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POR Alexandra Guerrero

Verónica es una artista menonita apasionada.

Gracias a sus aprendizajes de infancia en un estilo de vida tradicional, como correr descalza en la tierra y ayudar a su mamá en los jardines caseros, pudo apreciar lo bello de la naturaleza desde muy joven. Cuando creció, sintió la necesidad de estudiar arte y tuvo la fortuna de poder hacerlo, aunque no era algo común para una mujer en los campos menonitas.

      Estudió Artes Plásticas e Historia del Arte en Vancouver, Canadá. Cuando regresó a México después de doce años, tuvo la oportunidad de tener su propio taller de cerámica en los bellos paisajes de los campos menonitas, donde ha experimentado y aprendido su propio estilo con el barro. Al vivir en el bosque chihuahuense y preservar la herencia de mujer menonita, todas sus piezas están inspiradas en la cocina y las tradiciones de su cultura.

      Cocinar es algo que nos fortalece y educa diariamente y es por eso que la gran mayoría de sus piezas son funcionales, lo que significa que todas son libres de tóxicos, vitrificados a temperatura alta como la porcelana, lo que las hace completamente seguras para ser utilizadas en nuestra mesa. Muy seguido tiene en su mente una fruta o un pan, lo que la invita a crear la pieza perfecta para su montaje. Desde que conoció la cerámica de Mata Ortiz en sus estudios en Vancouver, permaneció en el área de cerámica como estudiante de Artes Plásticas. La cerámica ha sido para ella una gran terapia donde no tiene reglas, solo respeta las líneas de la creación, al lado de la naturaleza en un proceso de relajación y meditación, que actualmente es un área creciente referente a la terapia de arte.

       Verónica dedica por lo menos de cinco a seis horas por día en promedio a la creación de sus piezas, a veces más. Desde el inicio con el barro fresco hasta la pieza vitrificada, es un aproximado de cinco a siete días por pieza, dependiendo el tamaño. Tomando en cuenta las quemas, es un proceso que dura más de 24 horas según la temperatura deseada, sus piezas necesitan dos quemas. A parte del trabajo de la cerámica, utiliza madera, acero y otros objetos que puede incorporar después que esté la cerámica vitrificada.

       La gran diferencia entre lo que hace Verónica y entre otras piezas encontradas en el mercado, es que las de ella son funcionales lo que significa que son vitrificadas y resistentes a temperaturas altas y líquidos. Lo que hay en el mercado local son la mayoría del tiempo piezas decorativas de baja temperatura, lo que significa que contienen ingredientes tóxicos para el consumo humano, como plomo y otros metales pesados que normalmente se utilizan solo como decoración.

      Verónica se inspira principalmente en su cultura menonita y estilo de vida enfocada en la cocina tradicional y jardines. Asimismo, sus experiencias como artista visual en el extranjero en una de las ciudades más multiculturales y su continuo contacto con el arte contemporáneo expresado por otros artistas a nivel internacional.

¿Dónde comprar sus piezas?
Directamente con Verónica, bazares de temporada como los navideños y próximamente en galerías y tiendas de Chihuahua, pero siempre hay piezas experimentales en su taller.

En pocas palabras…
En su forma de pensar y disfrutar la vida diaria, le gusta apreciar la buena comida, la procedencia de sus ingredientes, así como los materiales con que fueron hechos los recipientes en los que come, ya que cree fielmente en la protección del medio ambiente lo más posible en cada actividad humana.

En el año 2015 ganó el 2º. Lugar en el X Concurso Estatal de Artesanía Chihuahuense en la categoría cerámica




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