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Encontrando el balance entre tus múltiples tareas

Por: María del Carmen Santana Lee

De manera paulatina y tal vez sin darnos cuenta, la modernidad ha tocado todos los aspectos de nuestra vida. Uno de estos aspectos es el laboral, en el que cada día es posible apreciar cómo la cantidad de mujeres que trabajan fuera del hogar, aumenta exponencialmente. Esta incursión de la mujer en un mundo, en algún momento exclusivo de los hombres, marca un hito histórico de gran trascendencia en el que ya no hay marcha atrás.

      La mujer complementa y enriquece la perspectiva de los hombres con su sensibilidad, entusiasmo, atención a los detalles, tenacidad, compromiso y la responsabilidad que imprime a lo que hace, dando al trabajo que se logra con su participación, un resultado diferente, un resultado único.

     Es difícil imaginar cómo logra la mujer responder a este enorme desafío; cada una de ellas, que aporta sus conocimientos y experiencia, y compromete su creatividad al logro de los objetivos de las organizaciones públicas o privadas para las cuales trabaja; tiene una familia que se organiza y funciona, en gran medida en torno a ella.

    Los hijos necesitan amor, cuidados, apoyo y guía para desarrollarse de manera integral y lograr personalidades fuertes que les permitan su posterior independencia. El hogar que requiere atención, organización y gestión de recursos. Los esposos o parejas con los que se comparte la aventura de formar una familia, demandan afecto, apoyo, compañerismo y dedicación para fortalecer la relación y crecer como pareja.

     Trabajar fuera de casa y atender a la familia es un gran reto. Es posible encararlo si, además de lo anterior, las mujeres trabajadoras logramos que los momentos disponibles para la convivencia, sean momentos de encuentro genuino y descubrimiento mutuo.

¿Cómo puede la mujer actual lograr un equilibrio entre su trabajo y su familia?

Es indispensable tener presente que trabajar profesionalmente, administrar el hogar y cuidar a la familia, son tareas que entrañan gran responsabilidad y requieren -entre muchas otras habilidades- organización, energía, asertividad y capacidad de resolver problemas de manera permanente:

• Es necesario que la decisión surja de un acuerdo explicito entre la pareja, en el que se consideren las ventajas y compromisos que se adquieren, estableciendo con claridad cómo se resolverán los cambios que esto acarrea a la dinámica de la familia.

• Si se opta por asumir ambas responsabilidades, es necesario prepararse física y mentalmente para responder como se espera, disfrutar y continuar aprendiendo.

• Tener metas objetivas y realistas tanto en el trabajo como en la familia. De esta manera, se podrán evaluar los resultados y de ser necesario, se preverán las acciones adecuadas para reorientar la acción. Es importante saber a dónde queremos llegar para evaluar si el camino que seguimos es el correcto.

• Se debe tener una alimentación sana, completa y balanceada, que aporte los requerimientos nutricionales necesarios para las tareas a realizar, incluyendo suplementos vitamínicos adecuados, que mantengan al cerebro alerta, nutrido y funcionando de manera óptima. Frutas, verduras, cereales integrales y semillas de calidad deben formar parte de la dieta diaria. Deben evitarse alimentos hipercalóricos y sin ningún valor alimenticio.

• Es necesario dormir un mínimo de 8 horas diarias. Tanto el cuerpo como el cerebro requieren recuperarse. Sacrificar horas de sueño no beneficia a nadie y puede haber desajustes en el metabolismo, el ritmo circadiano o la salud.

• Realizar ejercicio de manera regular. Desde una sencilla caminata o paseo familiar, que puede servir para fortalecer la comunicación y ponerse al día, hasta rutinas específicas en un gimnasio o como parte de un equipo. El ejercicio produce endorfinas, elimina toxinas, libera del estrés y mantiene el cuerpo flexible, delgado y sano.

• Desarrollar estrategias adecuadas de afrontamiento del estrés. Cada mujer debe descubrir de qué manera es posible para ella recuperar la calma, después de enfrentar un conflicto, sin exigir demasiado a su organismo, compañeros de trabajo o familia. Si es necesario, se puede buscar ayuda profesional para encontrar orientación y evitar quedar atrapadas en una vorágine incesante de deberes.

• Establecer límites precisos a la acción en cada ambiente. No llevar trabajo a casa, ni distraerse en el trabajo pensando o preocupándose por pendientes de la familia. Procurar vivir en el aquí y el ahora, haciendo cada actividad, por sencilla que sea, con plena consciencia.

• Tener espacio para convivir con la pareja de manera exclusiva y fortalecer la relación.

• Organizar las tareas dentro del hogar, de manera que se pueda brindar a los hijos acompañamiento en la elaboración de tareas y estudio, permitiéndoles participar en actividades acordes a su edad, y que además, favorecerán su sentido de pertenencia, colaboración y su aprendizaje.

• Promover en la familia la salud emocional, permitiendo la expresión de sentimientos y la escucha activa.

• Independientemente de creencias o prácticas religiosas específicas, (todas dignas de respeto), es recomendable favorecer en la familia la expresión de la espiritualidad.




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