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POR Jesús Abbud Yepiz

Estamos en el último mes del 2016, caracterizado por ser el periodo más reflexivo del año, lo que se presta para hacer un análisis de nuestro papel como ciudadanos mexicanos. Veamos: en días pasados el...

Estamos en el último mes del 2016, caracterizado por ser el periodo más reflexivo del año, lo que se presta para hacer un análisis de nuestro papel como ciudadanos mexicanos. Veamos: en días pasados el Presidente de la República, en intento de defender su administración al frente del Poder Ejecutivo,  aseguró que no se levanta cada día pensando cómo “fastidiar” a México. Nosotros, como ciudadanos, tampoco despertamos con ganas de descomponer a nuestro país pero, por medio de nuestros actos y omisiones, lo hacemos. 

        Nuestro país atraviesa una severa crisis de cultura de legalidad que se traduce en el tan popular concepto de “corrupción” que está en boca de todos y en esfuerzo de pocos para erradicarla. Los mexicanos exigimos legalidad y justicia para todos menos para nosotros mismos. Esa mentada doble moral que nos permite sobornar al maestro para una mejor calificación o al agente de vialidad para evitar una cuantiosa multa. Nos nos levantamos pensando hundir a México pero lo hacemos cuando buscamos al compadre para que nos condene el pago de agua o de luz, arruinamos a nuestro país porque nos robamos la señal de Internet o cable del vecino, porque usamos ropa pirata con logos de marca, porque bajamos música sin pagar los derechos de autor, porque buscamos adelantar nuestra cita en el IMSS sin importar si hay otros mexicanos con más urgencia de ser atendidos, porque según nuestra mentalidad “la oportunidad hace al ladrón”, porque evadimos impuestos, porque tenemos una mentalidad consumista: importa más el placer efímero que la satisfacción eterna, porque no conocemos nuestra historia, porque no nos gusta estudiar, porque la inconformidad que sentimos sobre lo que ocurre en nuestra sociedad la expresamos únicamente en redes sociales echados en el sofá, porque cuando México más nos necesita unidos para detener tantos abusos se nos atraviesa un juego de la selección mexicana o preferimos unirnos para celebrar los XV años de Rubí, porque no hemos leído nunca nuestra constitución y, en consecuencia, no conocemos nuestros derechos y obligaciones como ciudadanos mexicanos, porque una y otra vez hemos elegido gobernantes que nos han inmerso en la más vergonzosa crisis financiera, de seguridad y credibilidad luego de la revolución de 1910.

        Ni el Mandatario federal ni los ciudadanos nos levantamos pensando como “fastidiar” a nuestro país pero, ambos, tanto gobierno como gobernados debemos entender que la vida real no está hecha de intenciones sino de hechos y omisiones. Estas dos variables son las que determinan la realidad de nuestro México, por lo que la excusa de la inexistencia de dolo en nuestras acciones u omisiones solo reduce la condena más no la consecuencia final que es la descomposición de México. La verdad desde mi ignorancia. 




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