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POR Víctor Melgarejo

Cuando ya sabemos a dónde queremos llegar, lo único que falta es avanzar.

Las grandes épicas griegas enmarcan los acontecimientos cotidianos, en ocasiones no nos damos cuenta de ello, por ejemplo Jasón y su tripulación, los argonautas por el nombre del barco “Argos”, van en busca del vellocino de oro, una historia donde al héroe se enfrenta a tareas imposibles pero sale airoso por la colaboración de su equipo, la ayuda de externos y la tenacidad de él.

Una persona tiene dos caminos profesionales normalmente, el incorporarse a una organización o emprender un proyecto personal, ahí es donde debe comenzar el trayecto, se puede preparar de diversas formas desde prácticas, participación en eventos, pláticas, etc. Pero la pregunta personal después de esto es: ¿y… luego?, ¿qué hago?, ¿por dónde empiezo?, ¿cómo arranco?

Una buena solución es buscando apoyo, mentoría o guía, esta persona con canas en la mayoría de las veces, puede orientarnos sobre nuestros cuestionamientos y ayudarnos a saber ese ¿y luego? que significa, la orientación se puede dar a través de herramientas, consejos y vinculación.

Debemos saber desarrollar hipótesis sobre el qué queremos y a donde queremos llegar, para poderlas validar y en caso que así sean desarrollar el prototipo para poderlo poner en marcha.

Aquí aparece otro paso complejo, que sería equivalente a esa adrenalina que se siente antes de aventarse del bungee, que ya tienes el equipo puesto, sabes que hay un gran porcentaje de probabilidad que no te pase nada, porque ya está probado el equipo de seguridad, pero aun así tienes esa incertidumbre de lanzarte, ese paso es el definitivo.

Debemos dar el paso, una decisión se toma en los primeros tres segundos, todo el tiempo que tardamos extra es una validación, entonces, si ya sabes que quiere tu corazón, mi pregunta es: ¿Y luego…? qué esperas. 




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