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Juan Ignacio Torres Landa nació el 5 de julio de 1959 en nuestra ciudad, fruto del matrimonio formado por Juan José Torres Landa, otrora gobernador del estado de Guanajuato durante el periodo 1961 a 1967...

Juan Ignacio Torres Landa nació el 5 de julio de 1959 en nuestra ciudad, fruto del matrimonio formado por Juan José Torres Landa, otrora gobernador del estado de Guanajuato durante el periodo 1961 a 1967, y María Teresa García, quienes le inculcaron desde pequeño el respeto por su familia y su tierra, así como el valor del trabajo y la perseverancia para lograr sus objetivos. Estuvo felizmente casado con Maricela Aranda Torres, con quien procreó a sus hijos Azul, Juan Ignacio, María Jimena, Mariana y Luz María.

A la edad de 23 años incursionó en la política al ganar la elección para ser presidente municipal de San José Iturbide, Guanajuato, y desde ese momento, supo que su misión y pasión sería dedicarse a mejorar la calidad de vida de los guanajuatenses.

En 1988 el Partido Revolucionario Institucional (PRI) lo postuló y ganó como diputado local por el distrito de San Miguel de Allende al Congreso del Estado y en 1991 fue diputado federal por la LV Legislatura por el distrito noroeste del estado, logrando ocupar la Presidencia del Congreso de la Unión en el mes de abril de 1992. Además, trabajó un tiempo en FONHAPO (Fondo Nacional de Habitaciones Populares) para Guanajuato, San Luis Potosí, Querétaro y Aguascalientes.

Por otro lado, su faceta como empresario fue también exitosa, siendo su principal objetivo el sector turístico, impulsando las reservas ecológicas con el proyecto más importante que llevó a cabo, el complejo de gran turismo Huasteca Secreta, en San Luis Potosí, con la que generó gran cantidad de empleos, además de poner en alto las bellezas naturales de nuestro país y por ende, atrajo gran cantidad de turistas a la región.

Más allá del político, empresario o jefe de familia, Juan Ignacio dejó una huella indeleble como un gran ser humano de firmes valores que le permitieron sentir una empatía por sus semejantes, forjando así su entusiasmo por buscar alternativas de apoyo para quienes más lo necesitaban, dejando todo un legado de fortaleza y convicción por hacer las cosas bien.

 

 

 

 

 

 




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