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POR Ignacio de González

De pronto creíamos que lo teníamos todo… hasta que llegó a nuestros bolsillos.

Es así que la reinvención de servicios, sobre todo los financieros, fueron construyendo lo que ahora conocemos como Fintech,  un entramado complejo  al alcance de todos los poseedores de un teléfono inteligente.

En particular, dentro de las economías emergentes como lo son en países de América, se avizora una oportunidad única de dar el GRAN SALTO en los productos en línea demandados por el mercado juvenil entre 20 y 35 años de edad conocidos mejor como los milénicos.

Esta creación vertical desde la óptica de la colaboración y lo  funcional desde su interfaz, nos brinda un apuntalamiento del consumo de datos, información y de DINERO a través de crédito accesible, sin trabas, sin la burocracia y desconfianza como los grandes emporios bancarios existentes.  Es aquí donde se revoluciona el poder del usuario desde que decide el qué y el cómo.

El papel integrador de las Fintech’s contribuye a la estrategia, el know how industrial  y los insights a los modernos modelos que están transformando la  industria de los capitales y la forma de relacionarse con ellos.

Las generaciones X e Y desean consumir de una forma incluyente, diversa, reusable, donde el comparar precios, calidad y atención especializada al cliente sea la divisa de cambio.

Estos valores por supuesto disponibles 24/7 con la certeza de la configuración digital dando confianza a todos, sobre todo al consumidor final que se ha masificado en la era del clic. 

¿Qué sucede en México?   

Hay una iniciativa de Ley vigente en el Congreso de la Unión para regular a los prestadores de servicios, usuarios e intermediarios financieros para dar seguridad a las transacciones así como agilidad como lo hemos visto hasta el día hoy.

Existen algunas empresas que se han visto beneficiadas por este factor exponencial y en ocasiones por la misma de una regulación federal que integre los servicios, sin embargo, aún falta mucho por darle al clavo regulatorio y de intercambios a nivel mundial y parte la competencia –leal y desleal- que llegará a componer el mercado local.  

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