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POR PRO Magazine Chihuahua


Por: Javier Prieto

La educación enfrenta grandes retos en sus procesos de formación de líderes al enseñar a sus estudiantes a reconocer que “el verdadero líder no es aquel que reacciona efectivamente a las circunstancias, sino aquel que las sabe anticipar”. En las Universidades, se les enseña a los jóvenes materias que serán obsoletas para cuando estén actuando en su realidad profesional.

   Sería recomendable que las universidades anotaran, en alguna parte del título profesional que entregan, la leyenda común en muchos medicamentos: “caduca en cinco años”. Pensar que lo que aprendimos en la escuela es permanente, es como pensar que el tiempo no hace mella en nuestro aspecto físico, porque no percibimos el cambio al vernos en el espejo todas las mañanas.

       Esto nos exige ser estudiantes perpetuos, mentes inquietas que siempre están buscando una mejor manera de hacer las cosas, siguiendo los dictados de nuevas pasiones positivas; necesitamos seguirnos preparando. Recientemente leí un texto, no recuerdo de quién, que decía: “Si crees que ya terminaste de estudiar, estarás preparado para vivir un mundo que ya no existe; pero si reconoces que debes seguirte preparando, entonces estarás heredando un mundo mejor”

       Otro gran problema de los modelos educativos y programas de formación gerencial, es que en su mayoría están enfocadas a enseñar y perfeccionar habilidades ejecutivas con la promesa de una mejora en los resultados, partiendo de la estrategia de capacitar y reforzar la parte lógica y analítica de los procesos (hemisferio izquierdo del cerebro); es decir, desarrollando habilidades y capacidades gerenciales sin ninguna consideración a las condicionantes relacionadas con la intuición y emociones que se desarrollan en el hemisferio derecho de nuestros cerebros, provocando un desencuentro, que hace perder la efectividad en las intenciones.

       Un líder es aquel que anticipa y no solo el que resuelve; por lo que en un entorno complejo y cambiante como el que ahora vivimos, será indispensable responder a las necesidades de lo que habrá de venir y no solo convertir a las personas en ejecutores eficaces de lo que se está presentando.

       Si consideramos que la principal expectativa de la actuación de un líder es la ejecución efectiva, anticipando las circunstancias que enfrenta, esto nos obliga a pensar no solo en el líder del equipo sino en la articulación y alineamiento de él o ella con todo su equipo. Un líder reconoce que no puede solo, por lo que tiene que generar en su equipo un estado de ánimo que capitalice sus fortalezas para así poder crear el movimiento transformador y poder enfrentar los grandes desafíos que vendrán. Eso se llama integrar un equipo de Alto Desempeño. Claramente las respuestas nos alertan sobre los grandes cambios requeridos para enfrentar los retos del nuevo entorno que vivimos; aunado todo esto a las nuevas actitudes necesarias: integridad, responsabilidad, comunicación efectiva, autoestima, autocontrol, flexibilidad, adaptabilidad al cambio, etc.




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