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POR PRO Magazine Staff

Estudios de diversas universidades del mundo y centros de investigación revelan que la falta y poca calidad de sueño tiene un impacto significativo en la salud cerebral y la calidad de vida de las personas.

Cada día, la ciencia descubre más y nuevos efectos del sueño en nuestras vidas. Aumentar las horas que dormimos al menos 8 horas cada noche y mejorar la calidad del sueño, según las investigaciones, nos ayudará a reducir significativamente los riesgos asociados con el sueño mencionados anteriormente. Pero, ¿cómo logramos esto? Para mí es fundamental, además de establecer una rutina para el dormir con horarios fijos, los niveles de iluminación, temperatura y de ruidos, pero sobre todo tener una cama adecuada y recordar que la cama es sólo para dormir y, obviamente, para tener relaciones íntimas.

La cama adecuada implica el confort a tu gusto y el soporte correcto para tu cuerpo dependiendo de tu posición dominante para el dormir. No todos los colchones son buenos para todas las personas, estos son un producto muy personal. Por ello, es importante visitar a un especialista que te ayude a hacer la selección del colchón adecuado para ti.


Recuerda que allí pasarás la tercera parte de tu vida y que, gracias a él, obtienes la cantidad y calidad del sueño requerido, minimizando los riesgos que pueden afectar tu salud y, así, tener una mejor calidad de vida. ¿Qué esperas para ir hoy mismo a buscar el colchón que mereces? No escatimes, es la mejor inversión de tu vida. Está comprobado y tu pareja te lo agradecerá.

Riesgos relacionados con la falta del sueño:

  • Mayor riesgo de accidentes de tráfico y de trabajo.
  • Disminución en la capacidad para aprender, recordar y realización de tareas.
  • Menor capacidad creativa y productividad en el trabajo y la vida diaria.
  • Se incrementa el riesgo de demencia y Alzheimer.
  • Baja en el rendimiento deportivo.
  • Mayor riesgo de obesidad, diabetes tipo 2, cáncer, hipertensión, osteoporosis y enfermedades cardiovasculares.
  • Baja general en el sistema inmunológico.
  • Menor capacidad para regular las emociones y percepciones.
  • Menor rendimiento escolar y laboral.
  • Mayor susceptibilidad a problemas estomacales, úlceras y a sufrir enfermedades crónicas como la depresión.
  • Se acelera el proceso de envejecimiento.



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