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POR Max Navarro

En las ciudades, cuando usted sale de su casa al trabajo, o lleva a sus hijos a la escuela, se queja del tráfico que empeora día a día, pero en realidad no vemos el enorme problema que hay detrás de ello...

En las ciudades, cuando usted sale de su casa al trabajo, o lleva a sus hijos a la escuela, se queja del tráfico que empeora día a día, pero en realidad no vemos el enorme problema que hay detrás de ello, es tan grande y grave que simplemente es invisible, el poder del urbanismo es así, es inmenso y poca gente logra verlo.

Y es que nos afecta no solamente el tráfico cotidiano, ese lo percibimos porque nos incomoda directamente, lo grave son otras cosas que construimos en nuestra ciudad que nos afecta de manera profunda y que nos laceran como sociedad. Cada vez nos queremos separar de nuestros vecinos, de nuestra gente, construyendo cotos o privadas residenciales exclusivas o viviendo en el campo lejos de todos, en el fondo esta inercia que parece deseable porque “es nice y socialmente nos da estatus”, en realidad es una patología del mal urbanismo que tenemos en la ciudad.

Esto no pasa en ciudades como Londres, París, Berlín o Praga, por mencionar algunas ciudades de clase mundial, ahí exis­te una convivencia cercana con los vecinos y con la gente de manera armónica, ir al teatro, de compras o a la plaza, son eventos lúdicos que disfrutan los residentes y los turistas.

Repercusiones del buen urbanismo 

La industria turística premia con billones de dólares cada año a las ciudades que tienen calles y plazas atractivas y limpias, casas bien cuidadas, museos, tiendas y restaurantes seductores e interesantes, esto genera empleos de calidad a miles de familias que tienen la oportunidad de tener una existencia con calidad de vida e ingresos que les permiten educar bien a sus hijos y tener una vejez tranquila.

Si su ciudad no tiene estas cualidades urbanas, usted y los suyos tendrán que vincularse a otra actividad productiva y rentable, usted es una víctima del mal urbanismo y lo padece día a día. 

En cambio, ciudades como Verona, Brujas, Sevilla, San Miguel de Allende, Antigua y Santa Fe por mencionar solo algunas, ofrece a sus jóvenes la oportunidad de convivir con personas de diferentes partes del mundo que los visitan, conocer otras formas de pensamiento y disfrutar de culturas diferentes a través de su gastronomía, arte y música. Estos jóvenes que tienen estas oportunidades de manera natural en sus ciudades de origen, tendrán una mente más abierta a vincularse a otras formas de pensamiento en un mundo globalizado que celebra la evolución de las relaciones humanas en un espacio mundial inimaginado hasta hace pocas décadas.

El diario Inglés The Guardian, de perfil socialista, lamentaba en una reflexión a inicios de 1980, cuando se iniciaba la re­volución tecnológica con satélites y chips que permitirían la intercomunicación mediante telefonía celular, que la forma evidente de diferenciar las clases sociales sería el uso de la telefonía celular. Parecía innegable su afirmación, la clase obrera no podría acceder a estas tecnologías, las clases altas tendrían una herramienta visible para poder evidenciarlo, sin embargo el tiempo tumbó ese paradigma que en esos momentos parecía incuestionable.

Hoy gran parte de la población tiene acceso a la telefonía celular de una manera inimaginable en los años 80 además de tener acceso a aparatos como televisores de alta definición, refrigeradores y hornos de microondas solo por mencionar algunos bienes de consumo que han tenido un gran impacto en la conformación de crear sociedades coherentes.

Hoy lo que realmente separa las clases sociales en las ciudades y exacerba la convivencia, es el mal urbanismo. La calle de su casa y el barrio en donde usted vive determina en gran medida su estatus social.

Esto no pasa en las ciudades de clase mundial, ahí no se separa a la sociedad por ingreso, ni por color de piel ni por creencias, en estas ciudades existe una trama social lo más homogénea posible y celebran que son civilizaciones incluyentes. Esto ayuda a crear sociedades coherentes en donde la convivencia social y las oportunidades de desarrollo personal y familiar son equitativas.

En la escena mundial, entre mayor subdesarrollo tenga un país, más notorias son estas diferencias sociales y esto se lee fácilmente en los barrios de la ciudad, es evidente que el urbanismo subdesarrollado trata de ser clasista, que sea evidente quién es rico y quien es pobre, esto no pasa en Suecia, el país más evolucionado socialmente del planeta.

México posee una tradición urbana de excelencia, reconocida por estudiosos en el mundo, como San Miguel de Allende o San Cristóbal de las Casas, por mencionar un par de ellas, pero lo que hemos hecho en las ultimas seis décadas con todas las ciudades intermedias y grandes de nuestro país, es la negación de esta tradición. Ahí nos empeñamos en separar a la sociedad por ingreso, complicar la movilidad y ahora hemos caído en un problema casi generalizado de inseguridad urbana, en gran medida el responsable de estos males es la pésima planeación urbana de nuestras ciudades.

Las soluciones urbanas están bien claras, hoy sabemos que hacer para mejorar los problemas cotidianos, lo han hecho cientos de ciudades en el mundo. La pregunta es: ¿cuándo queremos iniciar este cambio en nuestras ciudades en beneficio de nuestros hijos y de la sociedad misma?




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