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POR Santiago Sánchez

La sustentabilidad ha permeado innumerables campos de la construcción, entre ellos, la infraestructura deportiva. En el caso de las instalaciones deportivas, pudiera parecer que una vez asumido el costo...

La sustentabilidad ha permeado innumerables campos de la construcción, entre ellos, la infraestructura deportiva. En el caso de las instalaciones deportivas, pudiera parecer que una vez asumido el costo ambiental de la construcción y una vez puestas en funcionamiento, el problema de la sustentabilidad queda de lado; sin embargo, su operación, mantenimiento y eventual demolición, obligan a considerar su impacto durante todo el ciclo de vida como en el caso de cualquier otra edificación.

Las construcciones erigidas con motivo de los Juegos Olímpicos de China y de Inglaterra, ambas relevantes, ejemplifican lo anterior y nos permiten identificar cómo el enfoque respecto al impacto en el medio ambiente tiene efecto en las propias edificaciones. En el caso de China, en donde el mensaje proyectado al mundo fue de capacidad económica, desarrollo, modernización y apertura a nuevos conceptos formales amalgamados a una tradición estética milenaria, el edificio emblemático de su estadio olímpico, con una inversión multimillonaria y un consumo de recursos, ciertamente hizo justicia a la intención del mensaje, pero hoy en día genera cuantiosas erogaciones por mantenimiento con una limitada ocupación útil para su sociedad. La cuota de 80,000 visitantes diarios adoptada en su mejor momento ha perdido sentido ante la escasa afluencia de turistas debido a la lejanía de su ubicación y la falta de transporte público.

En contraste, la posición de los ingleses les permitió generar una infraestructura deportiva que seguirá siendo útil y que tuvo una menor huella ambiental independientemente de las críticas de los grupos ambientalistas. El emplazamiento principal fue una zona industrial abandonada hace casi 100 años, cuya rehabilitación implicó el tratamiento de 800,000 toneladas de suelo contaminado. El techo del estadio olímpico fue construido con 2,500 toneladas de acero de tubería reciclada. El velódromo tiene un sistema de ventilación natural y durante el día solo utiliza luz natural, recolecta agua de lluvia en su techumbre, y la pista fue construida con maderas de crecimiento controlado.

La arena de waterpolo fue construida con PVC y demolida después de los juegos para reciclar el material y utilizarlo en otras construcciones. Al proyecto del centro acuático le serán removidas las gradas laterales y los materiales serán reutilizados. La estructura metálica de la arena de basquetbol y su cubierta de 20,000 m2 serán demolidas y sus materiales reciclados de inmediato. La instalación para las competencias de handball y bádminton tiene una fachada de cobre reciclado de 3,000 m2 y 88 chimeneas que llevan luz natural al interior, ahorrando 40% del costo de la iluminación y, al igual que el velódromo, colecta agua en su techo ahorrando también 40% del costo del servicio.

Sustentabilidad en la afición

Todos los eventos estelares como la Serie Mundial de Bésibol, el Super Bowl, las finales de la Liga Nacional de Baloncesto y todos los Juegos de Estrellas, incorporan iniciativas de sustentabilidad en su planeación y operaciones.

Todas las ligas educan a sus aficionados acerca de asuntos ambientales, en particular en la necesidad de reciclar y reducir el uso de la energía y del agua. Los logros son importantes tanto en términos de millones de toneladas de CO2 cuya emisión se evitó o en los millones de litros de agua que no se gastaron, o el cartón que no se utilizó para los empaques y los desperdicios que se reciclaron; sin embargo, consideramos que el mayor valor de una posición como la que han tomado los deportes profesionales en los Estados Unidos reside en el mensaje educativo que transmite a sus fanáticos a través de todos los medios que tienen a su alcance, desde integrarles en la recolección de sus propios desperdicios durante los partidos y la producción de panfletos informativos, hasta la producción de “spots” televisivos instruyendo y motivando a la población a adoptar como propia la cultura de la sustentabilidad, sin comprometer creencias políticas, económicas o religiosas.

 




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