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POR Adalberto Galván

Mientras los huracanes azotan las costas de Estados Unidos y los terremotos sacuden a México, los vientos y las sacudidas se dejan ver también en la mesa de negociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

Antecedentes

El TLCAN entró en vigor en 1994, recordarán que en aquella época muchos mexicanos, estaban escandalizados por las reglas del juego que venían en el mismo.

El tratado pretendía en su momento ser más ambicioso de lo que resultó ser, pues su intención era formar una zona económica conjunta (Canadá, EUA y México), con la intención de hacer frente a la naciente Unión Europea, en la que los tres países del norte de América, se vieran como un bloque único no solo en el aspecto comercial, sino también en cuanto a libre transito, coordinación económica y demás detalles; que se quedaron en simples pláticas de café, dejando solamente un Tratado que permitía el libre comercio entre los países, pero sin llegarse a formar ni a ver como ese bloque que haría el contrapeso a la Unión Europea y a una República China que reflejaba un crecimiento constante y acelerado.

Los principales cambios que busca EUA

  • Ante un aumento en la importación de un producto, el país puede imponer aranceles, si considera que se vuelve una amenaza para su economía.
  • Que el mayor porcentaje de los productos sean realmente de origen de uno de los tres países, es decir que tenga la menor cantidad de partes originarias de China u otro país ajeno al tratado.
  • Que las compras del gobierno de EUA consideren primero a proveedores nacionales y después a mexicanos o canadienses.
  • Regular el comercio digital.
  • Equilibrar las obligaciones laborales de los tres países, buscando una igualdad de condiciones y costos de la mano de obra.
  • Eliminar regulaciones excesivas en materia de medio ambiente.

 

Como podemos observar todo va enfocado buscando el mayor beneficio y proteccionismo de EUA, sin embargo en mi opinión, es un retroceso en la apertura y la globalización que vive el mundo actualmente, además de que generaría un colapso en su propia economía y una inflación que les afectaría a los ciudadanos de los tres países al pagar más caro los productos que desde hace 23 años hemos comprado con singular fe y alegría




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