probusiness

POR Luis Esquivel

  Los partidos de “oposición” han empezado formalmente una carrera cuesta arriba para hacer ver la luz a una alianza electoral que los lleve a ganar la elección del próximo año y conquistar una...

 

Los partidos de oposición han empezado formalmente una carrera cuesta arriba para hacer ver la luz a una alianza electoral que los lleve a ganar la elección del próximo año y conquistar una tercera alternancia. Lo hacen hablando tanto de la necesidad de ir juntos para derrotar al PRI o a López Obrador –ya no se sabe-, como para lograr un gobierno de coalición que asegure mayorías para facilitar la acción del Ejecutivo en el Congreso.

Pero sus buenas intenciones parecen ser solo eso, y desde ahora enfrentarán problemas que hacen que su futuro sea poco prometedor. En primer lugar las razones por las cuales van aliados, seguidas por la falta de coincidencias políticas y rematando con una explosión de egos. 

El primero de ellos y un problema de origen es la intención que hace que estos partidos transiten por la vía de la coalición. No es un secreto que en el pasado reciente las alianzas PAN – PRD han resultado electoralmente redituables, por lo que repetir la experiencia a nivel nacional es una tentación fuerte, pero es una tentación sobre la cual ronda el fantasma de que el único objetivo sea ganar, de obtener el poder por el poder.  

Se puede decir, pues, que en el nombre llevarán la penitencia, pues si bien al final decidieron cambiar el mote de “opositor” por el de “ciudadano”, en el discurso político nacional será difícil no verlos como los opositores, algo que a la larga no les vendrá bien en términos de mercadotecnia pues habrán empezado su campaña en un tono negativo y alejado a lo que la ciudadanía quiere de sus políticos. Es decir, ser “los opositores” los acercará más a la imagen de López Obrador que sistemáticamente está en contra de todo en vez de a las imágenes de los “demócratas” a quienes quieren emular como Cuauhtémoc Cárdenas o Manuel Clouthier; y de hecho han empezado mal pues su primera acción en conjunto ha sido bloquear la instalación de una mesa directiva en la Cámara de Diputados chantajeando a los demás partidos y quitándole gobernabilidad al país, algo que va en contra del mismo núcleo del discurso de coalición que ellos pretenden abanderar como única solución a los problemas de México. 
Además de que a como se perfila hasta ahora, la alianza pasa indiscutiblemente y lejos de ser coincidencia por las candidaturas de Ricardo Anaya del PAN por la presidencia de la república y la de Alejandra Barrales del PRD por la nueva gubernatura de la Ciudad de México.  Por ello son más que nada ellos dos –ni siquiera sus partidos en pleno- los que a toda costa buscan esta coalición al grado de que podría pensarse que los motivos de la coalición son personales y no de bienestar común; es por eso mismo que otros partidos y uno que otro precandidato independiente han tomado el tema con cautela y precaución, pues al aliarse ofrecerán su capital político sin tener la seguridad de mayor participación en la vida política del país, pues estarían apostando quizás a un modesto puesto en el gabinete, algo que seguramente le sucederá a Movimiento Ciudadano.

En segundo lugar, y dejando un poco de lado que ideológicamente el PAN y el PRD son como el agua y el aceite, existen más obstáculos para su discurso “anti sistema”, porque lo quieran o no, ambos son parte del sistema. Por ejemplo, el PAN buscará hacer campaña cuestionando la reforma fiscal del Presidente Peña Nieto, misma que fue apoyada por las bancadas de su aliado el PRD. Y viceversa cuando se trata de la bandera del PRD que ha sido la oposición a la reforma energética para la cual el PAN acompaño al PRI en el Congreso. Una campaña en la que estos dos temas estén ausentes en aras de la coalición será insostenible, y una campaña en la que los partidos coaligados difieran abiertamente en temas tan centrales estará condenada al fracaso. 

Asimismo, difieren prácticamente en todo lo importante desde el modelo económico hasta temas de derechos civiles, de manera que resulta más fácil contar las coincidencias que se limitan a que la corrupción es un cáncer para México, que la violencia es un problema grave en el país, que hay que priorizar el respeto a los derechos humanos y sobre todo que hay que derrotar al PRI y a AMLO en las urnas, no más. 

En tercer lugar, enfrentarán varios obstáculos internos que amenazarán con fraccionar a los partidos que componen el frente. Primero en la decisión de a qué partido le toca cuál candidatura enfatizando la candidatura presidencial y las  gubernaturas, pero sin dejar de lado los escaños del senado y las curules de la cámara de diputados. 

Hasta ahora todo apunta a que la candidatura presidencial será encabezada por un panista y que la de la Ciudad de México será para el PRD; a partir de ahí podrían seguirse repartiendo los estados quedando candidatos panistas en Guanajuato, Veracruz, Puebla y Yucatán, perredistas en Tabasco, Morelos y quizás Chiapas y Jalisco para Movimiento Ciudadano.  Esto en un escenario “ideal”, que difícilmente será aceptado por las bases de los partidos miembros; no tardarán en surgir los perredistas que cuestiones por qué el PAN obtiene más candidaturas si en las encuestas ganan juntos, también habrá panistas que se nieguen a ceder candidaturas a gobiernos estatales como Jalisco y por supuesto el Movimiento Ciudadano que buscará sacar el mayor provecho posible a su limitada aportación, cosa que no será bien vista por las bases de sus aliados. 

Por supuesto la candidatura presidencial será la más cuestionada y será una batalla cederla, algo que ya ha ocurrido en el pasado, en específico cuando Cuauhtémoc Cárdenas se negó a declinar por Vicente Fox y viceversa, lo que en el 2000 evitó una alianza opositora como la que hoy se propone. Esto aunado a que desde aquel entonces se intuyó que en caso de una elección presidencial los militantes de un partido difícilmente votarán por uno opuesto a sus principios. 

Igualmente será un debate intenso el reparto de candidaturas al Congreso de la Unión,  pues ir aliados y presentar un solo candidato para cada uno de los 628 espacios los obligaría a actuar como un frente por lo menos durante los 12 años que podrán durar los legisladores en su cargo, de lo contrario tendrían bancadas muy mermadas y lejos de la mayoría al momento de separarse.

Finalmente habrá que ponerle nombre a cada una de esas candidaturas, sobre todo a la presidencial, lo que ya ha provocado quiebres dentro del PAN y del PRD y que los seguirá causando en el futuro conforme se vaya consolidando Ricardo Anaya como abanderado; porque la alianza es una buena idea hasta que se define quién la encabeza. Así es como Graco Ramírez, Silvano Aureoles y Miguel Ángel Mancera se opondrán a la candidatura de cualquier panista y estos además les devolverán el favor, además de que los mismos panistas como Margarita Zavala y Rafael Moreno Valle se opondrán a la candidatura de Anaya y todos, TODOS, se opondrán a una candidatura externa teniendo tan cerca la posibilidad de reconquistar Los Pinos.

Así pues, nada prometedor, se ve el futuro al corto plazo del Frente Opositor, o como decidan al final llamarlo. Fracturas, deserciones y críticas serán el pan de cada día de aquí a la decisión final, misma que tendrán que acelerar para que ante un fracaso cada quien pueda definir un candidato propio, como seguramente será.




NOTAS RELACIONADAS