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POR Oscar Herrera

¡Hay que cuidar a la gallina!


Imaginemos por un momento que fuésemos poseedores de una gallina que pone huevos de oro. Ahora supongamos que un asesor profesional de seguros nos ofreciera una póliza de cobertura para proteger dicha propiedad, ¿usted a quién aseguraría, a la gallina o a los huevos de oro?

      Creo que todos adquiriríamos un seguro para proteger a la gallina, pues por muy costosos que pudieran ser los huevos de oro en ese momento, nada se compara con el valor de poder reproducirlos una y otra vez. El impulso de proteger y maximizar nuestro patrimonio nos llevaría a tal decisión.

      La analogía es útil para reflexionar sobre una deficiencia que la mayoría de los mexicanos aún reflejan en sus finanzas personales: la carencia de un seguro de vida suficiente para proteger y maximizar el patrimonio familiar y/o personal.  

      Hoy en día, en México menos del 20 % de la Población Económicamente Activa cuenta con esta importante protección. Es un porcentaje sumamente bajo, sobre todo si tomamos en cuenta que la mitad de la población sí cuenta con el nivel de ingresos suficiente para adquirirlo. Así, el nivel de riesgo que tiene el patrimonio de todas estas personas es tan alto como innecesario. 

      Siendo que el seguro de vida no es un producto inalcanzable por su precio, pues reitero que entre el 40 % y el 50 % de la población cuenta con el poder adquisitivo para obtenerlo, estamos entonces ante una falta de cultura financiera, ante un área de oportunidad en la asignación de nuestras prioridades.

      Y mire que nuestro actuar financiero resulta paradójico, pues sirva de ejemplo que prácticamente, todas las personas que poseemos un automóvil lo tenemos asegurado. Vaya, le invertimos a un bien mueble, pero no a nuestra vida.

      Si reflexionamos un poco, concluiremos en que todos poseemos una gallina que pone huevos de oro. Y me refiero a nosotros mismos, pues el mayor bien que todos poseemos no es nuestro vehículo ni nuestra casa, ni algún ahorro o terreno por ahí, sino la capacidad que tenemos para salir a trabajar y producir todos los días.

      Nuestra persona es la gallina que pone huevos de oro, pues sin ella no podríamos trabajar, ni obtener ese patrimonio al que sí acostumbramos comprarle alguna póliza de seguro. ¿No le parece que andamos un poco confundidos en la escala de lo que constituye nuestro mayor valor?

      Insisto en que como sociedad aseguramos autos, casas, ¡celulares!, computadoras, y algunas otras posesiones, pero que muy pocos protegemos a la gallina que las produce. Consideró que esto sucede por falta de cultura financiera y por no tomarnos el tiempo de darle una revisada a nuestras metas financieras y al destino que le damos al presupuesto personal y familiar. 

       El seguro de vida no es un asunto de gente adinerada, ni de edades o de altos ejecutivos financieros, sino de toda persona productiva que posea dependientes económicos, que tenga a su cargo el porvenir de otras personas.

      Eso sí, los seguros de vida no son un asunto de ventas al por mayor, sino de asesores profesionales que previo diagnóstico de la situación financiera de cada persona o familia, puedan diseñar una solución adecuada a sus necesidades. Todos somos diferentes y todos necesitamos seguros diferentes.

       Amable lector, recuerde que aquí le proporcionamos una alternativa de análisis, pero extraer el valor agregado, le corresponde a usted.  




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