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POR Jesús Abbud Yepiz

El ser humano tiende a transformar un gran descubrimiento o importantes avances tecnológicos en armas contra su propia integridad. Uno de los ejemplos más recientes y claros son las redes sociales.

El ser humano tiende a transformar un gran descubrimiento o importantes avances tecnológicos en armas contra su propia integridad. Uno de los ejemplos más recientes y claros son las redes sociales.

El acceso a internet está cada vez más al alcance de gran parte de la sociedad y en consecuencia las redes sociales. Estas han tenido como principales usos –de los buenos- el garantizar el acceso a la enorme gama de información que circula en la red, comunicar a las personas a gran distancia a un precio muy accesible, democratizar los medios de comunicación y denunciar de manera pública injusticias, corrupción y otros delitos. Sin embargo, el ser humano ha sabido cómo darle un uso nocivo que atenta contra la propia sociedad en su conjunto. Hoy en día, el difamar y pisotear el nombre de una persona es tan fácil como encender una computadora o un dispositivo móvil “inteligente” y acceder a una red inalámbrica de internet privada o pública. Los más cobardes crean perfiles falsos y desde ahí avientan su veneno, en total anonimato y, por ende, con total impunidad. Quizá, acusaciones sin fundamento vertidas en las redes sociales no trasciendan desde un punto de vista jurídico, sin embargo, la imagen y prestigio de las personas se ven socavadas por comentarios sin motivación y fundamento de quienes basan su comportamiento en envidia o coraje.

En el ambiente político mexicano es práctica común que a través de las redes sociales se busque desacreditar la integridad de los contrarios debido al gran número de usuarios de estas redes, por medio de historias bien armadas pero sin ninguna evidencia en firme que los acredite como culpables de lo señalado. La construcción de una buena imagen personal tarda años para consolidarse a la vista de las demás personas, destruir esta imagen puede tardar no más de 10 minutos.

Las llamadas “guerras sucias” están a la orden del día en este 2018 por ser el año más grande en la historia de México, electoralmente hablando. Es importante que como ciudadanos sepamos distinguir entre aquellas que puedan tener alguna evidencia de lo dicho y de las que son únicamente palabras sin sustento y que no tienen otra finalidad más que la de distraer a la sociedad a través de sembrar la duda sobre la integridad de algún aspirante. En un país como el nuestro, cualquier acusación de la índole que sea, debe ser dirimida por la autoridad correspondiente en apego a la normatividad aplicable, sin embargo, de manera lastimosa, vivimos en un país infestado de impunidad y por lo mismo las redes sociales han servido de mucho para hacer “justicia” de propia mano ante la inacción de los constitucionalmente obligados. Sin duda, el descrédito que realizan los contendientes a un puesto de elección popular de sus contrincantes y que no pueden comprobar con evidencia en mano sus dichos, envían un mensaje de la baja calidad de aspirantes que tenemos, de esos que solo buscan destruir a su rival político en vez de convencer al electorado con propuestas y soluciones para los cientos de problemas que atraviesa el país, nuestro Estado y municipios.

En conclusión, las redes sociales han abierto el espectro de información sobre diversos temas, coadyuvando a mejorar nuestro proceso democrático al permitir tener información de primera mano de los hechos que ocurren en nuestro país, estado y municipio sin tener la necesidad que comprar un periódico o revista impresa; ha permitido también que se denuncien ante la sociedad en general injusticias, corrupción y otro tipo de delitos que, lamentablemente, nuestras autoridades no dirimen. Además de comunicar familias y amigos que se ubican a miles de kilómetros de distancia. Pero también, al mismo tiempo que benefician a nuestra sociedad, también la han ido lacerando gracias a la circulación y viralización de noticias y comentarios falsos sin fundamento ni evidencia alguna que lastiman familias, golpean prestigios que se han erguido a través de arduo trabajo y son capaces de terminar con proyectos profesionales y personales en un abrir y cerrar de ojos.

Las frases como ¨si no es verdad ni coraje da¨, ¨que te valga lo que digan de ti¨, ¨papelito habla¨, y otras tantas más que buscan menospreciar los ataques infundados en las redes sociales, guardan mucha verdad; sin embargo, las calumnias son lacerantes si o si, por lo que es fundamental regular el tema pero sin tocar ni lastimar la libertad de expresión consagrada en nuestra constitución y que con tanto trabajo se ha logrado posicionar.

 

La verdad desde mi ignorancia.




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