prolife

POR Oscar Herrera

A disfrutar sin convertirlo en un mal fin

Noviembre es el mes del Buen Fin, una fecha de amplio fomento al comercio organizado, misma que nació durante el sexenio del presidente Calderón, como un intento de replicar el Black Friday estadounidense y, aunque al inicio no se le auguraba mucho éxito, ya se quedó convertido en un referente anual de las ofertas y compras pre navideñas.

       El comercio organizado se prepara con ahínco para ofrecer productos y servicios en condiciones favorables para los consumidores -o al menos así lo muestra su publicidad-, y los sectores patronal y gubernamental les cierran la pinza mediante el adelanto de aguinaldos, bonos anuales y demás prestaciones al personal; y los bancos coronan el ciclo ofreciendo cómodos plazos en las compras con tarjetas de crédito. Es pues una fecha de alto consumo, y por ende de alegría para buena parte de la población mexicana.

      Comento la alegría para buena parte de la población, porque nunca faltan los conciudadanos menos motivados por estas fechas, que opinan que se trata de una gran manipulación del sector empresarial para estafar a múltiples ingenuos que compran falsas o insignificantes ofertas. A final de cuentas todos los enfoques son respetables y en este país todos podemos decidir libremente si vamos o no al Buen Fin.

       Sin ánimo de ser aguafiestas, considero que sí vale la pena echar una buena pensada antes de ir a devorar las ofertas, pero no en el aspecto de si son buenas o no, pues eso es algo personalísimo y subjetivo, sino sobre la capacidad financiera que tenemos o no de pagar lo que vamos a adquirir.

      El Buen Fin es una fecha que puede permitirnos resolver algún gusto o necesidad, pero también meternos en serios problemas financieros. Así, es recomendable que antes de salir en busca de las oportunidades, primero revisemos nuestra capacidad de pago al respecto.

       Si se cuenta con algún ahorro extra que se decide consumir en estas fechas, pues no hay mayor problema para la salud financiera familiar, pero sí en cambio, se dejan de pagar otras prioridades que después forzarán el uso de deudas para cubrirlas, pues sí se estaría generando un daño en la economía personal.

        De igual manera, si al concluir el Buen Fin la familia termina con un montón de deudas que al comenzarlo no tenía – con o sin intereses, pues igual queda comprometido el ingreso familiar – se habrá tratado de una fecha que, en adición a la euforia temporal, dejará problemas, y no soluciones, a la sociedad participante.

       Dicen los especialistas que es recomendable no destinar más del 20% del ingreso total al pago de deudas; si decidiéramos dar la cifra por buena, nos tocaría sumar los pagos que ya tenemos comprometidos actualmente y ver qué porcentaje de nuestros ingresos representan, así podemos conocer sin mayor dificultad la capacidad de pago que aún poseemos. Si a usted le agrada este 20%, u otro porcentaje distinto, tómese la tarea de hacer el cálculo, total que no lleva mucho tiempo. Mire que ello puede ser la diferencia para que el Buen Fin, no se convierta luego en un mal fin de semana.

       El Buen Fin es una fecha que puede permitirnos resolver algún gusto o necesidad, pero también meternos en serios problemas financieros. Así, es recomendable que antes de salir en busca de las oportunidades, primero revisemos nuestra capacidad de pago al respecto.




NOTAS RELACIONADAS