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POR Jesús Abbud Yepiz

Una revolución capaz e inteligente

No se tiene un número exacto de la cantidad de muertos que hubo durante la Revolución mexicana. El análisis más reconocido es el de 1993, cuando Manuel Ordorica y José Luis Lezama realizaron un análisis demográfico de nuestro país, apoyado por el Consejo Nacional de Población, y llegaron a la cifra de 1.4 millones de muertos, 1.1 millones de nacimientos frustrados, 400 mil emigrados, y medio millón en error censal para un total de 3.4 millones de vidas afectadas por la revolución.


      Nuestro país se encuentra sumergido en un severo y peligroso estrés social, en su mayoría motivado por causas legítimas que tienen que ser atendidas y por ninguna circunstancia quedar impunes; y en otro tanto, hay que decirlo, por una oposición infiltrada en las protestas genuinas de los ciudadanos y ciudadanas, que busca desestabilizar a la sociedad, acompañados de “revolucionarios” de sofá y cerveza en mano que avientan la piedra y esconden la mano, y en donde su frustración y desacuerdo hacia la autoridad están motivados por la desinformación en redes sociales que se conjuga con una peligrosa apatía de no querer leer más de 140 caracteres, o cualquier otro libro, del tema que sea. 

      Este peligroso estrés que apesta a revolución machetera, y que, sin dudarlo traicionaría el sacrificio de millones de vidas que lucharon por la construcción de una república fundamentada en el imperio de la Ley debe de evitarse a toda costa.  Son los menos –espero- los que creen que los machetes son la solución para darle un cambio radical a nuestro país.

      En cambio, otros han decidido utilizar la razón, pero sobre todo, han elegido ser agentes de verdadero cambio desde la sociedad organizada a través de redes ciudadanas que han conjuntado intelecto, recursos, esfuerzo y voluntad genuina para exigir y hacer valer sus derechos: La Sociedad Civil.

 

El Capital Social de México
Según un informe sobre Desarrollo Mundial elaborado por el Banco Mundial, se consideran cuatro tipos de capitales en los países, mismos que representan la riqueza de las Naciones: Activos Naturales, Activos Producidos, Capital Humano y Capital Social. Para el Banco Mundial,  el Capital Social es “la aptitud de la sociedad civil para asociarse en redes comunitarias transversales, no jerárquicas, pluralistas, en constante persecución del bien común, amalgamando distintos niveles sociales en la misma institución o emprendimiento”.

      El capital social en nuestro país ha ido evolucionando y tomando mayor fortaleza en los últimos años y para muestra, entre otros esfuerzos significativos, está la iniciativa ciudadana recién aprobada en el Senado de la República llamada Ley General de Responsabilidades Administrativas mejor conocida como “Ley 3 de 3” que forma parte del acervo legislativo de la nación para combatir a uno de sus principales enemigos: la corrupción. 

      Lamentablemente esta iniciativa ciudadana se vio “adelgazada” por diversas modificaciones de los legisladores, pero es indudable que la sociedad civil ha hablado, y más importante aún, ha sido escuchada y tomada en cuenta. Este logro debe de ser la coyuntura que México necesita para que la revolución nazca a través de un lápiz, papel y manifestaciones pacíficas; y aunque la victoria total de la sociedad civil aún se encuentra lejos y cuesta arriba para que el gobierno democratice sus decisiones, las organizaciones deben seguir presionando a los congresos locales de las entidades federativas para realizar las reformas necesarias a sus constituciones, y posteriormente, dar creación a Leyes secundarias en materia de participación ciudadana para que finalmente se logre un genuino empoderamiento ciudadano en las decisiones trascendentales del desarrollo de nuestro país, dándole así, el tiro de gracia a la simulación democrática de nuestro sistema.

      Por último, fundamental entender y aclarar que, como ya se ha visto, ni los independientes ni la alternancia en el gobierno son la panacea (medicamento al que se le atribuye la propiedad de curar muchas o todas las enfermedades) de nuestro país; de igual manera, las organizaciones de la sociedad civil no son la respuesta total al desarrollo personal y colectivo de nuestra sociedad, sino solo son una pequeña, pero fundamental parte de ello. La verdad desde mi ignorancia. 

 

 

 

 

 




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