuela de Gobierno del Tecnológico de Monterrey. Tengo mi empresa de desarrollo de software enfocado a tecnología cívica y otra de conservación de historias de vida. Hago además arquitectura de innovación para universidades, empresas y gobierno. Estoy diseñando un modelo educativo para una escuela de Monterrey y la última locura es que soy conductor de televisión para una serie documental de Canal 11. A eso agrégale que vivo la mitad del año en Suiza y la otra en México.  

Cómo puedes ver mi vida es muy curiosa, mi esposa y mis amigos ya no saben cómo presentarme, pero a mí no me causa ningún conflicto. Hay una cosa que es constante: la creación. Mientras mi trabajo conlleve creatividad, es decir la oportunidad de crear "cosas" que deberían de existir para mejorar la vida de las personas o simplemente por su belleza, entonces yo estoy feliz en esta vida.  

¿Por qué la música es una manera de unir a las personas e involucrarlas en proyectos sociales?

Mi tesis de doctorado gira entorno a la colaboración transdisciplinaria con fines de creación musical. Creo firmemente en la unión de talentos diversos para resolver algunos de los retos más importantes de nuestro tiempo. Una de las actividades que más hago es encontrar talento y unirlo con un propósito. Me gusta crear sistemas de interacción humana que funcionen para crear valor a los demás. 

No puedo imaginar el mundo -y en particular México, donde existe tanta desigualdad- sin que nos preguntemos cómo podemos ayudar a las personas que no han tenido acceso a oportunidades para mejorar su vida. Me interesa contribuir a cambiar lo que es obvio e incluso vergonzoso de nuestro país: la desigualdad entre las personas. Es una gran deuda de Latinoamérica que la mitad de nuestra población no tiene acceso a oportunidades para vivir una vida digna y en paz. 

Creo además que vivimos tiempos únicos, en los cuales la tecnología puede ayudarnos a llevar oportunidades para todos. Y por eso me emociona contribuir en tecnología cívica que pueda afectar lo público. Junto con varios amigos y colegas, llevamos años  impulsando iniciativas que involucren oficios digitales, educación en línea, educación para la creatividad, colaboración transdisciplinaria y el diseño de sistemas sociales justos, inclusivos y tolerantes. Pero como te podrás imaginar no es fácil combatir la inercia de décadas de injusticia.

¿Qué programas has logrado llevar acabo como director del Laboratorio de Emprendimiento y Transformación Pública de la Escuela de Gobierno del Tecnológico de Monterrey?

Ahora mismo tenemos cuatro programas. El primero es "MECATE" un encuentro de emprendimiento público global donde traemos a México emprendedores de todo el mundo a desarrollar y trabajar juntos con emprendedores o desarrolladores mexicanos. El aprendizaje de estas semanas es inmenso, pero todavía más relevante son los lazos que surgen para la construcción de comunidades de personas que quieren contribuir a la transformación de las sociedades en el mundo. 

Siguiendo esta idea de comunidad, tenemos el segundo programa que es la Sociedad de Emprendedores Públicos, que son emprendedores que operan en México. Con ellos trabajamos durante 8 meses apoyándolos quirúrgicamente, es decir, nos diferenciamos de las típicas aceleradoras porque nosotros trabajamos de la mano de cada emprendedor en lugar de imponerle un programa estandarizado para todos los emprendimientos. Esto ha funcionado muy bien, porque hacemos un proceso más artesanal y a la medida de las necesidades de los emprendedores. 

El tercero, "Las Ágoras de LET", que son espacios para crear comunidades por temáticas específicas (acceso a agua, artesanías, etc.) para que los distintos actores puedan comunicarse y crear frentes más fuertes para luchar por sus causas. 

Y finalmente tenemos "Futuro", que es un programa para estudiantes de licenciaturas e ingenierías del Tecnológico de Monterrey en dónde los actualizamos en los cambios tecnológicos que vendrán en los próximos años y los ayudamos a pensar en cómo utilizar esas tecnologías para sus emprendimientos. Este programa apenas va a arrancar este año.

Platícanos acerca de tu proyecto “Manos al Sonido”.

Manos al sonido es un proyecto que trata de acercar a jóvenes que viven en situación de riesgo o en zonas marginadas a las tecnologías relacionadas con el sonido. Así que vamos a comunidades, les enseñamos a producir y grabar sonidos de películas y en el proceso les enseñamos a editar sonidos y video. 

Funciona así: los jóvenes escogen un fragmento de una película, después analizamos los sonido que tiene, los reproducimos y grabamos y posteriormente sustituimos los sonidos originales de la película con los que nosotros grabamos. 

La idea es hacer una base de datos de sonidos producidos por todos los chicos y vender las licencias de bancos de sonidos para películas. La industria es muy grande porque todas las películas utilizan este tipo de sonidos. Una buena licencia de sonidos puede costar $12,000 USD, pero lo más importante es que les abres un mundo laboral a los jóvenes que tiene que ver con industrias creativas del siglo XXI, y les da un mejor panorama de futuro para sus vidas.

¿Cómo logras combinar exitosamente tus actividades como compositor con el puesto de director y la ejecución de programas de desarrollo social?

Buena pregunta, aunque la respuesta es muy obvia: las personas con las que trabajo son maravillosas. Nunca me alcanzarán las palabras de agradecimiento a mis colaboradores. Sólo así podemos hacer tanto. Cuando creas confianza con tu equipo, entonces muchas cosas suceden. Soy muy afortunado de trabajar con mis equipos. 

¿Qué es lo que sigue para Edgar Barroso en el corto plazo?

Me gustaría consolidar más mis equipos y formar nuevas alianzas, es decir, encontrar más personas que quieran sumarse a los proyectos en los que trabajamos para lograr transformar más y más vidas. También quisiera generar más espacios creativos para mí y mis colaboradores, ayudar a más jóvenes a crecer personal y profesionalmente. 

También quiero defender más mis espacios familiares, quiero pasar más tiempo primero con mi esposa y luego mi familia y amigos. 

Estando en Suiza, ¿cómo le haces para implementar programas en nuestro país?

Vivimos en un mundo globalizado. Para mí, viajar y conocer otras culturas es vital. Saber que no hay una sola forma de hacer las cosas me parece pedagógico y liberador al mismo tiempo. 

Suiza es mi refugio emocional, intelectual y creativo. En Suiza estudio, leo, compongo, diseño, escribo y reflexiono. Es un país maravilloso para estas actividades, además aprendo mucho, por ejemplo, el valor que le dan a lo bien hecho, a la excelencia y además el tremendo respeto que hay por el otro. Tengo varias historias y anécdotas de mi tiempo viviendo en Suiza que les llamo "Momentos Helvéticos", situaciones increíbles que creo que sólo pasan en Suiza. Es un país muy peculiar pero que he aprendido a respetar y querer. Además, mi hogar es donde esté Ulla. 

Habiendo dicho esto, mi corazón está en México. Es el país en el que crecí, del que me siento orgulloso y en el que vive mi familia y amigos. Eso nunca lo voy a olvidar. Tengo un tremendo agradecimiento a México. Es un país con tremendos retos pero también grandes oportunidades, el problema es que esas oportunidades están destinadas a unos cuantos, y no puedo vivir con eso. 

Mi vocación tiene mucho que ver con tener una mirada diferente, desde afuera, por eso me viene muy bien pasar temporadas fuera del país, porque me dan distancia, perspectiva y sobre todo tiempo para reflexionar. Después, regreso a México a detectar talento, unirlo y crear sistemas que respondan a un proyecto que creo que debería existir. Siempre estaré involucrado en México, necesito la vitalidad de mi país, las sonrisas de nuestra gente, la mirada amable de la mayoría de los mexicanos. Y como ya mencioné, mi hogar es donde está mi esposa, nunca olvido que soy mexicano y "panza verde", eso mantiene mis pies en la tierra y mi corazón en paz. 

 

 

Galería de Fotos - Edgar Barroso // Msica y tecnologa transformando a Mxico




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