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POR PRO Magazine Staff

Ante la Revolución 4.0, los maestros se enfrentan a retos muy particulares de la época.

En septiembre del 2017 cumplí 40 años de labor docente ininterrumpida en los niveles de secundaria, preparatoria, licenciatura y maestría, en México y en EE.UU. Inicié mi experiencia como maestro de secundaria con la materia de español y mi objetivo fue desarrollar el hábito de la lectura en mis estudiantes. Entre mis alumnos de secundaria y preparatoria leían cerca de 10 libros por curso. No tenía problemas de disciplina, ya que la autoridad era reconocida en la escuela y en la familia, había pocos distractores y el trabajo escolar era prioritario. Había muy pocas modas pedagógicas o psicológicas que presionaran a innovar a las escuelas y los maestros nos centrábamos en enseñar bien, dejar buenas tareas para que fortalecieran su aprendizaje y evaluarlo.

Hoy tenemos un mejor conocimiento del proceso de enseñanza y de cómo aprende el cerebro de nuestros alumnos. Se han desarrollado tecnologías que facilitan la adquisición de nuevos conocimientos. La neurociencia y la psicología han tenido grandes aportaciones a la conducta, inteligencia y al acto de aprender. Sin embargo, observo un retroceso y una gran pobreza académica en nuestros universitarios. Presentan limitada fluidez y comprensión lectora, pobre ortografía, gran apatía para usar su memoria y hacer el aprendizaje más permanente, poco esfuerzo, mínimo compromiso y desidia para aprender. El consumismo, el hedonismo, una visión fácil de la vida, la satisfacción inmediata de sus caprichos, la ruptura familiar, el deterioro del concepto de autoridad y la permisividad son algunos factores que han transformado a nuestros muchachos en una generación light y con pocas capacidades de trabajo duro, resistencia a frustraciones y aburrimiento.

Ser maestro hoy implica un doble trabajo. Primero ganarnos la autoridad frente a los alumnos y padres de familia, luchar contra sus distractores y sobre todo convencerlos que el proceso de aprendizaje requiere atención, sacrificio, esfuerzo y trabajo duro. Lo más peligroso de un estudiante es decir: “Para qué lo aprendo si lo puedo encontrar en Google”. Gracias a lo que aprendemos y guardamos en nuestra memoria podemos comprender y asimilar todo el mundo de información. Entre mayor conocimiento tenga el estudiante mejor será su dominio del mundo usando la tecnología. Vivimos en la era del aprendizaje. ¿De qué nos sirve tener toda la biblioteca digital en nuestras manos si no comprendemos lo que leemos, si no somos capaces de regular nuestros impulsos para hacer un buen uso de la tecnología o saber que el verdadero sentido de vida está en el diálogo en persona y no por WhatsApp?

POR JESÚS AMAYA




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