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POR Ulises Elías

Identifica en qué fase te encuentras

En números pasados hablamos sobre las organizaciones ambidiestras, que son aquellas que piensan en 1) la explotación de las oportunidades, clientes y negocios actuales, y 2) la exploración de oportunidades futuras invirtiendo en innovaciones para mercados cambiantes y tecnologías potenciales. Comentamos también que la mayoría de las organizaciones nacen y crecen apostándole en su mayoría a la explotación de las oportunidades actuales porque es lo que ofrece ganancias a corto plazo, y se olvidan de invertir en oportunidades futuras, que son aprovechadas por competidores o por nuevas empresas.

Todas las organizaciones viven un ciclo de vida, similar a los que viven las civilizaciones. Tienen su nacimiento, crecimiento, apogeo, madurez, declive y muerte. Pero esto no significa que las organizaciones estén destinadas a sufrir este ciclo tal cual, si no que pueden modificar su trayectoria al innovar y renovarse, tal como lo han hecho empresas como General Electric, 3M, Sony, por mencionar algunas. Estas compañías nacieron hace más de medio siglo y siguen compitiendo fuertemente y renovándose.

 Según Lawrence Miller en su libro “Barbarians to Bureaucrats: Corporate Life Cycle Strategies”, las organizaciones corporativas tienen dos culturas a lo largo de su ciclo: la cultura de integración y la de desintegración. La primera se da al inicio del surgimiento de la organización, su estructura es pequeña y flexible, responde de forma creativa a los retos, tiene líderes creativos, y objetivos de largo plazo. La segunda, se da posterior a la madurez de la organización, cuando los objetivos se convierten de corto plazo, enfocado únicamente en la rentabilidad, se vuelve una estructura pesada y rígida, con líderes dominantes, y colaboradores que añoran los tiempos pasados, cuando la organización era flexible y creativa. En la mayoría de los casos la muerte de las civilizaciones no son por agentes externos, sino por la desintegración de la cultura interna.

A lo largo de estas dos culturas, hay fases por las cuales pasan las organizaciones.

La primera es la fase profética, en la que se crea la organización por una persona con voluntad y personalidad creativa. Esta persona no suele ser un buen administrador o gerente por lo que suele imperar el caos, es un creador e inventor visionario que responde a un reto en el mercado. Un ejemplo de este tipo de personalidades es Thomas Alba Edison.

La segunda fase es la barbárica, en la que se toma la visión de la fase profética y se pone en acción. Cada nueva organización inicia en crisis por la sobrevivencia. Es imprescindible moverse rápidamente con disciplina y enfoque. Es la fase donde se requieren líderes comandantes y soldados que ejecuten las ideas a velocidad. El líder bárbaro es el primer líder gestor o manager de la organización.

La tercera fase es la del constructor y explorador. Es aquí donde se requieren diversos líderes, a los que se delegan actividades y funciones, y la colaboración toma relevancia. Es aquí donde los constructores crean la capacidad interna de la producción y los exploradores expanden los límites de la organización a otros horizontes. Los exploradores están afuera conquistando nuevos clientes y territorios, buscando dominar su competencia.

Posteriormente llega la era del administrador, y es en esta era que comienza la cultura de desintegración. Una vez que la organización es grande, se ha expandido, se requiere poner orden y control interno al caos creado en la etapa anterior. El control y el monitoreo se vuelven más importantes que la creatividad. El enfoque se vuelve hacia adentro y menos hacia afuera, puesto que se tiene la confianza que el mercado desarrollado seguirá comprando sus productos. La creación de nuevos negocios e innovaciones se vuelvo más difícil y secundario.

Luego llega la fase del burócrata. Esta es una era que llega con la rigidez de la era anterior. Los procesos y controles se vuelven más duros, complicados, y las nuevas ideas tienen grandes barreras para sobrevivir. No hay cabida para los de la era profética, ni creativos. El propósito social puede llegar a perderse, y enfocarse únicamente en los objetivos financieros. La estructura se vuelve exceptiva de nuevos retos, lenta en movimiento y menos adaptable al cambio exterior.

 Por último, llega la fase de la aristocracia. En esta fase se pierde el liderazgo legítimo, y los líderes en vez de servir a los colaboradores, se sirven a ellos mismo. Solo dan órdenes, y son menos receptivos a nuevas ideas. Es aquí cuando la organización lleva años sin lanzar un nuevo producto o servicio, solo se piensa en adquisición de compañías para provocar el crecimiento, y el enfoque total es hacia la parte financiera de la organización.

 Obviamente, ninguna organización está condenada a pasar por todas estas fases o eras. Una organización es un ente cambiante y que puede irse adaptando. En cualquier momento la organización puede implementar estrategias que le permitan la renovación. Es necesario hacer un análisis y detectar en qué fase se encuentra la organización para definir formas de reconvertirse.




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