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POR Jesús Abbud Yepiz

La adhesión de los candidatos independientes al sistema político de nuestro país ha venido a abonar a la democracia de México, obligando a la oligarquía partidista a mejorar en todo aspecto...

 

La adhesión de los candidatos independientes al sistema político de nuestro país ha venido a abonar a la democracia de México, obligando a la oligarquía partidista a mejorar en todo aspecto: elección de candidatos, mejores proyectos de gobierno, más transparencia y  mejor rendición de cuentas.

En consecuencia, esto debiese suponer la conformación de gobiernos más eficaces y eficientes. Sin embargo, las victorias de candidatos independientes a diferentes puestos de elección popular en distintos puntos del país, mediante un análisis somero de sus gestiones, nos arroja, bajo sus honrosas excepciones, resultados decepcionantes. No porque sus administraciones estén infestadas de una corrupción galopante, al menos no comprobada, sino porque, a primera vista, la manera de operar no es muy dispar con respecto a las administraciones comandadas por algún partido político de antaño. Lo anterior, considero, se debe principalmente a que estos candidatos independientes, cargan un gigantesco saldo acreedor con diversos actores, en su mayoría empresarios que han colocado importantes cantidades de efectivo que, en algún momento, esperaran que se les duplique -cuando menos- a través de contratos de bienes, servicios u obra pública. El término independiente pierde sentido ante tanta dependencia, debiéndose llamar, para ser más asertivos, candidatos cívicos (fuera de partidos políticos).

Lo anterior viene a aclarar que los partidos políticos en nuestro sistema no son el verdadero problema. Quizá el gran número de estos sí, pero no su propósito de existencia. Más bien, el gran cáncer del sistema partidista en México son muchos de los actores políticos que secuestran a estos institutos, concibiéndolos como proyectos personales y conduciéndolos hacia intereses mezquinos que lo único que ocasionan es generar un sentimiento de repudio y una actitud apática de la sociedad civil hacia los temas públicos de nuestro país.  Además, con lo anterior, limitan la participación activa de los ciudadanos en la política, consolidando así, la enemistad eterna entre pueblo y gobierno.

De acuerdo al Instituto Nacional Electoral (INE), los partidos políticos son entidades de interés público que tienen como fin promover la participación de los ciudadanos en la vida democrática, contribuir a la integración de la representación nacional y como organizaciones de ciudadanos, hacer posible el acceso de éstos al ejercicio del poder público, de acuerdo con los programas, principios e ideas que postulan y mediante el sufragio universal, libre, secreto y directo. En las letras, su finalidad es muy clara, lamentablemente en la practica la mayoría han funcionado como plataformas para acceder al poder por parte de los miembros de las oligarquías políticas y económicas que controlan México.

Ahora bien, graso error sería pensar que los gobernantes independientes son la salvación de México, ni tampoco son de ninguna forma el antídoto anticorrupción. Son, sin dudarlo, un abono significativo a la democracia del país, más no son sinónimo ni garantía de buen gobierno. Por idiosincrasia o cultura -usted decida- generalmente acostumbramos a convertir lo bueno en malo, lo sano en enfermo y lo provechoso en ventajoso; le explico: ya hay registro de que partidos políticos han ideado estrategias electorales a su favor a través de la figura de candidaturas independientes, o bien, nos topamos con el surgimiento de muchos libertadores y revolucionarios de papel que no tienen las bases necesarias ni las ideas requeridas para implementar un plan de desarrollo municipal, estatal o nacional.  El ejercicio del poder público requiere de experiencia y algo más.

La verdadera victoria democrática se dará cuando obliguemos, como sociedad civil, a que se conformen instituciones sólidas, totalmente autónomas e independientes, sin estar al servicio del Presidente o Gobernador en turno. Además, será fundamental que todos vivamos de manera activa la política -gran error dejarles la política a los políticos- a través de profunda convicción y en persecución de una ideología que puede emanar de un partido político o de un candidato independiente. Esto lo lograremos únicamente a través de una educación integral. Quizá sea está, la educación, la verdadera panacea para nuestro Estado y País.




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