probusiness

POR Luis Esquivel

Pudiera pensarse que la derrota del PRI el pasado 5 de Junio pasa por las manos y la imagen del Presidente Enrique Peña Nieto y su equipo; como todo en México, la derrota también termina siendo culpa del...

Pudiera pensarse que la derrota del PRI el pasado 5 de Junio pasa por las manos y la imagen del Presidente Enrique Peña Nieto y su equipo; como todo en México, la derrota también termina siendo culpa del Gobierno Federal. Se dirá también que Manlio Fabio Beltrones pecó de soberbio al aspirar públicamente a ganar -por lo menos- el mismo número de gubernaturas que el PRI tenía antes de la jornada electoral y subestimar la fuerza de la oposición; exceso de confianza, es lo que usualmente se dice. Habrá también quienes acusarán un fuego amigo con al afán de descarrilar la aspiración presidencial de Beltrones para fortalecer la del Secretario de Gobernación Miguel Ángel Osorio Chong, lastimarlo aunque el daño colateral sean 7 gobernadores panistas y aliancistas más. Y lo contrario, que Beltrones perdió a propósito para desfondar a Osorio con el argumento de que no tiene control del país.

Manlio Fabio Beltrones

Las victorias tienen muchos padres, las derrotas son huérfanas; pero eso no significa que los afectados no vayan a buscar culpables, es natural que lo hagan. Los candidatos derrotados no sienten que ellos y sus campañas fueran los factores de la estrepitosa derrota. Peña, Osorio y Beltrones son los blancos fáciles, se podrían endilgar culpas incluso a Nuño o a Videgaray, a Camacho o a Gamboa. 

Pero si la culpa fue del gobierno federal o del CEN priista, ¿por qué el PRI ganó en Oaxaca, Zacatecas, Sinaloa, Hidalgo y Tlaxcala? 

Queda claro que los votos fueron un contundente castigo, sí para el PRI pero no a su dirigencias y candidatos, sino a sus gobernadores. Las derrotas en los Estados tienen nombre y apellido. Es una tendencia que se advertía desde la elección de 2015, donde la ciudadanía votó por la alternancia en Nuevo León y Michoacán con el afán de  castigar los escándalos de corrupción de Rodrigo Medina y de crimen organizado de Fausto Vallejo.

En 2016 la tendencia no cambió. La gente salió cansada de la corrupción y los escándalos de los gobernadores que en su momento ascendieron al poder en un ambiente de orfandad en donde sin la figura de un presidente fuerte, hicieron lo que quisieron sin la intervención de Felipe Calderón, se apropiaron de sus estados y del partido a nivel local. Ahora, seis años después la gente votó en contra de la opulencia, el despilfarro, la deuda, la corrupción y la inseguridad. 

La gente no votó en contra de la marca PRI; la gente votó en específico en contra de Lozano, en contra de los Duartes –el de Chihuahua y el de Veracruz-, la gente castigó a Borge, a Herrera y a Cantú; y lo hizo no en las intermedias de 2013 o en las federales de 2015 a pesar de que el descontento ya era generalizado sino en sus propias sucesiones, cuando más les dolió. Es más, la loza de los gobernadores fue tan grande que hicieron perder a buenos y excelentes candidatos en muchas alcaldías, diputaciones locales y una que otra gubernatura; a los candidatos por más que trataron de deslindarse les pesó el desgaste de las siglas.

Hace mal el PAN en regocijarse de su victoria porque también hay que decirlo, no solo el PRI sufrió el castigo ciudadano. Hace un año la gente castigó al PAN y al PRD devolviéndole al PRI las gubernaturas de Sonora y de Guerrero para castigar la corrupción de Guillermo Padrés y la inacción de Ángel Aguirre ante el crimen organizado; y en esta ocasión el fracaso en el gobierno de las alianzas PAN-PRD devuelven al PRI las gubernaturas de Oaxaca, donde Gabino Cué operó fracaso tras fracaso y de Sinaloa donde al final sí pesaron las acusaciones en contra de Mario López Valdez.

Capitalizar el hartazgo ya no es la vocación solo del PAN, ni únicamente la estrategia de Andrés Manuel López Obrador; puede ser utilizado por cualquier partido y de ahí las 13 alternancias que se han dado en los últimos dos años.

Podrá decirse lo que sea: que si el Gobierno Federal sacrificó los estados o que la imagen de Peña fue la que arrastró el voto contrario (se dijo lo mismo cuando el PAN y Felipe Calderón perdieron Aguascalientes, Jalisco, Morelos Querétaro, San Luis Potosí y Tlaxcala entre 2010 y 2012), que si Beltrones se confió (de algo similar inculparon a Cesar Nava y a Gustavo Madero), podrán incluso echarle la culpa a la iglesia y sus inapropiadas pero oportunas protestas en contra de la “mano izquierda” del presidente, pero la realidad es otra. La culpa no es de los partidos (no toda, al menos), la culpa es de los gobernadores.


Para no dejar pasar la ocasión, otras cosas dignas de comentar sobre el pasado proceso electoral:

•    ¡Qué triste jornada para los “independientes asociados”! El único competitivo – Chacho Barraza en Chihuahua- logró el 18% de la votación, bastante lejos incluso del segundo lugar. Tendrán su prueba de fuego con la candidatura que construyan para 2018. Mal harían en tomar como propio el triunfo de Armando Cabada en Cd. Juárez, él si fue independiente independiente.

•    Las encuestas arrojaban que habría por lo menos dos gobernadoras más (en Aguascalientes y Tlaxcala), pero se equivocaron. Claudia Pavlovich seguirá siendo la única mujer en la CONAGO por lo menos hasta la elección del Estado de México el año que entra.

•    Sigue el éxito electoral de las alianzas PAN-PRD que llegan a los gobiernos de Durango, Quintana Roo y Veracruz como llegaron antes a Oaxaca y Sinaloa, sin un plan de gobierno sólido, que a la vuelta de los años se transforma en un rotundo fracaso administrativo. Hay que preguntarse: ¿vale la pena condenar a un Estado a un gobierno desordenado y sin directriz ideológica con tal de vencer al PRI?

•    El 2016 era una batalla fundamental para 2018, pero la guerra no se acaba hasta que se acaba. Pierde el PRI y gana el PAN, sin duda, pero la derrota no es tan atroz si se toma en cuenta que muchas gubernaturas se perdieron por diferencias corta y la victoria no es garantía pues en dos años los nuevos gobernadores bien pueden perder el piso. Triunfo agridulce para el PRD, forma parte de tres victorias, pero cada vez más se convierte en el “PVEM del PAN”. Grandes expectativas para MORENA, se queda cerca de dos victorias, mientras los demás se muerden las uñas. Toda la carne estará en el asador. 




NOTAS RELACIONADAS