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POR Lilia Martínez

¿Cómo aprendiste a ser hombre, a ser mujer?

¿Cuáles eran tus colores, juguetes o dibujos animados favoritos?

Es altamente conocido el poder de la publicidad en la toma de decisiones del consumidor. Junto con los productos, se compran marcas, estilos de vida y formas de organización comunitaria. 

La mercadotecnia responde a la cultura, por tanto, también ha caído en la trampa de dividir al mundo en dos: uno para hombres y otro para mujeres. Piénsalo, desde antes de nacer, las personas ya tienen designado el color, juguetes y actitud que deberá adoptar en la vida según le toque ser: niña o niño. Luego vienen las generalizaciones de “todas las mujeres… o todos los hombres…” que provocan la desigualdad social.

¿De qué manera se vive en desigualdad de género?

Es obvio que ningún hombre ni mujer se levanta cada día con la intención de pelear o lastimar al sexo contrario; la desigualdad se vive de manera sutil y cotidiana, a pesar de convivir en la misma casa, empresa, ciudad o país, ¿qué absurdo no? Sí, además es costosa, pues establece luchas de poder, ataca las alianzas creativas para que una nación sea mucho más productiva y habitable. 

Un marketing libre de estereotipos, generará mensajes y contenidos que abren posibilidades sin distinción en lo familiar y doméstico, así como en la ciencia, economía, política, deportes, arte, etc. Es una realidad que se está aplicando por ley en algunos países como Reino Unido.

Un marketing con más perspectiva, es decir, perspectiva de género, sabrá dibujar un mundo con todos y cada uno de los colores, sin divisiones absurdas ni costosas; de lo contrario, presentará un mundo más inteligente, creativo y productivo a partir de su forma de relacionarse.

Fuentes

https://elpais.com/internacional/2017/07/19/actualidad/1500477792_829457.html

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