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POR Brenda Velázquez

De los años treinta a los sesenta se dio un auge importante del calendario en nuestro país, gracias a los adelantos técnicos de los métodos de impresión. La empresa Galas de México fue la impulsora...

De los años treinta a los sesenta se dio un auge importante del calendario en nuestro país, gracias a los adelantos técnicos de los métodos de impresión. La empresa Galas de México fue la impulsora más importante en cuanto a impresiones de calendario y reclutadora de notables pintores se refiere, entre ellos Jesús de la Helguera, Jorge González Camarena, Eduardo Cataño, Ángel Martín, José Bribiesca, Humberto Limón y Aurora Gil, por mencionar algunos. Entre los temas que se ilustraron estaban principalmente escenas del  México prehispánico, independiente, revolucionario de corte costumbrista y cotidiano, todas ellas idealizadas y rodeadas de un alegre colorido pero con una atmósfera de nostalgia.

El origen de los calendarios en nuestro país fue una táctica publicitaria, pero es innegable la influencia que tuvo en los habitantes de hogares y negocios en los que eran expuestos más bien como objetos ornamentales, siendo lo más cercano al arte desde de la perspectiva de las masas clasemedieras de la época que no tenían los mismos privilegios de una culta minoría para acercarse al arte que sí era aprobado por críticos e intelectuales de la época. Las imágenes de calendario representaron no sólo la herencia del nacionalismo que tuvo sus inicios en la revolución, sino también el desarrollo técnico de nuevos sistemas de impresión, lo que facilitó su reproducción masiva.

Las artes aplicadas como medio publicitario a través del calendario se convirtieron en las principales transmisoras de una cultura en la que se fraguaba una especie de historia retorcida y sentimental muy diferente a la que realmente aconteció a partir de la conquista española. Y fue esa naturaleza sentimental, la que haría que fuera considerada esta obra de calendario dentro del terreno del kitsch, al desplegar todo este repertorio de imágenes con mujeres bellas y hombres varoniles, cuerpos exuberantes y bien definidos, que algunas veces parecieran perderse en los rasgos de un mundo ajeno, transformando la cosmovisión prehispánica para emperifollar un nacionalismo de consumo. 

Este, en un principio considerado como un rescate a nuestras raíces, se convirtió en un espejismo en donde lo mexicano hace una absurda combinación con lo popularmente bonito, y no sólo eso, sino que logra con el recurso de repetición de elementos propio de la publicidad, permanecer en el imaginario colectivo con una apariencia natural ignorando el contexto artificial al que se remiten. Los cromos se convierten en nuevas formas que darán un nuevo concepto de mexicanidad atendiendo mayormente a lo ornamental en serie haciendo del calendario un vehículo de transmisión cultural basado en la necesidad de una nación frente a la modernidad y la reconstrucción de su pasado.

Con el paso del tiempo se han ido rescatando estos cromos de notoria influencia en la sociedad del siglo XX y aún hoy en día se siguen reproduciendo por Calendarios Landín, que posee los derechos de reproducción de sus cromos. En 2012, el Museo Soumaya realizó una exposición llamada “Época de Calendarios”, en las que se exhibieron las principales obras de sus principales autores y que pudo apreciarse hasta diciembre de 2013. 




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