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POR PRO Magazine

Es muy importante que el día que se reúne la familia la mesa este dispuesta con su mejor versión, con sus mejores galas.

Por Rita Campos y María José Guillén

De todas las “cosas” que se ponen en Navidad la mesa es sin duda una de las más significativas pues es la representación del cariño y agrado que tenemos de recibir a nuestros invitados, que en esta fecha casi siempre son familiares. 

Y ni que decir de la cena, de ese momento tan especial de sentarse sin prisa, sin que nada nos distraiga, con la sola idea de disfrutar y convivir. Es tiempo de reencontrarnos con los que vienen de lejos o con los que por vivir corriendo y abstraídos hace cuanto que no vemos realmente.

Alrededor de la mesa siempre se gestan y se desarrollan los encuentros más hermosos y significativos, nos encontramos con las personas pero también con las tradiciones, la vajilla más bonita, el mantel bordado de la abuela, aquel regalo de boda que solo ve la luz en las grandes celebraciones. Se reviven viejas recetas que pareciera que comemos como un tesoro altamente valorado, todo huele a familia, todo huele a Navidad.

Quién no recuerda el frutal olor del ponche, el delicado sabor del bacalao (platillo por demás complicado y venerado por los tíos y los abuelos)  el monumental pavo, rey de la mesa o las especies de romeritos con sus tortitas de camarón. Es toda una experiencia para nuestros sentidos nuevamente, son recuerdos, aromas e imágenes imposibles de borrar y que valen mucho la pena revivir cada año.

Las tradiciones familiares son diferentes en cada hogar, lo importante es compartir historias, reflexiones, chistes y no olvidar agradecer por todo lo que nos ha dado la vida, por lo hijos, por los hermanos, por los amigos. Todo alrededor de la fiel mesa, no importa si es suntuosa o sencilla, lo importante es que sea nuestra mejor mesa.

 




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