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POR PRO Magazine Staff

Versa una canción de Silvio Rodríguez “Yo no sé lo que es el destino, caminando fui lo que fui, allá Dios que será divino, yo me muero como viví” (El necio, S. Rodríguez) y es bastante cierta. Hoy...

Versa una canción de Silvio Rodríguez “Yo no sé lo que es el destino, caminando fui lo que fui, allá Dios que será divino, yo me muero como viví” (El necio, S. Rodríguez) y es bastante cierta. Hoy cumplo dos semanas de haber egresado de la Facultad de Artes Escénicas y creo que esta frase toca a cualquiera que se encuentre en una situación de indecisión ante el futuro.

Últimamente me he encontrado con compañeros, amigos, familiares, que se encuentran con esa sensación de incertidumbre, en su mayoría jóvenes de mi edad o aproximadas. Jóvenes que tienen sueños, planes y aspiraciones, pero no saben cómo llevarlas a cabo. Siempre que inicio mis conversaciones con ellos y detecto esas dudas, pregunto: ¿En dónde te ves en diez años? Y la respuesta a esta pregunta es de suma importancia para discernir el miedo por el futuro.

“Yo me muero como viv텔 y exactamente, así debe de ser. Nuestro fin máximo es proporcional a los pasos grandes o pequeños que uno va dando. Es por ello que debemos buscar lo que más amamos en el mundo. Para mí, la mediocridad está en una persona que no tiene la fuerza suficiente para luchar por lo que más ama. Es lo único que pienso y pensaba cuando la gente me decía “¿Teatro? Y, ¿de qué vas a vivir?” Pues, obviamente de teatro, porque daría mi vida entera por estar en el escenario.

Claro, eso no sucede de manera gratuita, probablemente habrá momentos donde tendré que hacer cosas que no me gustan precisamente, dónde me pelearé con mis padres o tendré que pasar hambres, pero al igual que en la guerra, uno no debe quitar el dedo del renglón. Y hay muchas oportunidades para poder terminar la escuela y empezar a moverse por el mundo que se eligió como profesión para toda la vida. La principal, y más importante, comienza justamente en el aula, con las personas que ya laboran en lo que uno aspira, y sí, son los maestros.

Una vez, Vicente Galindo, maestro mío en la Escuela de Teatro nos dijo en clase que, los primeros en recomendarte el día de mañana serían los maestros y ellos se basarían en nuestro desempeño como alumnos para esas recomendaciones. Y claro, ¿cómo recomienda un maestro a un alumno que no llega temprano al aula, que es irresponsable, que no cumple con los lineamientos? Difícilmente yo accedería a trabajar con alguien así. Y es que muchas veces uno piensa que el futuro es lejano, y que la escuela es sólo una etapa, pero cuando estamos estudiando nuestro ámbito profesional, todo esto es imprescindible. Es una manera de emprender.

Estoy realmente feliz de poder compartirles que el pasado 15 de Junio del 2016 se presentó en la Gran Sala del Teatro de la Ciudad la obra “Fuenteovejuna” trabajo de aula seleccionado por la dirección de la Facultad para participar en el Encuentro Estatal de Teatro Nuevo León, y con mis compañeros de grupo, viví nuestra primera experiencia laboral de manera profesional. Ir a ensayar, llegar temprano, aprenderte líneas, respetar al director, calentar antes del ensayo, el cotilleo y la presión que existe en un trabajo que participa en un Encuentro…a estas cosas me refiero cuando digo que la escuela y los maestros, son los primeros en darte una proyección cuando el alumno destaca.

Y es realmente sencillo ser un buen alumno cuando uno está en el lugar correcto. Cuando uno sabe que cada pequeño paso que da, va a ir encaminado hacia la lucha por vivir de lo que uno más ama. Cuando uno no sabe qué es el destino, pero sabe que morirá como vivió busca que sea haciendo algo que lo motive a despertar todas las mañanas.

Articulo por: Karla Soto




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