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POR Alonso Hernández

Muchos de nosotros vivimos distraídos, nos resulta sumamente complicado concentrarnos

A la hora de estudiar o de estar en el trabajo, o bien, nos cuesta el pasado –heridas emocionales, fracasos profesionales- o incluso, estamos ansiosos por un futuro incierto; ¿Cómo gestionar esa mezcla de pensamientos y sensaciones? Meditando.

Al hablar de meditación puede que se te vengan ideas relacionadas a religiones, cuarzos, energía, o contacto con ángeles y cuerpos celestiales. La práctica de mindfulness se aleja de todo ello, siendo simplemente una herramienta –con beneficios tangibles amparados en investigaciones científicas- para mejorar la calidad de vida de quienes lo practican.

 

¿Por qué meditar mindfulness?

La mente es como un músculo que debe ser entrenado diariamente. Si no lo entrenas, hará lo que se le dé la gana y te llevará a donde se le antoje. Seguro te ha pasado que de repente estás pensando cosas que te afectan emocionalmente, y en lugar de evitar esos pensamientos, te ciclas en más negativos, en lugar de ocuparte de tu momento presente en las cosas que puedes cambiar.

 

¿Beneficios?

Mayor concentración, enfoque para lograr tareas diarias, así como disminución de estrés y apegos emocionales.

 

¿Cómo se medita?

Debes concentrarte en un fenómeno de presencia constante, tal como los latidos del corazón, o bien, comúnmente se emplea la respiración.

Para ayudar a concentrarse, se hacen conteos de la respiración, cada inhalación y exhalación se cuenta como 1, 2, 3; volviendo a empezar por cada distracción que aparezca.

Nota: Es sumamente raro llegar a contar hasta el 10 sin distraerse con algún pensamiento, ruido o sensación, por lo que se vuelve a empezar desde 0. Esto no tiene nada de malo. La práctica no es una carrera cuyo fin sea llegar lo más lejos posible en la numeración. Sólo se trata de estar consciente de la respiración, así como de cada distracción que aparece.

Justo así es como se entrena la mente para cualquier pensamiento que nos distraiga del momento presente llevándonos a un lugar donde no deberíamos estar (pasado o futuro). En cuanto advirtamos un pensamiento que nos lleve a esos lugares, se trata de recordarlo y volver al momento que más importa: este preciso instante.

 

¿Por cuánto tiempo?

Sesiones diarias de 5 a 10 minutos para etapas principiantes.

 

¿Dónde?

En un lugar tranquilo, sin ruido, limpio y, en sí, donde existan las menos distracciones posibles.

 

¿Posición?

Sentado en una silla, con la espalda recta (sin pegarse al respaldo), y con las manos en las rodillas y brazos pegados a las piernas.

 

¿En qué momento del día?

En cualquier momento, sin embargo, se recomienda hacerlo por las mañanas antes de iniciar cualquier actividad.

Así que ya sabes, si quieres tener una mejor concentración en tus tareas diarias, o bien, quieres soltar todo aquello que sólo te estresa o te abruma emocionalmente, el mindfulness es una excelente herramienta que te ayudará.

 



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