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POR Oscar Herrera

    Los seguros de gastos médicos mayores han ganado terreno entre la población mexicana, cada vez tenemos mayor cultura sobre la necesidad de protegernos y contar con ellos; son instrumentos...

 

Los seguros de gastos médicos mayores han ganado terreno entre la población mexicana, cada vez tenemos mayor cultura sobre la necesidad de protegernos y contar con ellos; son instrumentos que nos permiten hacer frente a los altos gastos que originan las enfermedades, sobre todo las más graves.

El crecimiento de pólizas emitidas durante los últimos 20 años, también han generado fuertes distorsiones en la industria, obligando a que las compañías aseguradoras tomen decisiones difíciles en aras de garantizar la sustentabilidad y permanencia en el mercado.

Por el lado de los usuarios, es común escuchar quejas sobre el aumento de precios que cada año se presenta, situación que abona a que cada día se conviertan en un producto más exclusivo y elitista. Claro que también son una necesidad, pero una necesidad cada vez más difícil de satisfacer.

En opinión de su escribidor, afirmar que los seguros de gastos médicos mayores son onerosos, no es lo más preciso para esta industria. El precio de venta de los seguros es solo una consecuencia de la realidad que vive la industria médica en México y en el mundo.

Lo más riesgoso para una persona o familia, no es tener que pagar el costo anual de su póliza de seguro, sino enfermarse o padecer un accidente grave y no contar con un respaldo económico para pagar la atención médica necesaria.

 Los tratamientos médicos, por sencillos que sean, tienen precios exorbitantes, realmente impagables para el 90% de la población del país. Según las estadísticas que reflejan el poder adquisitivo de los mexicanos, solo entre el 5% y 10% de la gente contaría con un patrimonio suficiente para hacer frente a una enfermedad grave.

Según la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros (AMIS), la inflación médica de 2016 a 2017 asciende a 16.4%, una cifra tres veces mayor a la inflación promedio del país. Este indicador, se pondera de acuerdo a la inflación particular de distintos rubros, por ejemplo: los medicamentos que reflejan un 19.1%; las intervenciones quirúrgicas que registran 12.2%; los análisis clínicos que rondan el 13%; o los servicios de hospitalización que crecen al 12.2%; entre otros renglones.

Con estos números, resulta entendible que las compañías aseguradoras también incrementen sus precios entre un 10% y un 15% anual, hablando en grandes números. ¿Cómo podría una compañía sostener durante años el precio de las coberturas a sus clientes, si cada vez que acudimos al hospital y utilizamos nuestro seguro, las cuentas crecen exponencialmente? Es ilógico, no hay manera.

Para las aseguradoras no hay de otra, o nos comparten el costo a los clientes, o cierran el changarro.

La salud de los mexicanos tampoco ayuda, pues ya son más de 11 millones de personas las que padecen diabetes, una de cada 10 para fines prácticos.

Algo peor ocurre con las enfermedades cardiovasculares, pues una de cada tres personas las padece; es por eso que hoy en día, un infarto sin complicaciones, cuesta al menos $800,000 pesos. ¡Imagínese entonces el nivel de reservas que una aseguradora tiene que manejar para poder hacer frente a esta exposición al riesgo!

La verdad es que resulta imposible que no incrementen los precios de las coberturas médicas. Sería necesario que la salud de la población mejorara, que modificáramos nuestros hábitos alimenticios y de actividad física, que nos cuidáramos más. Pareciera algo utópico.

Tenemos que modificar nuestras expectativas respecto a lo que viene para las pólizas de gastos médicos: cada día serán más costosas. Toca cambiarnos el chip sobre nuestro seguro de gastos médicos mayores, comprender que en cuestión de la industria médica, no existe el pastel gratis.

Amable lector, recuerde que aquí le proporcionamos una alternativa de análisis, pero extraer el valor agregado, le corresponde a usted.




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