probusiness

POR PRO Magazine Chihuahua

Descubre quiénes son las personas que no dejan que tu empresa crezca y alcance su potencial.  Imagina que tu personal es un equipo que está a punto de jugar un partido importante en el fascinante...

Por: Mike Michalowicz

Descubre quiénes son las personas que no dejan que tu empresa crezca y alcance su potencial. 

Imagina que tu personal es un equipo que está a punto de jugar un partido importante en el fascinante deporte nuevo del YogaRugby. (Es parte yoga, parte rugby, parte baile interpretativo… con pelotas de tenis). Es crucial que ganen el juego, pero cuando sales al campo te das cuenta que estás condenado. Sólo un par de tus jugadores saben cuál es la meta, nadie está familiarizado con el reglamento entero y dos de tus chicos están jugando para el otro equipo. Incluso si la competencia olvida asistir, tu equipo nunca ganará.

      El escenario suena absurdo, ¿cierto? Lo es. Y, sin embargo, casi todos los negocios con equipos de trabajo tienen este problema. Los empresarios pueden culpar la falta de rendimiento a la fuerza de la competencia, la falta de innovación o el flujo de caja; sin embargo, el verdadero problema, al igual que el conjunto abigarrado de jugadores que describí anteriormente, es que su grupo es un desastre.

      La solución de esta dificultad es simple: para ganar el juego de los negocios, tu equipo debe conocer la visión de la empresa (el objetivo del partido) y las leyes inmutables que tiene tu negocio como base (las reglas del juego). Cuando tu personal tenga una perspectiva clara de hacia dónde va y sepa exactamente cómo debe comportarse para lograr alcanzar esa meta, hay una buena probabilidad de que estos esfuerzos den resultado.
 
      Una vez que tu equipo tenga todo esto arraigado, sabrás exactamente a quién debes correr: cualquiera y todos los que no entienden tu visión o comparten tus leyes inmutables. Sí, realmente es así de simple. Puedes pensar que las calificaciones son más importantes a la hora de contratar a tus empelados o que la personalidad es clave, pero incluso las personas más hábiles y agradables pueden (y lo harán) perder el juego si no se suscriben a tu misión o no respetan tus reglas.

      Abraham Lincoln es considerado uno de los presidentes más eficaces –logró ganar la Guerra Civil y mantener a un país dividido unido, que no es poca cosa–. Fue capaz de hacerlo en parte porque tenía un equipo increíble, uno de los gabinetes más fuertes de la historia. Irónicamente, la mayoría de las personas que pertenecían a éste no se agradaban entre sí, ni les gustaba él. De hecho, cuando formó su gabinete sorprendió a muchos al nombrar cuatro de sus rivales más feroces para la presidencia. Se trataba de miembros que no lo aprobaban, lo consideraban un idiota y que pensaban que estaba sub-calificado para el puesto. Pero al acomodarlos en las posiciones más importantes de su gabinete, puedo reunir a los hombres que representaban las diferentes facciones que amenazaban con dividir a los Estados Unidos y darles una visión: “el nuevo nacimiento de la libertad”. Se aseguró que todos en su equipo siguieran sus reglas –lo más importante para superar las rivalidades y desacuerdos– al final, lograron lo imposible y ganaron la guerra.


        Una de mis leyes inmutables –el código escrito en piedra con el que manejo mi empresa– es “Under Promise, Over Deliver” (UPOD). Seguir esta ley con mi primer negocio, una compañía de servicios informáticos, nos distinguió de los demás. Cuando mi cliente llamaba y preguntaba: “¿Qué tan rápido puede llegar tu equipo?”, mi respuesta era “Estaremos ahí dentro de 24 horas”. Sabía que mi competencia prometió estar ahí en dos horas y, aunque nosotros pudiéramos realizarlo también dentro de ese marco de tiempo, a veces nos podía llevar seis. No podíamos ofrecer un servicio de dos horas de manera consistente (y creo que mi competencia tampoco), lo que significaba que en algunas circunstancias nuestros clientes podían sentirse frustrados. Para asegurar que nuestros consumidores siempre estuvieran satisfechos, prometimos que lo haríamos en 24 horas y luego, cuando estábamos seguros de que podíamos conseguirlo rápidamente, le llamábamos y le decíamos “¡buenas noticias! Pudimos reunir a nuestro equipo y enviarlos de inmediato”. Todos estaban encantados con nuestro servicio.

 

      El problema era que no todos los miembros estaban suscritos a la ley de UPOD que establecí. Uno de nuestros despachadores, lo llamaré Bart, siempre prometía de más. Bart hizo que el equipo enloqueciera y entrara en pánico al intentar cumplir sus promesas con los clientes. Ellos decían: “Pero Bart, no tenemos gente hoy” o “Necesitamos una hora extra”, y entonces él se peleaba y todos estaban tensos. A pesar de que me agradaba mucho –es una de mis personas favoritas– no era la adecuada para la empresa porque no seguía nuestras reglas inmutables y, como consecuencia, hacía que nos viéramos mal.

        Imagínate cuál pudo haber sido el resultado de la Guerra Civil si Lincoln tuviera uno, dos o cinco barts (ahem… quiero decir, bartolomeos) en su gabinete. ¿Tienes cinco empleados que arrastran a tu equipo al despreciar la visión de tu empresa y tus leyes inmutables? Esas son las personas que debes correr para que tu negocio crezca. Tal vez tienes una o siete, o veinte. Independientemente del número, es clave que los dejes ir para que puedas construir un equipo que lo entienda y que “juegue” con su corazón para tu compañía.

      Proporciona a tus empleados una visión clara de tu meta. Resúmela a un byte de sonido que sea fácil de recordar y recálcales esta misión de manera casi constante. Inclúyela en carteles en la oficina, declárala en reuniones, repítelo una y otra vez. Con el objetivo claramente definido, asegúrate que conozcan al derecho y al revés las leyes inmutables de tu negocio, esas que utilizas para competir y “jugar”. Cuando estás jugando un mal partido de YogaRugby o tratando de ganar una guerra, o de construir un negocio, no tienes tiempo para pensar acerca de cuáles son las reglas. Tienes que conocerlas inherentemente. Haz todo lo posible para garantizar que la visión de tu empresa y sus leyes sean una segunda naturaleza para tus empelados y corre a cualquiera que no muestre interés en ellas. Este es el camino para que un negocio notable crezca.




NOTAS RELACIONADAS