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POR Rosy D'Amico

Estaba comiendo con una amiga y me platicaba que había ido a Barcelona al cumpleaños de un joven formado en Silicon Valley, el cual en sus veintes había logrado el sueño de ser millonario pero se lamenta...

Estaba comiendo con una amiga y me platicaba que había ido a Barcelona al cumpleaños de un joven formado en Silicon Valley, el cual en sus veintes había logrado el sueño de ser millonario pero se lamentaba: “no sé si esta gente está aquí por mí o por lo que represento. El vacío interno que sentía no se había llenado con la fama, dinero y fortuna.

Las nuevas generaciones vienen con bríos, llenos de tecnología, habilidades, individualismo, dispuestos a hacer la diferencia, rompiendo paradigmas y esa energía que los caracteriza; pero como todos con sus retos. Los milenio, no saben qué significa la vida sin internet, ellos son idealistas, impacientes y en sus prioridades está el prepararse.

Esto hace que logren en poco tiempo cosas que antes sólo se visualizaba poder alcanzarlo a largo plazo. La tendencia a la falta de compromiso hacia una pareja o familia hace más libre la oportunidad de dedicar la energía a crear negocios y vislumbrar a muy corta edad el sueño anhelado.

En mi tiempo como consultora me he topado con 3 retos que deben tomarse en cuenta para que sus metas sean más poderosas al alcanzarlas. Estos son el estrés, el vacío interior y el exceso de broma.

Estos jóvenes toda su vida han vivido al ritmo del estrés, es la paz que ha marcado su camino. Pero como todo ser humano esto tiene un costo físico, emocional y mental que va cobrando factura. El exceso de luz por los aparatos electrónicos como videojuegos, teléfonos, tabletas, computadoras, entre otros, hace que su ciclo circadiano se mueva. La tendencia en vivir en cajas, (casa, cuartos, oficina) hace que el espacio exterior no esté de moda. La sensación continua de no ser suficiente el reto logrado, de querer más, son de los desafíos que está generación tendrá que sortear.

Otro reto es sentirse llenos por dentro, satisfechos, completos, aprender a cerrar ciclos  con maestría y talento. La urgencia de cumplir tantos sueños, miles de actividades, el exceso de individualismo, hace que el músculo de vivir el ahora y lo que sí hay en la vida parezca sin valor, creciendo el estrés y  la frustración de no tener lo anhelado.

Y por último, el exceso de broma en el entorno laboral donde para todo hay que burlarse de la situación o la persona. No es malo divertirse, pero hay que saber en qué momentos hacerlo y más dentro de la corporación, donde el joven empresario, por no ser rígido y buscar ser líder, no sabe poner límites a su equipo, creando en muchas ocasiones un paternalismo de darles lo mejor a su criterio, pero a su vez sin lograr el objetivo que él tiene en mente. Como el formalismo ya no está de moda, todo puede llegar a ser permitido y luego exigir profesionalismo. Esta confusión dentro del entorno laboral crea dudas, baja la calidad del respeto y del liderazgo de las personas que tienen que fungir como autoridades dentro de la empresa.

Para finalizar, si los jóvenes de ahora vencen los retos de su época,  llegarán a ser una gran generación. Con su agilidad y tenacidad sé que aumentará el ritmo de la tecnología y las tendencias, pero si integran a su vida el autoconocimiento, el cerrar ciclos desde la integridad, buscan aprender a conectarse con su entorno, a vivir el presente disfrutando lo que les trajo la vida hoy y utilizando la paciencia en su gama de emociones para decidir, creo que harán de esta una mejor sociedad.

 

 




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