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POR Editorial PRO Magazine

Estamos ante la cultura del emprendimiento...

Texto de Mariana Ramírez, Escritora en Vogue. - ¿Jornadas laborales de 10 horas? ¿6 días de vacaciones al año? La Generación Y tiene algo que decirte: el esquema laboral tradicional no funciona.

Te levantas todos los días a la misma hora, te arreglas y sales de tu casa rumbo a la oficina. Al llegar, un habitual pitido te recibe al checar tu hora de entrada con tu gafete en el lector de la recepción. Te sientas en tu escritorio con la primer taza de café en la mano y así transcurren las siguientes 8-10 horas de tu vida, entre tecleos, juntas, cadenas de e-mails y demás tareas pendientes. Al finalizar tu jornada laboral, el mismo pitido que te recibió te despide. Si eres una persona activa, tal vez te dirijas al gimnasio o compartas un café con una amiga, si no, tu casa te recibirá gustosa para un pequeño rato de ocio con Netflix antes de ir a la cama. Y así, sin más te encuentras atrapado en la pesadilla de todo millennial: la gris y rutinaria vida corporativa.

Y es que seamos serios, el modelo de trabajo convencional no parece muy tentador para la “Generación Y”. Aunque la lista de pros es larga -seguro de gastos médicos, estabilidad económica, AFORE, vales de despensa, etc -la de contras pareciera ganar la batalla con un punto muy clave: sacrificar tu tiempo libre y depender de otra persona. Los millennials no quieren un trabajo, quieren una vida. El pensamiento ha cambiado radicalmente, no es que estemos ante un grupo de gente que no quiera trabajar, estamos ante un grupo de gente que quiere trabajar en el cambio. Que sueña en grande y quiere ser relevante, rehusándose a formar parte de un sistema corporativo. 

Por eso, y más, estamos ante la cultura del emprendimiento. ¿No quieres ser un insignificante integrante de un gigante empresarial? Entonces crea tu propia empresa. ¿Quieres horarios flexibles y libertad creativa? Entonces busca trabajar en una start-up. La premisa pareciera ser sencilla de entender: mientras los millennials crecieron viendo a sus padres sacrificar su vida personal por la laboral, ellos no están dispuestos a hacer lo mismo. No sólo quieren ser elementos activos del cambio, además, quieren disfrutar de la vida en el camino. 



Mi caso es un claro ejemplo de ello. Cambié un trabajo estable con la intención de emprender un proyecto propio mientras colaboro con empresas como freelance. ¿El resultado? Tal vez un poco de inestabilidad económica, pero definitivamente una vida más feliz. La clave está en que la sensación cambia automáticamente al trabajar por mí y para mí. Los logros son míos y de nadie más, y lo mismo sucede con los errores y los resultados. 

Y al conversar con mis amigos y conocidos, es fácil encontrar un hilo conductor. La gran mayoría odia la vida del godinez, y espera una mágica señal del destino para dejar sus trabajos y emprender una nuevo camino profesional. Es aquí donde tenemos noticias: jamás pasará. El momento perfecto para perseguir tus sueños es aquí y ahora, cuando no tienes una familia que mantener ni una hipoteca que pagar.



Aunque, por supuesto, esta no es una regla universal de los millennials. También existen quienes son felices formando parte del sistema corporativo, a quienes el pitido del lector de gafetes le produce felicidad y desean con ansias ver su nombre escalar dentro del organigrama empresarial. Y se vale, al final del día, todos queremos ser parte de algo. 

Sólo podemos concluir una cosa: si para el 2020 los millennials representarán el 40% de la fuerza laboral, tal vez estemos antre el fin del godinato…

 




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