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POR Luis Esquivel

Algo importante sucedió el pasado primero de julio en México, y no, no tiene mucho que ver con la victoria de Andrés Manuel López Obrador, ni con la llegada al poder de la ¨izquierda mexicana¨

 Que promete lo que el grupo llama ¨la cuarta transformación¨, sino como lo que lo dio como consecuencia: la derrota del ¨Sistema¨.

 Pareciera injusto restar merito a la campaña de más de una década que llevó a cabo el ahora presidente electo, y si bien su victoria puede estar soportada en ella; no hay manera de explicar que MORENA también haya obtenido victorias con candidatos perfectamente desconocidos en otros puestos de elección, si no es hablando de la derrota de los partidos tradicionales.

Y es que el primero de julio pasado, México se graduó en democracia y entró al club de los países que han completado exitosamente una transición (de sistema, no de partido); de la mano de AMLO, sí, pero bien podría haber sido cualquier otro candidato de un partido diferente a PRI/ PAN/PRD que aprovechara, como López lo hizo, el desencanto con el status quo y la esperanza hacia el cambio.

La histórica debacle del PRI -que perdió el poder ejecutivo y legislativo en la mayoría de los estados y la mayoría en el Congreso de la Unión-, la práctica destrucción del PRD -que pasó de ser un partido competitivo a gobernar un solo estado y convertirse un partido satélite-, y el secuestro y posterior derrota del PAN, representan un quiebre en el que ningún partido podrá ser lo que era antes del 2018. Después de la debacle

¿SIGNIFICA ESTO QUE EL PRI, EL PAN Y EL PRD DEJARÁN DE EXISTIR? No en su nomenclatura, pero si en su esencia. El reto para los partidos ¨tradicionales¨ después de su debacle es la reinvención que los haga competitivos de nuevo, es decir, que los priistas sigan siendo priistas pero den entrada a nuevas generaciones alejadas de los ¨dinosaurios¨ y a prácticas de democracia interna, que el PAN recupere los valores que los panistas quieren y extrañan de la doctrina tradicional y que el PRD abrace los ideales de la izquierda real.

El éxito de los partidos en el ¨Nuevo México¨ dependerá de su capacidad de resiliencia y adaptación al nuevo entorno político, es decir, ser una oposición responsable y no reactiva, de verdaderamente ser voz de la gente a la que representan y abanderar las causas que la sociedad quiera que abanderen, además de incluirse en prácticas verdaderamente democráticas al interior. Sin esto, sus siglas seguirán estando destinadas al fracaso electoral.




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