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POR Brenda Velázquez

La raza humana en su paso por este planeta, ha realizado importantes hazañas que para nuestros más antiguos ancestros eran tarea imposible. Impresionantes descubrimientos en todos los ámbitos, ya sea en...

La raza humana en su paso por este planeta, ha realizado importantes hazañas que para nuestros más antiguos ancestros eran tarea imposible. Impresionantes descubrimientos en todos los ámbitos, ya sea en el campo de la física, la química, la medicina, por mencionar algunos, han coadyuvado a nuestra supervivencia y mejoramiento de condiciones de vida, pero lamentablemente, esos mismos adelantos han herido a la comunidad de seres vivos y el medio natural en el que coexistimos; el desgaste de nuestro medio ambiente registra un aumento de excesos y desastres irreversibles, por lo que es urgente tomar cartas en el asunto.

Pero, ¿tiene el arte el poder de incidir en la conciencia ambiental?

María Novo Villaverde menciona que las nuevas ópticas se nutren de visiones científicas y artísticas integradoras en las que ambas se plantean no como antagónicas sino como necesariamente complementarias, retadas a dialogar y entenderse[1], así que es nuestra responsabilidad crear nuevos modelos para preservarlo con un encauzamiento multidisciplinario.

El hombre es un ser sensible, facultad que todos poseemos, elemento maleable que se expresa y materializa de distintas maneras de acuerdo al medio cultural, familiar y social al que pertenecemos. El arte como sensibilidad pura es, desde su naturaleza, una herramienta imprescindible para influir en los cambios sociales, en este caso particular, desde una perspectiva ecológica.

El artista se convierte en activista desde el momento en que representa a través de su punto de vista una realidad enmarcada dentro de un contexto en específico, un enfoque íntimo de su propia percepción de lo personal, político, social o histórico transgrediendo obviedades al tocar con su sensibilidad las fibras más profundas de nuestro ser.

La preocupación por nuestro medio ambiente ha adquirido en los últimos años una relevancia dentro y fuera de los espacios artísticos de todo el mundo. Reivindicar la urgente necesidad de cambiar la mirada hacia los inadecuados hábitos medioambientales es uno de los principales objetivos del colectivo Mosstika, procedente de Nueva York, el cual interviene espacios urbanos por medio de instalaciones que incluyen plantas, piedra, acero, vidrio y pavimento, confrontándose entre sí en este juego visual que invita a observar, tocar, oler, pero sobre todo a reflexionar.

El artista y diseñador japonés Azuma Makoto, nacido en 1976, utiliza el universo botánico para crear maravillosas esculturas en las que la estética y la conciencia verde se entremezclan para convertirse en una nueva forma de vida preservada, de naturaleza alterada y utilitaria que aumenta caprichosamente su valor, toda vez que respeta su origen.

Nikolay Polissky, artista ruso, también forma parte de esta generación de activistas que utilizan elementos orgánicos en sus obras, interviniendo el paisaje y la conciencia de quienes pueden interactuar con sus magníficas esculturas. Tal es el caso de Beauborg, instalación de 22 metros de altura hecha de ramas de abedul trenzadas y fijadas en una estructura de metal, que lejos de contrastar con su entorno se vuelve parte de él como si hubiese surgido a la par.

El artista francés Bernard Pras, por otro lado, reproduce imágenes de la cultura popular en tercera dimensión con la técnica del assemblage con materiales reciclados que recupera de la basura. Prass ha expresado abiertamente que su obra tiene la intención de despertar conciencia sobre el deterioro ambiental que produce el consumismo.

El futuro de nuestro planeta no sólo recae en unos cuantos, ya que también es labor fundamental de nuestros gobiernos crear oportunidades y espacios artísticos para fomentar la cultura del cuidado ambiental; propiciar una revolución simbólica verde y darle un sentido de trascendencia a nuestra evolución a través de un arte ecológico incluyente en el que todos seamos los protagonistas y hacedores del cambio.

Fuente: NOVO, María: "El diálogo ciencia/arte: una vía integradora para abordar la crisis ambiental global". UNED. Madrid, 2015. 




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