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POR Jesús Abbud Yepiz

Andrés Manuel López Obrador, Presidente electo de nuestro país, declaró hace unos días que México se encuentra en bancarrota, desatando con ello un sin número de reacciones que, en su gran mayoría, catalogaron sus palabras como ¨irresponsables¨ y ¨perjudiciales¨ para la imagen de México ante el mundo.

Si bien es cierto que el término utilizado por Andrés Manuel no es el más adecuado financieramente hablando, ya que, si lo dicho fuera cierto, México se encontraría imposibilitado de hacer frente a sus obligaciones financieras y, por consiguiente, no habría recursos suficientes para cubrir las necesidades más elementales en términos de servicios públicos y estaríamos viviendo una severa crisis económica,  la realidad es que también los mexicanos estamos inmersos, desde ya hace tiempo, en un juego sin sentido con los medios de comunicación que satanizan o santifican, según sus conveniencias, cualquier acto de políticos o personajes públicos.

Me parece bobo suponer que los inversionistas extranjeros van a retirar sus capitales del país por los comentarios realizados por López Obrador y, más aun, me parece insensato creer que haya personas que puedan pensar que la imagen de México se haya visto ¨manchada¨ por sus comentarios, cuando lo que lacera y destruye nuestra imagen como nación son los más de 3 gobernadores corruptos que a través de sus administraciones realizaron fraudes multimillonarios al erario público de sus estados o la violencia en el país que ha experimentado sus índices más altos de los últimos años o la monstruosa desigualdad que vivimos y vemos todos los días o la lastimosa estafa maestra del gobierno federal en contubernio con distintas universidades, o un nulo estado de derecho. Si esto no ha hecho que los inversionistas desconfíen de México, no sé qué pueda hacerlo.

En cambio, me parecería objetivo cuestionarle a AMLO las inconsistencias de sus declaraciones y apreciaciones, ya que, por ejemplo, recién se supo ganador de la contienda electoral, su discurso fue mesurado, equilibrado y conciliador, reflejando incluso un tono un tanto adulador con el gobierno saliente, pero, al fin de cuentas, en política no hay nada escrito y como aprendizaje del caos ocurrido por sus declaraciones, habrá que pedirle al próximo jefe del Poder Ejecutivo de México, un poco más de mesura y objetividad en el uso de las palabras y, por supuesto, exigirle mitigar o erradicar esos actos que en verdad manchan y degradan la imagen de México ante el mundo.

La verdad desde mi ignorancia.




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