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POR PRO Magazine Staff

Para tomar las mejores decisiones debes informarte sobre el potencial de tu tierra.

Tras haber desarrollado múltiples casos de consultoría en México, Centroamérica y el resto de Latinoamérica, he tenido la oportunidad de observar cómo consejos de todo tipo —familiares, empresariales e, inclusive, gubernamentales— se enfrentan al reto de tomar decisiones sobre temas inmobiliarios.

Al estar estos lejos de su core business o área de expertise, el común denominador detrás de dichas decisiones es sólo el instinto y la experiencia personal, pese a que cada proyecto implica sumas importantes de inversión.

Estas formas ponen en evidencia una brecha enorme respecto a la dinámica del sector. Con la llegada de vehículos de inversión cada vez más sofisticados y el fondeo de grupos institucionales, la industria vive un proceso de aceleración en México y Latinoamérica. Como muestra de esto, está la gran cantidad de proyectos no sólo en ciudades consolidadas como Monterrey, Guadalajara y Ciudad de México, sino en otras con poca segmentación
de productos o competencia: urbes consideradas hot (o, más bien, casi burned-out) como Mérida, Querétaro y Puebla, o algunas más a punto de encenderse (ready to lit) como Hermosillo, Tijuana, Mazatlán, Irapuato o Tampico, donde prácticamente hay un océano azul para la mayoría de los productos y formatos inmobiliarios.

El dinero es una bomba de tiempo en la chequera. Los CKDs lo saben. Por esta razón abundan land-finders de grupos de inversión que buscan (y presionan) esquemas de aportación, compraventa de tierra, sociedades, etc. Todos empujando decisiones de desarrollo para generar pipeline y, en muchas ocasiones, se encuentra tierra en manos de familias o grupos que desconocen cómo abordar el tema inmobiliario.

En este contexto, el propietario se vuelve obligado a decir adiós a la mera intuición e informarse sobre el máximo potencial de su tierra, ya que el desarrollo inmobiliario sofisticado llegó para quedarse. La competencia ha hecho que las decisiones, aun en proyectos sencillos, se tornen complejas. Lejos están los días en que una corazonada dictaba el tipo de proyecto, el precio de la tierra o la mezcla de usos.

Tomará mucho más que un sketch y dos corridas financieras en Excel para bajar, atraer recursos o tierras de inversionistas, bancos o, incluso, de la familia, y ni se diga de entrar en negociación con fondos
o desarrolladores. Así, para maximizar el valor de una propiedad, es indispensable asumir que el futuro en el desarrollo inmobiliario deberá ser uno de decisiones fundamentadas, informadas, transparentes y ágiles.

POR ROBERTA GUTIÉRREZ LLAGUNO . Orange Intelligence Manager
roberta@orange.com.mx




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