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POR Pilar González

Las trampas organizacionales

He utilizado la palabra trampa en varias de mis conversaciones con directivos, gerentes y colaboradores a los que he ofrecido un proceso de Coaching. Me refiero a esta palabra como aquellas situaciones que pasamos por alto y que terminan siendo una limitación para nuestro crecimiento. Por ejemplo, un gerente que está convencido de que un control excesivo de las tareas que deben realizar sus colaboradores es estratégico para alcanzar buenos resultados; termina siendo paradójico. Dicho control provoca una incomodidad por parte de las personas al grado de que disminuyen su productividad. Se va creando una percepción en el colaborador, de que no se tiene confianza en sus capacidades, una percepción que parece pasar inadvertida por los directivos, que en su necesidad de creer que las cosas marchan bien, crean una falsa imagen de salud empresarial.

Otro ejemplo es la incapacidad que se tiene para manejar temas de relaciones interpersonales, con el pretexto de que éstas no afectan de manera directa en el cumplimiento de objetivos, como si realmente creyéramos que las aspiraciones, anhelos, inquietudes, miedos, deseos e intereses de las personas no son pieza clave para lograr un mejor desempeño -basta con pensar en la importancia que tiene la relación entre objetivos organizacionales y objetivos particulares de los colaboradores-.

El no ver o no querer ver esta incapacidad o antagonismo entre tales objetivos resulta en una trampa para la administración, que en su intento de parametrizar el comportamiento –lograr que todas las personas se comporten de una determinada manera- se aleja del cumplimiento de los objetivos.

Al final del día, la atención se centra en establecer formas de trabajo con pensamientos e ideas unilaterales, creadas más por la alta gerencia o el equipo administrativo, con la falsa idea de que sean entendidas y alcanzadas por los siguientes niveles jerárquicos. Se intentan maximizar los beneficios y minimizar costos a través de la subdivisión de tareas que permitan mayor control y que de manera contradictoria los aleja de los resultados que se esperan.

Como si fuera poco, se parte del principio de que las personas no deben mostrar sus emociones y mucho menos si éstas son negativas, atribuyéndolas a un desorden psicológico. El desorden no es la demostración de tal emoción, sino la incompetencia de los gerentes y jefes para manejarla. La trampa surge por no querer, o no poder, escuchar a las personas; reforzándose los sentimientos negativos hacia la organización por parte del colaborador.

 El antagonismo entonces se manifiesta en todo su esplendor, entre las necesidades, expectativas, intereses y aspiraciones del individuo y el sistema de la organización y sus objetivos e imposiciones. Se va creando una tensión constante con el tiempo, que puede convertirse en un enemigo indestructible, aún con los mejores esfuerzos por sobrevivir como empresa. En palabras de Chris Argyris “como si existiera una conciencia de que la vida esconde un sentido”. Si ese sentido no se desafía y no se experimenta en niveles cognitivos más altos, difícilmente la organización aprenderá a un buen ritmo.

Por lo anterior, ¿qué beneficio tenemos el reparar sobre estas trampas? Primero, una primera aproximación para ver a la empresa de manera diferente; en donde comencemos a cuestionarnos la utilidad de tener unidades organizacionales con líderes que quieren tener todo bajo control –como si esto fuera posible- apoyados en una jerarquía inflexible. Segundo, obtenemos la posibilidad de cuestionarnos la forma en que buscamos que los colaboradores se adhieran al sistema y a las prácticas establecidas, y cómo estas mismas prácticas podrían ser contradictorias para los esfuerzos de crecimiento e innovación empresarial.

Con esto, nos quedan muchas preguntas por formular. Los invito a externarlas a través de escribir a esta revista a editorial@prochihuahua.mx vamos juntos creando una nueva forma de ver a las organizaciones, como entes vivos que son, que se alegran y padecen, que se equivocan y triunfan…




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