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POR Lilia Martínez

Seguro se han dado cuenta de situaciones como estas: familias que se odian o matan ante la repartición de una herencia, parejas que se destruyen luego de jurarse amor eterno, infantes divididos en sus...

Seguro se han dado cuenta de situaciones como estas: familias que se odian o matan ante la repartición de una herencia, parejas que se destruyen luego de jurarse amor eterno, infantes divididos en sus afectos, así como los vínculos de su familia, o bien, grandes amistades desechas, como las sociedades y negocios que un día conformaron.

Los y las litigantes trabajan para que las partes resuelvan aquellos desacuerdos, que en gran porcentaje, surgieron en los espacios más privados, a partir de rupturas, desilusiones, traiciones, rivalidades, celos, fracasos, rencores, desapegos, malentendidos o luchas de poder. Pareciera que la solución está en las leyes, sin embargo, muchos abogados(as) se sorprenden al notar que en ciertos casos, los recursos legales se vuelven insuficientes.

Efectivamente, los conflictos pueden caer en un campo totalmente irracional y absurdo, esto se debe a que las partes tienen razones muy íntimas e inconscientes para establecerlos, a veces, de manera interminable.  Algunos ejemplos:

  • La repartición de una herencia:

Puede activar la rivalidad, el significado de “amor” que se le da al dinero y los bienes, la dependencia, la voracidad o la generosidad ante la vida.

  • En los divorcios:

Se puede observar el dolor y miedo convertido en rabia, la desilusión en desquite y la separación en ruptura.

  • En la disolución de sociedades:

Emergen las rivalidades, el sentimiento de traición y de abandono, así como el miedo a enfrentar la vida con los recursos propios.

  • En los juicios laborales:

Sobresale el resentimiento social, la indiferencia, el temor y la vergüenza ante la incertidumbre del desempleo y el abuso del poder.

Aunque toda persona debe luchar por sus derechos, sería muy útil y eficaz identificar si en la litis se está buscando un acuerdo justo, o un campo de batalla como intento de reparación de emociones no comprendidas o desatendidas en la vía y lugar adecuado, pues como lo dijo Santiago Rusiñol, a veces se pide justicia como una forma de ganar la razón.

 




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