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POR PROMAGAZINE

¿Qué pasa si al compartir algo que es dudoso alguien más lo cree y lo comparte, y luego alguien más y así hasta lograr un efecto mayor?

Yo uso Facebook, probablemente tú también lo hagas. Uso su aplicación aproximadamente cuatro o más veces al día, tú… Puede que también.

Así como tú y yo otros 1,940 millones de usuarios la usan en el mundo según el último reporte de Facebook. Esto representa la cuarta parte de la población del planeta.

Las redes sociales son un medio muy poderoso de comunicación. Su mayor efecto, creo yo, es acercarnos a las personas de nuestras vidas. Con ellas es posible vivir las grandes aventuras o decepciones que comparten nuestros seres queridos y, reaccionar a ellas.

Sin embargo, aún desconocemos todo el potencial social que puede provocar una red social como Facebook, ejemplificare con ésta por ser una de las más populares.

Mundialmente, las redes sociales han visto nacer movimientos, por ejemplo la primavera árabe en 2011 y recientemente, proliferando el fenómeno de ‘fake news’, que pudo haber influir en la elección de Trump el año pasado. Estos son solo algunos ejemplos macro, el cómo han cambiado las relaciones de persona a persona es otra historia.

A veces, pienso que a pesar de todas las funcionalidades que Facebook ponga, sigue existiendo un elemento: el humano, en el cual creo que los usuarios aún estamos en versión beta.

Modo beta se refiere cuando un software se encuentra terminado, pero que aún puede ser inestable, con fallas, por lo que todavía se mejora para su versión final. Facebook no está en modo beta, sin embargo, nosotros como usuarios aún estamos aprendiendo lo que conlleva vivir y relacionarse en una red social en la cual estamos más expuestos que nunca a un sinnúmero de información, y en la cual tenemos malas prácticas.

Esto lo digo por dos razones: la primera, es el impacto potencial de cometer una acción inocente en la red y segunda, el desconocimiento de elementos que representan una amenaza.

En el primer caso, podemos ver el caso de las cosas que compartimos. Éstas pueden ser apantallantes, que nos hagan ‘ver bien’ o que nos enojen. Sin embargo, pocas veces revisamos si son ciertas o si pueden causar un mal.

Si bien, que yo pueda creer algo falso no causaría un gran impacto en una mayor escala, ¿qué pasa si al compartirlo alguien más también lo cree y lo comparte, y luego alguien más, y así sucesivamente hasta lograr un efecto mayor?

El segundo caso se refiere, por ejemplo, a la privacidad. ¿Cuánta información que tenemos en nuestras redes sociales pudiera ser dañina para nosotros? Compartimos nuestra ubicación, mostramos quienes son nuestros amigos, familia, y muchas veces, tenemos activado nuestro perfil para que gente que ni conocemos pueda ver todo esto. Además, como utiliza Facebook nuestra información, es otra cosa aparte.

México es el quinto país del mundo que más utiliza Facebook, con aproximadamente 75 millones de usuarios, los cuales cada día compartimos, por diferentes razones, elementos que son importantes o interesantes para nosotros y que, puede que, lo hagamos sin considerar todos sus efectos.

Si bien, nada ‘realmente grave’ ha ocurrido como consecuencia de nuestro uso, ante el panorama de unas elecciones que serán divisorias, noticias falsas, imágenes o videos dañinos para terceros, y hasta diría, un mal comportamiento de nosotros, por mencionar algunas, esto podría cambiar.

Es difícil predecir qué pasará con una base de usuarios que crece, de la cual su plataforma no puede predecir su comportamiento y en la que nosotros como sociedad mexicana, por muchas razones, puede que aún estamos en beta. 

 

Artículo por: César Cossío




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