probusiness

POR Jesús Abbud Yepiz

Frenando la economía de nuestro país La verdad a medias es peor que una mentira. Reformas estructurales que medio ayudan son peores que reformas inexistentes. Desarrollo económico a medias es peor que...

La verdad a medias es peor que una mentira. Reformas estructurales que medio ayudan son peores que reformas inexistentes. Desarrollo económico a medias es peor que desarrollo ilusorio. ¿Absurdo? No cuando las cosas buenas dejan de suceder debido a intereses particulares y mezquinos que, en abuso de su posición de poder, simulan moralidad política para mantener al pueblo en un estado de somnolencia, y al mismo tiempo, construyen alianzas que limitan, encadenan y frenan el verdadero potencial económico de nuestro país. México es un país privilegiado que posee enormes riquezas naturales y un recurso humano caracterizado por ser trabajador y poseedor de gran talento. Pero a su vez, lamentablemente, también cuenta con una cúpula político-empresarial dominante, voraz, y que ha sido, sin dudarlo, un enorme obstáculo para que nuestro país crezca al ritmo que podría.

      La simulación de probidad política en México ha logrado gestar lo que Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía en 2001, llama capitalismo clientelista, que no es más que la colusión de empresarios prominentes y funcionarios públicos, en donde estos últimos benefician de manera discrecional a los primeros a través de permisos legales, subsidios gubernamentales, tratamiento impositivo especial y obstaculización de su competencia. Todo lo anterior apegado a la normatividad vigente aplicable. Lo legal nunca ha sido sinónimo de justicia.

      El gobierno debe ser proveedor de condiciones en las que, tanto nuevos como viejos empresarios, puedan competir en igualdad de circunstancias. El gobierno debe combatir los monopolios, duopolios, oligopolios y los sindicatos absurdos que engendran incompetencia e ineficacia, pero, sobre todo, acrecientan la desgarradora y trágica brecha entre ricos y pobres. Mercados en donde los consumidores pagan más de lo que se paga en otros países por el mismo producto o servicio, o bien, se paga relativamente lo mismo, pero se recibe una
contraprestación paupérrima.

     En esta economía de aliados, sus miembros tienen permitido elevar los precios de los productos deliberadamente o bien, tras bambalinas, hacer que escaseen para influir en la Ley de Oferta y Demanda, y así, obtener mejores rentas. En consecuencia, nos encontramos con malos servicios y malos productos; ¿o cómo explica usted la imposibilidad de que sus minutos o internet no utilizados en un determinado periodo no se bonifiquen a su favor al mes siguiente siendo que usted paga por adelantado?

      Solo por citar un ejemplo. Nuestra cúpula política debe dejar de gobernar para sus ´clientes´ y empoderar al ciudadano. La competencia siempre permitirá apalancar nuestra economía. Un país justo –no hablo de legalidad- siempre será tierra fértil para empezar a sembrar progreso.

 




NOTAS RELACIONADAS