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POR Oscar Herrera

En México no somos muy afectos a la cultura de la previsión y disciplina financiera; no nos gusta mucho ser precavidos y prepararnos para las necesidades futuras. En general nos desagrada ahorrar y cuidar...

En México no somos muy afectos a la cultura de la previsión y disciplina financiera; no nos gusta mucho ser precavidos y prepararnos para las necesidades futuras. En general nos desagrada ahorrar y cuidar nuestras finanzas, preferimos la filosofía del ´ahí va saliendo´ o del ´después empiezo´. Y miré que no es solo mi visión personal, sino lo que demuestra el análisis comparado con otras naciones. Un buen ejemplo de ello, es la renuencia que tenemos para comenzar con la acumulación de un ahorro significativo para el retiro, que en su momento nos permita contar con una pensión suficiente para vivir nuestra jubilación.

      Si bien se trata de una necesidad que estamos conscientes que habremos de enfrentar, es muy poca la población que pone manos a la obra. Lo comento porque el grueso de la ciudadanía que hoy se encuentra en plena capacidad productiva, a partir de 2030 comenzará a entrar en la tercera edad, con lo que el bono demográfico de nuestro país se extinguirá y nos convertiremos en una nación de menos jóvenes y más adultos.

      El punto, es que ese grueso de la población que hoy produce a cabalidad, difícilmente contará con una pensión suficiente para hacer frente a las necesidades de la vejez. Lo digo porque una buena parte no está cotizando en un ningún sistema de seguridad social, o bien, lo están haciendo con una cantidad muy inferior a la que realmente perciben por todas sus actividades laborales, lo que, en el mejor de los casos, los dejará con una pensión mínima que no les permita sostener su nivel de vida acostumbrado.

       Hoy que la cultura emprendedora y el trabajo por cuenta propia están tan en boga, hace mucha falta que también fortalezcamos la cultura financiera de construirnos un buen ahorro para el retiro, pues de lo contrario, estaremos apostando a que el futuro nunca nos llegue, lo que para fines prácticos constituye un verdadero suicidio.

       Es importante tener presente que, en cuestión de finanzas, lo más caro que existe es el tiempo perdido. Comúnmente, la mayor oposición a tratar estos temas se encuentra entre la gente más joven, principalmente en los profesionistas de entre 25 y 40 años de edad. Ello constituye un altísimo costo de oportunidad, puesto que los mejores años para fondear una pensión a futuro, sin realizar grandes sacrificios en el estilo de vida actual; se desperdician por no asignarle algo de prioridad a los años venideros.

       Es importante señalar que no se trata de un tema de estilos o de gustos personales, no es algo que invada la privacidad financiera de las personas, sino incluso un verdadero tema de salud y política pública. Imaginemos qué va a suceder en México cuando estemos llenos de gente adulta y sin pensión, con pocos jóvenes en el mercado laboral; desafortunadamente es algo que está a un par de décadas de distancia. 20 años pueden parecer muchos o pocos, dependiendo de qué lado del bono demográfico se encuentre cada quien. Ojalá hagamos conciencia.

        Amable lector, recuerde que aquí le proporcionamos una alternativa de análisis, pero extraer el valor agregado, le corresponde a usted.




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