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POR Diego Enríquez

Lo que comenzara como un simple invento, llegó a convertirse en una de las máximas formas de expresión artística, una forma más de satisfacer una de nuestras necesidades básicas: la de narrar historias.

Lo que comenzara como un simple invento, un aparato de exhibición de feria tecnológica que asombrara al mundo de fines del siglo XIX llegó a convertirse en una de las máximas formas de expresión artística, una forma más de satisfacer una de nuestras necesidades básicas: la de narrar historias. Y con ello conectamos al otro extremo del espectro, los que estamos detrás de la pantalla, los que vamos a una sala que queda a obscuras para maravillarnos con el espectáculo de la luz y el sonido, de las lágrimas, las risas y las explosiones. 

Contando que hablamos de un invento tecnológico que iniciara poco más de 100 años atrás, hablamos sin duda de una evolución rapidísima, estruendosa y estrepitosa, en la cual se ha modificado también a través de las películas, la manera en que consumimos el cine, lo que nos gusta y lo que no nos gusta ver.

Pasamos de verlo en salas a ser un medio existente en múltiples formas y plataformas. El cine está ahora en nuestros bolsillos y eso modifica sin duda alguna la manera en que nos relacionamos con él y cómo lo percibimos. El cine de alguna forma ha configurado la manera en que nos acercamos y comprendemos al mundo, y, en consecuencia, lo podemos comprender como otro gran medio educativo. Aprendemos de la vida a través del cine y de la experiencia de estar en una sala frente a una pantalla, moldeando en gran medida la visión que podemos obtener sobre ciertas culturas, emocionándonos o acercándonos a las ideas que podemos tener sobre nuestro futuro en un sentido incluso personal.

De niños queremos ser astronautas, policías, bomberos o cazafantasmas gracias a las primeras experiencias que tenemos como espectadores. Nos plantea las primeras perspectivas sobre los sueños y el futuro. Nos brinda planteamientos filosóficos, científicos y personales que de alguna manera pueden ayudar a re-configurar la manera en la que sentimos o pensamos.

El cine ha sido a lo largo de su historia utilizado como forma de entretenimiento y a la vez de adoctrinamiento. Dice qué creer o qué pensar sobre ciertos personajes, traspasando del plano narrativo al plano de la realidad: el cine nos lleva también a ser consumidores o seguidores. El cine no solo evoluciona a la par que la sociedad, sino que es un motor para impulsar esa evolución. Y sin duda alguna, las personas nos educamos, crecemos y evolucionamos en torno a él.

 




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