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POR Max Navarro

¿Ha notado usted que las predicciones de crecimiento urbano, el análisis de capacidad vehicular en las avenidas, la demanda futura de agua y muchos otros indicadores urbanos, siempre se quedan cortos?, ¿p...

¿Ha notado usted que las predicciones de crecimiento urbano, el análisis de capacidad vehicular en las avenidas, la demanda futura de agua y muchos otros indicadores urbanos, siempre se quedan cortos?, ¿por qué razón fallan los técnicos, una y otra vez en sus diseños de demandas futuras?

Hay que precisar que no es un problema solamente de México, es un tema recurrente en la planeación urbana en las ciudades del mundo.

La mejor respuesta para entenderlo es comprender que es la demanda inducida… la respuesta que dan los economistas sobre este particular es muy práctica, dicen; entiéndase demanda inducida como “una oferta razonable, que activa una demanda oculta de mercado por la misma naturaleza de la oferta puesta en el mercado abierto”.

Dicho de manera simple, si usted pone en el mercado una oferta de mayor abasto de agua en una colonia, por el simple hecho de tener un producto que antes era inaccesible para la gente, y tenía un alto costo, ya sea trasladándola en cubetas o en pipas, la demanda será mayor a la que realmente existe de manera natural, derivado del acceso al agua. Es la naturaleza de mercado, o más bien dicho, es la naturaleza humana.

No importa si se trate de agua, de una nueva vialidad para la ciudad, la demanda inducida es una respuesta superior a la necesaria, como respuesta a la accesibilidad de manera simple del servicio ofertado.

Pero vea usted el caso contrario. Así como el aumento de la capacidad vial reduce el costo económico así como el menor tiempo del viaje y por lo tanto aumenta la demanda, lo contrario también existe. La disminución de la capacidad vial aumenta el costo de los viajes de manera importante… aumenta el consumo de gasolina y requiere mayor tiempo de traslado, por lo que la demanda se reduce. A esto se le conoce como  “evaporación del tráfico”.

Pasa lo mismo con el agua potable en una ciudad, si se rompe una tubería que abastece a una ciudad, aunque la ciudad tenga almacenamiento real que garantice esa demanda unos días, ésta se reduce automáticamente por el simple hecho de que la población se entera de la disminución en la oferta existente.

La reducción de la demanda vial se ha demostrado con datos duros en una serie de estudios asociados con el cierre de puentes, cuando estos son reparados. Estos estudios han demostrado que el volumen total del tráfico, teniendo en cuenta el puente cerrado, se activan caminos o vías alternas que toman parte de este tráfico, pero el resultado es menor tráfico que el volumen total anterior, simplemente se evapora, en términos reales, una parte del tráfico.

Tal vez uno de los documentos que evidencia la poca probabilidad de que una ampliación de una vialidad reduzca tiempos de viaje, es el estudio de Duranton & Turner de la Universidad de Toronto -la ley fundamental de la congestión vial- en la cual estudia más de 28 casos reales en los Estados Unidos sobre demanda inducida.

No hay un tema más sensible en la opinión de boca a boca de un ciudadano que el tráfico en su ciudad. Es por esta razón por la que los políticos deberían de tener académicos, teóricos y técnicos expertos en movilidad en las ciudades, pero en su lugar tienen a dos personajes que no resuelven las cosas: los Implanes (Institutos municipales de planeación) por un lado y los directores de tránsito tomando decisiones centrales en las medidas de movilidad. Ambos han demostrado su miopía al respecto.

Los Implanes en el país con sus consejeros, que son los que deberían pensar inteligentemente soluciones para su ciudad, son amigos de los políticos en turno, pero carecen de conocimientos urbanos y teóricos al respecto, se apoyan en sus estudios técnicos que mandan hacer para que sus consultores les digan lo que les conviene que les digan. ¿Resultados? Hay que seguir implementando las mismas soluciones que se han hecho en la ciudad en los últimos 20 años… ¿o acaso tienen ideas diferentes?

Los directores de tránsito de la ciudad, tienen la presión del tráfico día a día, no de la movilidad, ésta no les interesa; su tarea es descongestionar de alguna manera la esquina que se ha colapsado en la ciudad en las últimas semanas… ¿Sus soluciones? ¡Semaforizar y mandar más lejos las vueltas izquierdas! con el resultado que vemos día a día: aletargar cada vez más el tráfico en cada punto de la ciudad.

Hay una respuesta a la congestión de tráfico, las ciudades del mundo ya lo hicieron y lo siguen haciendo… que es llevar los costos de la circulación por calles de acuerdo con su valor de mercado. Para esto habría que poner en práctica dos hipótesis, la teoría de la dispersión y la del costo real de la demanda, ambas desconocidas lamentablemente por nuestros actores que toman las decisiones de movilidad en nuestras colapsadas ciudades en México.




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