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¿Dónde empieza el silencio? Arnaldo nos da la respuesta: el silencio empieza donde se entretejen tiempo, espacio, forma y color. Sólo falta un ingrediente más que únicamente puede darnos el artista...

¿Dónde empieza el silencio? Arnaldo nos da la respuesta: el silencio empieza donde se entretejen tiempo, espacio, forma y color. Sólo falta un ingrediente más que únicamente puede darnos el artista verdadero: genialidad. Si esto se logra estamos entonces ante una auténtica obra que trasciende lo puramente anecdótico. Lindamos ya con lo infnito. Y esto es la obra de Arnaldo Coen: convivencia con lo más profundo del hombre, del hombre verdadero que se proyecta de mil maneras y que deja el infnito en el tiempo y en el espacio.

Eduarto Matos.

Arnaldo Coen nació en la Ciudad de México en 1940. Con un padre flólogo, lingüista y musicólogo y una abuela cantante de ópera le permitieron desde temprana edad, estar inmerso en un mundo conformado por intelectuales, artistas y grandes personalidades del mundo cultural; aunado a una personalidad inquieta y polifacética, lo llevan a ser hoy uno de los artistas más reconocidos en nuestro país. En sus inicios realiza estudios de arte publicitario y diseño gráfco, ámbito en el que inicialmente trabaja para posteriormente dedicarse a plenitud al mundo del arte, alentado por una recomendación que Diego Rivera le hiciera unos años antes. Con estos antecedentes, Coen cultiva una gran sensibilidad y gusto hacia las diversas expresiones artísticas, lo que le permitió desarrollar sus habilidades interdisciplinarias, mismas que ha aplicado en sus creaciones desde los años setentas hasta nuestros días.

Enriquecido por viajes, estudios por Norteamérica y una beca otorgada por el gobierno francés en París, Coen adquiere una sólida formación que lo lleva a ser miembro fundador del Salón Independiente, formar parte del movimiento artístico conocido como Ruptura, participar en la Expo 70 en Osaka, Japón, ser miembro de número de la Academia de Bellas Artes, ser miembro titular del Seminario de Cultura Mexicana y ser distinguido en 2014 con el Premio Nacional de Ciencias y Artes, máximo galardón que el gobierno federal otorga a los grandes artistas mexicanos.

En el año 1977 viene el presidente de Tanzania a México y Arnaldo Coen es invitado a colaborar en el diseño de la nueva capital de ese país. Al tener que permanecer por un año en ese lugar, llevó consigo un libro sobre Zapata y la Revolución, quedando fascinado por este histórico personaje que buscaba la libertad para todos y pensó que el personaje de Zapata era un tema idóneo – porque Coen considera que no puede existir un arte que no sea libre – por lo que comenzó a trabajarlo, intervenirlo y ponerlo en un contexto en el que no hubiera fronteras ni en el tiempo ni en el espacio. Más adelante, a razón de las festividades de aniversario de la Revolución Mexicana le preguntaron sobre esas obras, a lo que respondió que no las tenía y que se habían vendido, por lo que procedió a realizar una serie de pinturas de Zapata en tamaño natural, no con la intención de engrandecer al personaje, sino de engrandecernos a nosotros espectadores ante un personaje como éste, permitiendo así dialogar con la obra en una escala directa.

También desarrolló sobre este tema una serie de obras a manera de collage, en el que aparecen pintores de diversas épocas, desde las cuevas de Altamira hasta el siglo XX, conviviendo con el personaje histórico como espectador. El artista considera a Zapata como un pretexto para mostrar diferentes momentos en un mismo cuadro, como un ejercicio de libertad, ya que como el mismo Coen dice: “el arte comunica sin fechas de nacimiento ni fechas de caducidad… el arte tiene como búsqueda romper el sentido del tiempo y vivir el arte de todas la épocas como un presente perpetuo.”

En general, la obra de Coen muestra el constante deseo de experimentación en el que el espacio, la luz y el color con?uyen en un espacio común para producir atmósferas de gran profundidad, en las que se llega a percibir un sentido onírico que incita en el espectador la precepción de espacios imaginarios. Y como dijera Federico Campbell: “Pinta al objeto, pero también lo que sucede antes y después de ese objeto en la atmósfera, en una suerte de temporalidad simultánea que asimila diferentes momentos en un mismo cuadro.”
 




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