prolife

POR Jesús Abbud Yepiz

Antes de hablar de los demás piensa en Los 3 filtros de Sócrates

 Si no es verdadero, ni bueno, ni necesario… sepultémoslo en el olvido… 


 Las palabras son tan poderosas que son capaces de destruir la reputación de una persona en un abrir y cerrar de ojos. Son tan dañinas que, independientemente de su veracidad, son capaces de derrumbar familias, Presidencias de la República y cualquier tipo de influencia y prestigio. 

       Las personas en general somos muy poco cuidadosas al momento de expresarnos o de compartir información respecto algún tema o persona. No nos tomamos el tiempo de verificar si lo que vamos a comunicar es cierto, simplemente hablamos de lo que escuchamos decir y, a través de nuestro juicio y experiencia, valoramos la veracidad de lo dicho. En muchas ocasiones, historias que son completamente falsas se convierten en relatos que, la mayoría del colectivo, considera reales e irrefutables; líderes pierden su prestigio e influencia debido a un embuste bien contado y, sobre todo, perfectamente distribuido. 


       Tanto daño nos hemos causado con el uso irresponsable del habla y la escritura, que debiésemos detenernos un poco antes de emitir juicios subjetivos, pero, sobre todo, debiésemos ser cautelosos al momento de dispersar a diestra y siniestra sin fundamento alguno, información acerca de algo o alguien.  Sobre el tema, Sócrates, el gran filósofo clásico ateniense, considerado como uno de los más grandes, nos alecciona a través de su dialogo “Los tres filtros: Verdad, Bondad y Utilidad” que a continuación se transcribe: 


 Un discípulo llegó muy agitado a la casa de sócrates y empezó a hablar de esta manera: 
-“¡maestro! Quiero contarte cómo un amigo tuyo estuvo hablando de ti con malevolencia…” 
Sócrates lo interrumpió diciendo: 
-“¡espera! ¿ya hiciste pasar a través de los tres filtros lo que me vas a decir? 
-“¿los tres filtros…?” 
-“sí” – replicó sócrates. -“el primer filtro es la verdad. ¿ya examinaste cuidadosamente si lo que me quieres decir es verdadero en todos sus puntos?” 
-“no… lo oí decir a unos vecinos…” 
-“pero al menos lo habrás hecho pasar por el segundo filtro, que es la bondad: ¿lo que me quieres decir es por lo menos bueno?” 
-“no, en realidad no… al contrario…” 
-“¡ah!” – interrumpió sócrates.- “entonces vamos a la último filtro. ¿es necesario que me cuentes eso?” 
– “para ser sincero, no… necesario no es.” 
– “entonces -sonrió el sabio- si no es verdadero, ni bueno, ni necesario… sepultémoslo en el olvido…” 


 ¡GRAN LECCIÓN! 
Busquemos con esfuerzo diario pasar los tres filtros de Sócrates antes de enjuiciar con nuestras palabras a los demás. El aseverar hechos o circunstancias que no nos constan, más que a través de la boca de un tercero, es ser irresponsables. Aún peor, si lo que tenemos que decir no es algo bueno ni es de utilidad para nadie. La verdad desde mi ignorancia.  




NOTAS RELACIONADAS