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POR Oscar Herrera

No perdamos oportunidades  Hablar de oportunidades significa que algo puede ser conveniente, que puede haber un momento oportuno para obtener un provecho o para realizar una acción; vaya, se trata de...

No perdamos oportunidades 

Hablar de oportunidades significa que algo puede ser conveniente, que puede haber un momento oportuno para obtener un provecho o para realizar una acción; vaya, se trata de aprovechar algo que se nos atraviesa para lograr una mejoría. 

   Tal es el caso cuando recibimos una visita o llamada de algún profesional que se dedique a las ventas, por ejemplo de: fondos de inversión, planes funerarios, automóviles, bienes inmuebles, reestructura de créditos hipotecarios, seguros, afores, programas de capacitación, publicidad, conferencias, asesoría contable, fiscal, financiera, jurídica, organizacional, entre muchos otros temas que a diario se mueven en México y en el mundo.

   Lo más común, es que como consumidores potenciales, tendamos a rechazar a este tipo de profesionales que nos buscan para platicarnos sobre sus herramientas y estrategias. “No me gustan los vendedores” solemos decir; o incluso, cuando
somos más arrogantes y petulantes, hasta nos atrevemos al “yo no necesito”, “ya tengo”, “no me interesa”. En opinión de su escribidor, son frases que reflejan ignorancia, y cerrazón ante posibles oportunidades que podrían estarnos pasando de largo, simplemente porque pensamos que estamos demasiado ocupados o que se trata de gente que solo quiere ´vendernos algo´.

Hasta aquí es importante reflexionar sobre dos aspectos.

   Primero, que se mencionó la palabra profesional, es decir, que la persona que nos busca en verdad conoce sobre la industria que representa, y que por tanto nos puede agregar valor si lo escuchamos; desde luego, esto es muy fácil de identificar al platicar un par de minutos con una persona, de inmediato sabemos si se trata de alguien con seriedad o si le falta preparación. 

    Segundo, el hecho de que pretendan vendernos algo, pues si lo pensamos con detenimiento, ¿qué hay de malo en ello? ¿Acaso no todas las personas nos dedicamos a las ventas? Imagine que su jefe lo recibiera pensando: “qué querrá mi subordinado, de seguro proponerme una mejora en su área o un nuevo proyecto, que flojera que venga a venderme una buena idea”, o que al acudir a una entrevista de trabajo, el reclutador nos recibiera pensando: “que lata con estos desempleados, de seguro quieren que alguien los contrate, han de venir a venderme su experiencia y habilidades”. Insisto, todos nos dedicamos a las ventas, hasta con nuestros cónyuges y familia, piénselo con detenimiento y encontrará decenas de ejemplos.

    Pues bien, así de absurdo es nuestro comportamiento cuando nos visita algún profesional para ofrecernos sus servicios, pareciera que estamos negados para escuchar; un tiempo razonable, sobre algún tema razonable; información que puede sernos de ayuda para nuestra vida personal y profesional.

    Algo similar sucede en las bolsas de trabajo o redes sociales que ayudan a expandir los contactos profesionales de los usuarios, pues es común ver anuncios de gente que solicita trabajo, dando a conocer sus múltiples habilidades y experiencias, pero aclara que no le interesa trabajar en ventas, que por favor se abstengan de invitarlo a incorporarse
a alguna industria que funcione en base a comisiones e incentivos. ¡Caray, pues entonces, ¿de qué quiere trabajar?! 

    ¿Acaso un desarrollador de software no le vende mejoras continuas a su gerente? ¿Un director general, no le vende a los accionistas la idea de que reinviertan sus utilidades en un nuevo proyecto, en vez de que se paguen un dividendo? ¿Un ingeniero de producción no le vende al comité de inversiones los ahorros que es capaz de lograr si lo apoyan implementando un nuevo proceso o un nuevo equipo? ¿Un arquitecto no le vende a una familia con ahorros la ilusión de una nueva casa? ¿El jefe de recursos humanos, no le vende al empresario la necesidad de implementar nuevos controles para reducir la rotación de personal? Y así le podemos seguir. Entonces, ¿cómo que no queremos trabajar en ventas? ¿cómo que no queremos tener nada que ver con los vendedores? Pues si eso somos todos, a eso nos dedicamos todos, solo varía la forma en la que obtenemos nuestros ingresos: permanentes o variables, fijos o crecientes; pero al final del día, todos vendemos lo que poseemos o generamos, tangible e intangible, para lograr progreso y mejores oportunidades.
Es un asunto de condición humana, de sentido común.

Amable lector, recuerde que aquí le proporcionamos una alternativa de análisis, pero extraer el valor agregado, le corresponde a usted.




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