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POR Adriana Lozano

El 2016 fue el año más caluroso desde 1880, según la NASA y la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), y todo parece indicar que el 2017 no se quedará atrás. Es hora de que hagamos algo al respecto.

¿Qué personaje público actual no ha abordado, para bien o para mal, el tema del cambio climático? Lo hizo Al Gore con su documental “Una verdad incómoda” (por el que se ganó, por un lado, una aparición algo controversial en un episodio de South Park y, por el otro, un Premio Nobel). Lo hizo Leonardo DiCaprio con el proyecto “Antes que sea tarde”, creado junto con National Geographic, que resalta la importancia de adoptar tecnologías basadas en energías limpias. Lo hizo hasta el Papa Francisco a través de una encíclica de 190 páginas en las que pide a los gobiernos buscar soluciones concretas a la crisis ambiental. Y esto por nombrar algunos ejemplos populares y recientes, porque se ha hablado del tema desde el siglo XIX.

Lamentablemente, se ha convertido en una problemática más entre las muchas otras que diariamente escuchamos en la televisión o que leemos en distintos portales de noticias. Y así como poco a poco vamos perdiendo sensibilidad ante ciertas noticias relacionadas a la violencia, ya que estamos constantemente saturados de información de este tipo, pareciera que ocurre lo mismo cuando estamos frente a datos sobre el cambio climático. Sabemos que la temperatura media ha aumentado, que el promedio de tierra cubierta de nieve en el hemisferio norte ha disminuido y que la concentración de gases con efecto invernadero ha incrementado, ¿pero qué significa esto y qué podemos hacer al respecto como ciudadanos, consumidores, emprendedores o empresarios?

Primero lo que es primero

Para poder tomar cartas en el asunto, debemos entender los aspectos más importantes y básicos en el tema. Es imprescindible comprender y distinguir, por lo menos, los términos: cambio climático, calentamiento global y gases de efecto invernadero. El primero es definido por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) como  una “importante variación estadística en el estado medio del clima o en su variabilidad, que persiste durante un período prolongado (normalmente decenios o incluso más). El cambio climático se puede deber a procesos naturales internos o a cambios del forzamiento externo, o bien a cambios persistentes antropogénicos en la composición de la atmósfera o en el uso de las tierras”.

Aquí entramos en un punto quizá un poco confuso. La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMCC) hace una distinción entre cambio climático y variabilidad climática. El primero lo atribuyen a actividades humanas (directas e indirectas) que tienen como resultado una alteración, significativa y duradera, en la composición de la atmósfera. La variabilidad climática, por otro lado, se presenta cuando un fenómeno natural genera un comportamiento anormal en el clima (erupciones volcánicas, circulación oceánica, procesos biológicos, etcétera). El ciclo ENOS es un buen ejemplo de esto porque es un fenómeno natural que, según la zona del océano pacífico, eleva o disminuye la temperatura de la superficie del mar cada 3 a 7 años.

Aunque la variabilidad climática tiene un impacto (muchas veces grande) en el cambio climático, eso no significa que nos podemos lavar las manos. Sí, las temperaturas aumentarían y disminuirían ciertos porcentajes sin nuestra intervención, pero nosotros tenemos un papel mucho más protagónico en esto de lo que, muchas veces, nos gustaría aceptar. El calentamiento global, particularmente a partir del siglo XX, ha aumentado considerablemente rápido y no a causa de procesos naturales. La NASA publicó: “estas causas naturales todavía están en juego hoy en día, pero su influencia es demasiado pequeña o se producen demasiado lentamente para explicar el rápido calentamiento visto en las últimas décadas”.

¿Por qué, entonces, suben las temperaturas de esta manera? A causa de los gases de efecto invernadero (GEI). Éstos no son del todo malos, ayudan a mantener al planeta habitable en un proceso natural que conocemos como efecto invernadero. Sin embargo, la emisión de GEI (como bióxido de carbono, metano y óxido nitroso) se ha salido de control y han alcanzado niveles sin precedentes. No deberíamos sorprendernos, nos hemos dedicado a quemar combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas), a deforestar bosques (se estima que la tala de árboles, los incendios y otras formas de degradación forestal contribuyen alrededor del 20% de las emisiones mundiales de carbono), a producir y utilizar fertilizantes y cemento, entre otros.

Se estima que, desde épocas preindustriales, la emisión de bióxido de carbono ha aumentado un 40%. Es imposible, por lo tanto, que los bosques y océanos absorban los GEI a través de procesos como la fotosíntesis; esto causa que la energía solar (el calor) que lanza la tierra al espacio quede, en su mayoría, atrapada entre estos gases y que la temperatura aumente. Lo preocupante es que está sucediendo alarmantemente rápido y, junto con otras variaciones climáticas y contaminantes de vida corta, ocasiona desastres naturales (tormentas, inundaciones, etcétera), sequías, olas de calor, incendios forestales, contaminación del aire, smog, etcétera. Estos efectos están inextricablemente vinculados y son ya una realidad.

No es por asustarlos, pero…

Queda bastante claro que todos debemos estar preocupados al respecto, pero no se trata de agobiarnos unos minutos y pasar la página a otros temas, necesitamos tomar acción. Una de las conclusiones a las que llegaron los científicos en el reporte anual Global Carbon Budget 2017 fue que tenemos hasta el 2050, es decir 32 años, para resolver el cambio climático. Este pronóstico proviene de la idea, generalmente aceptada por científicos y expertos, que para prevenir daños irreversibles al medio ambiente la temperatura global debe evitar un aumento de 2 centígrados por encima de los niveles preindustriales. Lamentablemente, las actividades humanas que mencioné ya causaron el aumento de poco más de 1 centígrado.

De acuerdo a las investigaciones del IPCC, para alcanzar esta meta es necesario que para el 2050 las emisiones de GEI se hayan reducido entre un 40% y un 70% a nivel mundial, y que alcancen un nivel cero o negativo para el 2100. Tarea que no es nada sencilla y para la que se necesitarán importantes cambios en los sistemas energéticos alrededor del mundo. Estos tendrían que enfocarse en la eficiencia y ahorro de energía, dar incentivos para crear fuentes de energía, producir electricidad baja en carbono y en sustituir combustibles fósiles por fuentes renovables. Será indispensable, por lo tanto, una cooperación multinacional en tecnología y creación de capacidades.

Pareciera, sin embargo, que estamos haciendo todo lo posible por sobrepasar ese techo de temperatura. Los autores de este reporte informaron que las emisiones mundiales de dióxido de carbono, que se habían mantenido estables los últimos tres años, aumentarán un 2% a finales del 2017. En otras palabras, llegarán a las 41 mil millones de toneladas. Esto se debe, principalmente, a dos factores: el primero, la economía global tuvo un alza importante. Robert Jackson, uno de los autores del reporte, declaró: “producimos más bienes y eso, por naturaleza, acarrea más emisiones. Por lo que la clave está en producir y consumir de otra manera”. El segundo, China (responsable del 28% de los gases de efecto invernadero) aumentó el uso del carbón un 3.5%.

A pesar de los resultados de este país asiático, no debemos pensar que el uso de este gas está ligado con el crecimiento económico. En los últimos 10 años, países como Alemania, Dinamarca, EE.UU., Francia, Polonia y Rumanía redujeron sus emisiones de carbón al mismo tiempo que fortalecieron su economía. Los gobiernos, por lo tanto, no deben ver esto como un impedimento para invertir en energías limpias. Así que para evitar llegar a ese grado adicional, los científicos del Global Carbon Budget aseveraron: “se requiere emisiones globales netas del cero por ciento para el 2050”. Esto significa que debemos asegurarnos que la cantidad de ese gas liberado a la atmósfera coincida con la que se extrae de ella.

¿Cuáles son las soluciones?

No todo está perdido; al menos no todavía. Mitigar el cambio climático es posible si se ataca desde la raíz al (1) reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, (2) gestionar una transición hacia economías bajas en carbono y (3) usar energías limpias o renovables. Afortunadamente, 194 países de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático se sumaron al Acuerdo de París, un histórico tratado que continuará con los objetivos del Protocolo de Kioto y que busca “reforzar la respuesta mundial a la amenaza del cambio climático, en el contexto del desarrollo sostenible y de los esfuerzos por erradicar la pobreza”. En conjunto, tanto países desarrollados como en vías de desarrollo, se comprometen a tomar acción.

Una de las metas principales del tratado es mantener el aumento de las temperaturas por debajo de los dos centígrados con respecto a la era preindustrial. La siguiente es balancear los gases de efecto invernadero emitidos por actividades humanas con los niveles que los árboles, el suelo y los océanos puedan absorber de manera natural. Esto último se espera alcanzar entre los años 2050 y 2100. Para lograrlo, el mundo tiene que volcar su atención en las energías limpias (bioenergía, eólica, geotérmica, hidráulica, oceánica y solar) y a sus fuentes renovables (el sol, el agua y el viento). Éstas provienen de fenómenos de la naturaleza, se regeneran de manera natural, se encuentran disponibles con periodicidad y, muy importante, no liberan contaminantes.

Las características principales de cada una son las siguientes:

  • Bioenergía: se obtienen a través de residuos forestales, agrarios o pecuarios (biomasa). Dichos materiales pueden ser utilizados, después de un proceso, para producir electricidad, calor o incluso combustibles gaseosos, líquidos o sólidos.
  • Eólica: para transformarla en electricidad, primero debe utilizarse la energía cinética del aire en movimiento. Se logra con la instalación de grandes turbinas eólicas, ya sea en tierra firme, en mar o agua dulce.
  • Geotérmica: la energía térmica del interior de la Tierra puede ser empleada, una vez en la superficie, como electricidad o en aplicaciones de energía térmica, como lo son la calefacción y la refrigeración en áreas residenciales. 
  • Hidráulica: a partir de la energía del agua en su caída se genera electricidad. Una de sus ventajas es que su producción en centrales hidroeléctricas asegura que los picos de la demanda eléctrica sean cubiertos.
  • Solar: la energía del sol, al final de una serie de procesos fotovoltaicos o de concentración solar, puede ser utilizada para producir electricidad o para generar combustibles.

Gracias a ellas, es posible cubrir la demanda de servicios derivados del sector energético al mismo tiempo que se contribuye a mitigar los efectos negativos del cambio climático. El IPCC identificó, además, en el texto “Fuentes de energía renovables y mitigación del cambio climático” una serie de beneficios adicionales: (1) pueden contribuir al desarrollo social y económico de un país, esto gracias a que pueden influir en la creación de empleos, además de reducir los costos de producción y distribución; (2) favorecen el acceso a la energía, sobre todo a la población que no tiene acceso a la electricidad y para los usuarios de la biomasa tradicional; (3) contribuye a la seguridad del suministro de energía, ante cualquier vulnerabilidad del suministro o del mercado.

¿Y México?

Nuestro país, según datos de  la CMNUCC, es responsable del 1.4% de las emisiones globales de CO2. Aunque puede sonar poco, sobre todo si lo comparamos con el 24.4% de China y el 18.6% de EE.UU., México ocupa el lugar número 12 entre los países emisores de GEI. Esta es una de las razones por las que debemos estar muy interesados en el tema, y por la que debemos buscar soluciones concretas de manera inmediata, ya que nuestra economía depende en buena medida de la quema de combustibles fósiles. La otra razón es que, debido a nuestra ubicación geográfica somos especialmente vulnerables al cambio climático (sequías, tormentas, incendios forestales, inundaciones, etcétera). Por lo que debemos trabajar en la mitigación de CO2 y en adaptabilidad.

Como respuesta, el gobierno mexicano ha actuado de distintas maneras. A lo largo de la década de los noventa a la actualidad, se ha comprometido en acuerdos internacionales como la CMNUCC, el Protocolo de Kioto y, actualmente, con el Tratado de París. México, además, fue el primer país en desarrollo en presentar su contribución prevista y determinada (INDC) ante la CoP21 durante el primer semestre del 2015. En ésta se ha impuesto como meta reducir hasta un 30% sus emisiones de GEI para el 2020 y un 50% para el 2050. Sin embargo, vale la pena resaltar que este número está condicionado al apoyo económico y tecnológico que reciba según lo acordado en la Cumbre del Clima en el tiempo previsto.

Ha expedido, por otro lado, leyes y reformas que pretenden impulsar la transición a energías limpias. A finales del 2013, se hizo una reforma en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos (CPEUM) en la que “el Estado procurará la protección y cuidado del medio ambiente […] mediante la incorporación de criterios y mejores prácticas en los temas de eficiencia en el uso de energía, disminución en la generación de gases y compuestos de efecto invernadero, eficiencia en el uso de recursos naturales, baja generación de residuos y emisiones, así como la menor huella de carbono en todos sus procesos”. Se estableció un nuevo marco regulatorio para el sector energético y se permitió la participación de actores estatales y no estatales en el suministro.

 

Dentro de este marco se creó la Ley de la Industria Eléctrica (LIE), en la que se establecen lineamientos de sustentabilidad y obligaciones en la provisión del suministro eléctrico. Tanto las entidades federativas, como las municipales y los particulares pueden participar de manera directa en la generación y comercialización de le energía eléctrica. Se establecen así dos papeles nuevos e importantes: (1) el generador, que debe recibir un permiso de la Comisión Reguladora de Energía (CRE) y quien pretende generar 0.5 MW o más; (2) el generador exento, que es el propietario de una o varias centrales eléctricas. No requiere de un permiso y puede llevar a cabo la generación distribuida, tanto para su consumo como para vender su energía.

“Estamos en un panorama muy conveniente en México, dado que ya se tiene concluido lo que es el proceso de la nueva Reforma Energética. Esto es bueno porque llevó al mercado a un estado de pausa durante un par de años en los que se estuvo a la espera de ver cuáles eran las condiciones y cómo iba a afectar directamente a las economías de los sectores consumidores, principalmente en el industrial”, explicó Héctor Martínez Vivas, Director General y Fundador de Grupo Next Energy, empresa mexicana dedicada a desarrollar proyectos a gran y pequeña escala con energía limpia. “Ahora tenemos un entorno muy ad hoc para la implementación de estos proyectos dado que también se incluyeron unos incentivos muy interesantes tanto fiscales como de obligación”.

Estas obligaciones no van dirigidas a unos cuantos. “Todos los que utilizamos energía eléctrica tenemos que consumir cierto porcentaje de energías limpias a lo largo del tiempo, empezando en el 2018 y concluyendo alrededor del 2024. Esto debido a que México ha suscrito varios compromisos, en particular el acuerdo voluntario en París en diciembre del 2015, en los que se comprometió a tener en 2024 hasta el 35% de la capacidad instalada de energías limpias. De tal suerte, que esto obliga al país a establecer alguna estrategia para que se pueda cumplir con esta meta en cuanto a incentivar el desarrollo y posteriormente la instalación de proyectos de energías limpias”, complementó Héctor Martínez.

Se trata de los Certificados de Energía Limpia (CEL) que fungen como instrumentos de mercado para promover la generación de energía eléctrica a partir de fuentes diferentes de los combustibles fósiles. Deben ser adquiridos por grandes empresas, comercializadores de electricidad y titulares de contratos de interconexión. “Desafortunadamente, mucha gente desconoce que esta es una obligación por ley. La CRE va a ser la que va a estar coordinando, monitoreando y en su caso penalizando a los consumidores que no cumplan con sus porcentajes de consumo de energía limpia. Los sectores industriales que no lo hagan tendrán que pagar una multa, como si fuese un impuesto donde te están forzando a consumir energía limpia a través de la adquisición de los CEL”.

Es hora que participemos de manera activa 

A partir de estas regulaciones, el sector privado puede generar y comercializar energía eléctrica proveniente de fuentes renovables. Esto representa una oportunidad para las grandes empresas especializadas en el sector de energía, pero también para los ciudadanos y emprendedores. Next Energy es un claro ejemplo del primer grupo, ya que con el Parque Eólico Santa Catarina II abastecen de energía a todos los municipios del área metropolitana, especialmente para sus circuitos de alumbrado público. Lo hacen a través de la energía generada en ocho turbinas de 2.75 MW, las más grandes de Latinoamérica, y aerogeneradores con altura de buje de 85 metros y palas con un diámetro de rotor de 103.

“Estamos enfocados en el desarrollo de proyectos a gran escala. Estamos desarrollando un proyecto muy grande en Parras, Coahuila, con el grupo Kalos de aproximadamente 1000 MW. Tenemos otra granja solar en Cancún de 50 megas. Estamos por desarrollar otra granja de 50 megas pegado a Puerto Morelos, dado que hay mucha necesidad de energía limpia en la península, en particular por el gran desarrollo que se tiene en la zona en el aspecto turístico. Aplicamos a la tercera subasta, que hoy precisamente se corre el primer algoritmo, con una granja solar de 200 MW en Sonora. En Durango, un parque eólico de 120 MW. Tenemos varios proyectos en desarrollo”, comentó el director de Next Energy.

Sobre las opciones que existen para los emprendedores o ciudadanos preocupados por el medio ambiente, existe la generación distribuida. Se trata de la generación o almacenamiento de energía eléctrica a pequeña escala, con opción de comprar o vender electricidad a la red. Ésta puede ser utilizada en el sector doméstico, comercial y residencial, para autoconsumo bajo la figura de generadores exentos (dueños de una o varias centrales eléctricas que no requieren permiso para generar energía)  y para vender la energía eléctrica excedente, que generan a través de sus centrales eléctricas, por medio de un proveedor de servicios de comercialización de energía eléctrica, o en palabras más sencillas, un suministrador.

Existen muchas oportunidades de trabajo, tanto para los emprendimientos como para las grandes empresas, dentro de este sector. Si eres empresario, emprendedor o un ciudadano responsable, estas son algunas de las actividades que puedes realizar para cuidar el medio ambiente:

  • Instalar paneles solares o aerogeneradores en tu casa. De esta manera puedes generar la energía que necesitas para tu consumo y, en caso de haber excedente, existe la posibilidad de venderlo. La inversión inicial puede ser alta, pero el ahorro a largo plazo lo compensará con creces.
  • Implementar un plan de ahorro y generación de energía en tu negocio. De acuerdo con información de la Secretaría de Energía, las pymes representa alrededor del 37% del consumo energético. Cambiar a una generación limpia marcaría, entonces, una diferencia importante. Los costos de la energía eólica y fotovoltaica ha disminuido en los últimos años, lo que las hace una mejor opción.
  • Incursionar en el ramo solar. La Asociación Nacional de Energía Solar (ANES) destacó un importante aumento en el número de empresas dedicadas a éste a partir del 2010. El valor de la generación distribuida supera los 8 mil millones de dólares. Resaltó, además, un crecimiento en la demanda de personal capacitado para realizar labores de suministro, diseño, instalación, investigación y desarrollo de soluciones.
  • Emprender con responsabilidad social. En nuestro país hay un fuerte rezago en el acceso a energía eléctrica, sobre todo en comunidades rurales. Han surgido, durante los últimos años, emprendimientos sociales que buscan abastecer con energía limpia estas zonas. Como ejemplo está Iluméxico,
  • Desarrollo de aplicaciones y tecnología. Hay una gran oportunidad para innovación tecnológica en el sector, sobre todo en aplicaciones y plataformas que ayuden a reducir el consumo eléctrico de los usuarios.
  • Transporte ecológico. Es sumamente importante que la oferta de transporte promueva alternativas ecológicas. Estas iniciativas pueden ir desde equipos de bicicletas hasta taxis ecológicos.
  • Utilizar menos plástico. Ya sea para consumo personal o comercial. Pueden ser acciones pequeñas, como llevar bolsas de tela al  supermercado, comprar productos empacados en cartón y no en botellas, no utilizar cubiertos y platos desechables, etcétera. 

 




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